Fallece Miguel Delibes, escritor de la naturaleza

 Fallece Miguel Delibes

Ecologistas en Acción lamenta el fallecimiento del insigne escritor Miguel Delibes, reconociendo el preciosismo de su obra, la lucidez de sus valores y su irreductible compromiso con el planeta y sus habitantes.

La organización ecologista se suma al duelo de la familia y amigos de este trascendente escritor, recordando con afecto su compromiso personal, que emergía a través de sus palabras e historias. Así siempre manifestó la tristeza de ver un mundo rural humillado por la locura pujante de las grandes urbes.

Su compromiso netamente ecologista, se reflejó en textos tan formidables, tan repletos de razones como “Un Mundo que Agoniza”, que le valió como discurso para su nombramiento como miembro de la Academia de la Lengua, y en el que se da buena cuenta del desajuste existente entre la forma de vida humana y los límites del planeta para seguir reequilibrándose.

Campero incansable, era un indígena de la ruralidad que amaba los ciclos de la naturaleza, y también un estupendo pedagogo que no cejó en su empeño, transmitiendo el placer de acercarse a la intimidad calma de lo natural, y criticando a quienes por intereses espurios arriesgan el futuro de todos. Buena muestra de ello fue el libro firmado con su hijo y escrito en 2005 que lleva por nombre “La tierra herida. ¿Qué mundo heredarán nuestros hijos?”.

Su obra es inmensa, nuestro reconocimiento y gratitud a Miguel Delibes también. Hoy los bosques, sus habitantes, los arroyos… se sentirán más acompañados al recibir en su seno a uno de sus mejores defensores.


 Palabras en recuerdo a un escritor de la naturaleza

Probablemente Miguel Delibes Setién es el escritor y narrador que mejor ha retratado un mundo rural que agoniza desde hace décadas. Un mundo rural humillado por la locura pujante de las grandes urbes, que va perdiendo irreversiblemente su diversidad de paisajes, su cultural, sus raíces y sus pobladores, a favor de paisajes cada día más homogéneos, inhóspitos, y vacuos. Su universo literario está trufado de numerosas manifestaciones de respeto y admiración por la Naturaleza. Ya en su primera novela “La sombra del ciprés es alargada” mostraba su sincera y profunda preocupación por los efectos y consecuencias negativas del proceso expansivo de carácter industrial en que estaba sumergido en aquel entonces el Estado español.

Este sentimiento de vínculo espiritual con la Naturaleza lo llega expresar prácticamente en cada una de las obras que han inmortalizado a este caminante y lector incasable.

Algunos de sus párrafos y comentarios no fueron bien acogidos en su día por personas y colectivos que abrazaron y apostaron por un modelo de pensamiento y de progreso, basado en la ruptura entre la cultura y la naturaleza. En alguna ocasión Miguel Delibes salió al paso de estas críticas, que lo tachaban de reaccionario. El profesor de la Universidad de Salamanca, Miguel Linaza, recoge en su discurso en calidad de padrino del escritor para su investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca, unas palabras en relación a las mencionadas críticas.

Dicen así “cuando hace cinco lustros escribí mi novela “El camino”, donde un muchachito, Daniel, el Mochuelo, se resistía a abandonar la vida comunitaria de la pequeña villa para integrarse en el rebaño de la gran ciudad, algunos me tacharon de reaccionario. No querían admitir que a lo que renunciaba Daniel, el Mochuelo, era a convertirse en cómplice de un progreso de dorada apariencia pero absolutamente irracional. Posteriormente mi oposición al sentido moderno del progreso y a las relaciones Hombre-Naturaleza se ha ido haciendo más acre y radical hasta abocar a mi novela “Parábola del náufrago”, donde el poder del dinero y la organización –quintaesencia de ese progreso- termina por convertir en borrego a un hombre sensible, mientras que la Naturaleza mancillada, harta de servir de campo de experiencias a la química y la mecánica, se alza contra el hombre en abierta hostilidad”.

Por esas mismas fechas, Miguel Delibes es elegido como miembros de la Real Academia. Su discurso es casi con toda seguridad la muestra más evidente de su compromiso ético en la defensa del medio ambiente. Su discurso se publico en el año 1975, con el título “Un mundo que agoniza”. Hoy forma parte de la biblioteca personal de cientos, tal vez miles, de naturalistas, ecologistas, nostálgicos de un mundo rural vivo, técnicos ambientales, gestores públicos, etc.

El paso de los años, como el mismo reconoce, la realidad social y ambiental le hace más radical y llego a declarar en una ocasión que “si el progreso va contra la naturaleza y contra el hombre no podemos llamarlo progreso. No pocos personajes de mis libros se niegan a hacerse cómplices de la deshumanización de ese progreso falaz que ha inmolado la naturaleza a la técnica y al dinero”.

Tampoco ha faltado en su obra literaria la denuncia social. Siendo capaz, como ningún otro narrador de la vida rural, de descubrirnos la polaridad de la realidad cotidiana humana, en los miles de pueblos y aldeas dispersas por el Estado español, recrudecida, durante el duro y represivo periodo posterior a la guerra civil provocada por una conspiración cívico-militar. Una realidad social, ciertamente paradójica, donde la mayoría los habitantes vivían en cierta manera en un “paraíso natural”, pero sufrían un “infierno social”.

Más recientemente, en el 2005, Miguel Delibes padre y Miguel Delibes hijo (investigador del CSIC), transcribieron un reflexivo y profundo diálogo que mantuvieron entre ambos durante el verano del 2004. Fruto de esas conversaciones, con las paradas naturales, como el propio Miguel Delibes padre señala en el prólogo del libro, se elaboró y publico “La tierra herida, ¿qué mundo heredarán nuestros hijos?”, su última aportación literaria donde vuelve a poner énfasis en la necesidad de reencontrarnos con la Naturaleza y con nosotros mismos.

Su obra es insustituible e inmensa, nuestro reconocimiento y gratitud a Miguel Delibes también. A partir de ahora los bosques, sus habitantes, los arroyos… se sentirán más acompañados al recibir en su seno a uno de sus mejores defensores.




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