Mitos y realidades de la radiación ultravioleta

“El sol cura enfermedades como el acné o la psoriasis”: No las cura, las mejora. Sin embargo, se debe tener especial cuidado en el caso del acné, ya que además de “no curarse con el sol”, algunos tratamientos “aumentan la captación de las radiaciones ultravioletas, así que tomar sol puede ser más dañino aún”.

“El bronceado mejora la depresión y aumenta la autoestima”: el bronceado no cura la depresión. Los estados depresivos se relacionan con inadecuados niveles de un neurotransmisor, la serotonina, y el bronceado tiene poco que ver con eso. Para muchos, tener un tono tostado es sinónimo de estar a la moda, verse más delgado o estilizado y, por lo tanto, sentirse bien, forma parte de la cultura social del bronceado.

“El bronceado es sinónimo de salud”: Contra todo lo que digan, el bronceado saludable no existe .Es una respuesta de defensa de la piel ante una agresión. Pero si por una actividad deportiva o por cuestiones laborales se permanece al aire libre, es cierto que cuando la piel está curtida sufre un poco menos. El concepto que debemos cambiar es el de buscar el bronceado como objetivo ya que en sí mismo es un objetivo dañino. Es cuestión de vivir con el sol y no vivir para estar bronceado. Para tener un nivel aceptable de vitamina D (como apuntábamos en nuestra anterior ventana), necesaria para prevenir la osteoporosis, el cáncer de colon y el de próstata, sólo hace falta exponer al sol el dorso de las manos y la cara durante 15 minutos, dos veces por semana.

“Estando en el agua no te quemas”: El agua proporciona una protección mínima contra la radiación UV y los reflejos del agua pueden aumentar la exposición.

“Durante el invierno, la radiación UV no es peligrosa”: La radiación UV es generalmente menor durante los meses de invierno, pero la reflexión en la nieve puede duplicar la exposición total, especialmente a altitudes elevadas. Hay que ser particularmente precavido a comienzos de la primavera, cuando las temperaturas son bajas pero los rayos del sol son más fuertes de lo que cabría esperar.

“Si se realizan descansos periódicos al tomar el sol no te quemas”: La exposición a la radiación UV se acumula a lo largo del día.

“Si uno no siente el calor de los rayos del sol no se quemará”: Las quemaduras solares se deben a la exposición a rayos UV imperceptibles. El efecto térmico se debe a la radiación infrarroja del sol y no a la radiación UV.

Si por motivos de la práctica deportiva al aire libre o por motivos laborales debemos estar expuestos a las radiaciones UV, debemos seguir las mismas precauciones descritas.

Es importante recordar que el bronceado debe ser progresivo. La población tiende a interpretar la existencia de un "tiempo de exposición sin riesgo de quemadura", pero esto es falso. ¿Entonces, el sol está prohibido, aún en las vacaciones? Todos podemos tener una cuota de sol ("capital solar", que en nuestra área geográfica y por los tipos de piel que tenemos en general los españoles, sería de 100h de exposición solar a lo largo de nuestra vida) sin perjudicarnos la piel usando un buen protector solar, aplicándolo al menos 30 minutos antes de salir de casa, sobre la piel limpia y seca y de forma generosa, tomándolo en los horarios más aconsejables (antes de las 11 horas y después de las 16 horas) e ir repitiendo la aplicación cada 3 ó 4 horas (para algunos autores, cada 1 y media hora ó 2 horas) e hidratando luego la dermis con buenos productos postsolares. El objetivo prioritario de la prevención primaria (evitar que aparezcan cáncer de piel y cataratas precoces) es evitar las quemaduras solares, la exposición acumulada (no olvidar el concepto de nuestro "capital solar") a la radiación UV desempeña un papel primordial en el desarrollo de los canceres de piel y acentúa los daños oculares y del sistema inmunitario.

Por Julia Franco




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