La promotora Urbagarry quiere construirse un pueblo paralelo a Criptana

En marzo del año pasado tenía lugar el procedimiento de información pública del Programa de Actuación Urbanizadora (PAU) “El Albardial”. Se producía así el pistoletazo de salida de una iniciativa de la promotora Urbagarry, ligada a la Constructora Olivares Garrigós, por la que se pretende crear un núcleo urbano de unas 840 viviendas y una población que podría estimarse entre 2.500-3.300 personas, separado del casco residencial de Criptana y a una distancia de más de dos kilómetros y medio de su centro urbano.

Más de la mitad de las treinta hectáreas que componen la proyectada urbanización son actualmente propiedad de su promotor. Se trata de tierras que se han ido adquiriendo como suelo rústico de forma paulatina a lo largo de los últimos años, mucho antes de hacerse pública la intención de integrarlas en un PAU y, es de suponer, sin informar de esta finalidad a los desprevenidos vendedores.

El promotor sabe que se favorece infinitamente más a Criptana y a sus ciudadanos construyendo casas de protección oficial, zonas deportivas y escolares de forma integrada en la población, en las zonas urbanizables pegadas al casco urbano y no en un “pueblecito paralelo” a dos kilómetros de él.

Pero claro, esto supone ser consecuente con las pautas tradicionales de expansión urbana contenidas en el POM (pautas, por otra parte, seguidas por la mayoría de los promotores de este pueblo) y, sobre todo, pagar bastante más por los terrenos, porque aquí ya no se compra terreno rústico, sino urbanizable. Es decir, esto supone mirar más por todos, por el interés general, que por el propio bolsillo.

Es éste un proyecto que no puede generar sino desconfianza desde todos los puntos de vista. Y así quedó de manifiesto ya desde el mismo momento de su presentación al Pleno del Ayuntamiento el pasado mes de septiembre, donde contrariamente a la unanimidad con que suelen acogerse todos los proyectos de envergadura, éste sólo recibió el visto bueno del Sr. Alcalde y su grupo municipal.

En primer lugar, es un proyecto ajeno por completo a la demanda del crecimiento natural de la población criptanense. Ya en el preámbulo del Plan Parcial de Mejora expuesto a información pública se explicita desde su primera página, que no se trata de dar respuesta a una necesidad de vivienda, de crecimiento o de elevación del nivel de calidad de vida de los habitantes de la localidad, sino que el único objetivo es, tal y como se cita textualmente, es crear “un suelo residencial (...) bien comunicado (...) tratando de atraer a su municipio la residencia de muchos de los trabajadores de la comarca natural (...)”.

En este mismo preámbulo no se tiene empacho en identificar de forma más o menos implícita a estos futuros residentes del PAU, totalmente dependientes del automóvil, como ciudadanos de Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan y Herencia y, más indirectamente, a todos los que se “vayan poniendo a tiro”, como los que vengan de Madrid en AVE o a los habitantes del corredor Campo de Criptana–Ciudad Real, a cuyo respecto se cita que su aeropuerto aportará en todo ello una “perspectiva prometedora”.

Lo que, en definitiva, pretende de forma descarada este proyecto de PAU es imponer un aumento de la población de Campo de Criptana en un 17-23%. Y esto no quiere hacerlo de una forma natural y lenta, siguiendo el ritmo que marca el crecimiento vegetativo de la población o derivado de la creación de nuevos yacimientos de empleo (que, por otra parte, normalmente siempre serían absorbidos por la población local). Por el contrario, quiere imponerlo de forma artificial y atropellada, mediante un modelo de poblamiento foráneo de “aluvión” y desarraigo, con la problemática que dicho modelo conlleva en todos los sentidos.

En segundo lugar, es una actuación que da la espalda a los más mínimos criterios de sostenibilidad ya que supera con creces el límite sensato del 10 % para crecimiento en extensión y población, ya que este PAU por sí sólo supondría un aumento poblacional de un 17-23% y un 11 % de la población urbana, que combinado con todas las previsiones ya recogidas en el Plan de Ordenación de Municipal para otros sectores ya aprobados llegaría al 49-66% de población y el 23 % de extensión.

Es, además, un PAU irracional que pone fin a la ejemplar estructura del actual modelo urbano de Criptana como ciudad compacta; que menoscaba la calidad de vida propia del entorno por su ubicación entre infraestructuras industriales y de transporte; que va en contra de los factores potenciales de desarrollo turístico de Criptana y que está lleno de megalomanía, cursos de agua y lagos, y contradicciones tan irresolubles como, precisamente, las previsiones de abastecimiento de agua. Es éste un contrasentido no aclarado en el documento de Inicio del Trámite Ambiental encargado por la promotora, cuyo procedimiento ha comenzado en mayo y en el que se hacen afirmaciones tan incoherentes como que el PAU mantendrá la continuidad del casco urbano del municipio, o que reducirá el uso del automóvil, o que va a ir en beneficio del núcleo urbano favoreciendo la participación y la cohesión social.

Por otra parte todos los presupuestos en los que se sustenta el proyecto de PAU responden a un escenario de crecimiento y dinamismo económico y social que pudo haber sido previsible hace unos años, cuando posiblemente comenzó a gestarse la idea de su realización, pero que no tienen nada que ver con la situación actual. Y sin embargo, el procedimiento sigue. Y a marchas forzadas. ¿Qué es lo que realmente se quiere poner en marcha con él? ¿Cuál es su destino final? ¿Quién va a sacar verdaderamente beneficio de todo esto y qué tipo de beneficio? Estas son las preguntas que Salicor-Ecologistas en Acción está trasladando a la ciudadanía son el fin de obtener una corriente de opinión que permita poner fin al procedimiento.




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