Día del consumidor

El 15 de marzo se conmemora el Día del Consumidor. Una efeméride que sirve para alertar de los abusos de las grandes empresas, la precarización de los servicios públicos, el control de los mercados por los oligopolios, la generosidad de los estados en la liberación de millonarias ayudas públicas para rescatar al entramado financiero, (sin traducirse en mayores facilidades para acceder a créditos), la medicalización de la salud, o los malos hábitos alimenticios.

Todo esto, azuzado por la crisis económica, que está haciendo de caja de resonancia contra el medio ambiente, el mundo laboral, y las/os consumidoras/es (carestía de la vida, dificultades para acceder a una vivienda digna, o subida de la tarifa eléctrica).

En un informe publicado recientemente por la OCU, en 2009 hubo un incremento del 40% de quejas respecto al ejercicio anterior.Esto revela que, sin descuidar un mayor grado de concienciación de las/os consumidoras/es sobre sus derechos y el consiguiente aumento en la utilización de canales de reclamación y denuncias, el lucro sin escrúpulos y la picaresca siguen campando por sus fueros en nuestro país.

Después de los fuegos de artificio de una economía ficticia, se suceden - tal vez más frecuentemente que en tiempos de bonanza- situaciones injustas y lesivas para las/os consumidoras/es.

Sectores boyantes y poderosísimos, como las telecomunicaciones, las eléctricas, la industria química, las farmacéuticas, la biotecnología, los consorcios automovilísticos, o las grandes distribuidoras de la alimentación, influyen en las políticas urdidas por los gobiernos, las instituciones europeas o los organismos multilaterales a favor de sus intereses corporativos.Son quienes “cuecen” pactos de precios, alertas sanitarias infundadas o desproporcionadas (gripe porcina clásica, rebautizada como gripe A), etiquetado de alimentos no garantista, aprobación de cultivos transgénicos, presiones para rebajar la normativa ambiental, o la liberación del mercado eléctrico nacional desde el pasado 1 de julio.

La publicidad –por otra parte-, mantiene prototipos clasistas, y patriarcales, vendiendo estilos de vida consumistas, insostenibles, insolidarios y no muy saludables, cebándose en público infantil. adolescentes y mujeres.

No basta con denunciar los excesos y pautas fraudulentas, gracias a la formación crítica de las/os consumidoras/es, al fortalecimiento de organizaciones que nos defiendan, a una mejora de los sistemas de arbitraje de consumo, o al mayor esfuerzo de los gobiernos en poner límites a las grandes empresas.

Es necesario y posible, como consumidoras/es, transformarnos en agentes políticos de cambio social si optamos por modelos de vida austeros (cubiertas las necesidades básicas), reduciendo el consumo de energía, materias primas y la generación de residuos, disminuyendo las necesidades de transporte, acercándonos a productoras/es y proveedoras/es locales, conociendo y participando en experiencias de economía solidaria, apoyando el cooperativismo, exigiendo y defendiendo unos servicios públicos fuertes y de calidad, o arrinconando la publicidad engañosa y la televisión, que tanto daño hacen al planeta y a la salud mental, sustituyéndolas por el deporte (no necesariamente competitivo), el disfrute y cuidado de la naturaleza, y las relaciones personales.




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