La costa caribeña, en peligro

La explotación que se ha producido durante las últimas décadas en las playas del Gran Caribe, especialmente en los llamados ‘parajes turísticos’, ha generado graves problemas ambientales que están poniendo en serio peligro tanto la supervivencia de los hábitat costeros como la propia actividad turística.

El desarrollo apresurado del turismo de playa en el Caribe se inicia una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. A partir de este momento, comienzan a ser explotadas muchas playas de países o islas como Bahamas, Puerto Rico, Cuba, Islas Vírgenes Británicas, República Dominicana, Jamaica, Haití, México o Islas Caimán, entre otros lugares. Para muchos de estos países el turismo de playa representa el principal ingreso de divisas a sus precarias economías y, por otra parte, es una importante fuente de trabajo para sus pobladores.

Ejemplos representativos son las Islas Vírgenes Británicas, en las que el 45% de los ingresos y más de la mitad de los puestos de trabajo dependen directamente del turismo. En el caso de Islas Caimán, el porcentaje se eleva al 70% de los ingresos. En Cuba la actividad turística es la segunda fuente de entrada de divisas.

Impactos de la explotación turística

Desde sus inicios, el rápido y próspero desarrollo de la actividad turística en el Gran Caribe rara vez ha seguido pautas para conseguir el menor deterioro de los ecosistemas implicados en esta actividad. Así, numerosas playas están siendo afectadas por la erosión. Ecosistemas costeros tan importantes como son los manglares, lagunas costeras y sistemas dunares, que actúan como barreras de contención contra la erosión y las inundaciones, son seriamente alterados –construcción de hoteles, carreteras, aparcamientos…–.

El turismo de playa lleva aparejado el desarrollo de construcciones hoteleras y viales, así como el aumento de las actividades deportivas y recreativas al aire libre, ya sea en tierra o en el agua, las cuales provocan impactos negativos sobre el medio natural. Así, por ejemplo, numerosos hoteles han sido construidos en la primera línea de playa, a menudo sobre los mismos sistemas dunares. Sin embargo, lo razonable es que las construcciones queden a 60-120 metros de las dunas, no ya de la línea de marea máxima.

Esto representa la destrucción y deforestación de las dunas costeras. La formación de dunas puede considerarse un estadio de desarrollo avanzado de las playas. Aunque las arenas de las dunas son pobres en nutrientes, específicamente en nitrógeno, en ellas logran crecer algunas plantas que ayudan a la estabilidad de dichas arenas, como es el caso de la uva de playa (Coccoloba uvifera). Las raíces de esta planta se extienden ampliamente bajo la arena y su sombra aumenta la humedad, evitando que la arena sea arrastrada por los fuertes vientos presentes en los temporales y tormentas, lo que reduce la erosión de las playas.

Como resultado de la extracción de las arenas que conforman las dunas, las playas pueden sufrir problemas de erosión irreversibles. Y es que las dunas, ante la presencia de ciclones y marejadas, juegan un papel fundamental, ya que actúan como barreras protectoras, evitando en muchas ocasiones las inundaciones. Además, sirven como reservas de arena para la recuperación de las playas en fuertes periodos de erosión.

Otro aspecto negativo para el medio ambiente lo constituye la altura de las instalaciones hoteleras. Cuando estas construcciones en primera línea de playa sobrepasan las tres plantas de altura llegan a provocar cambios en las corrientes de aire, modificando el microclima local y alterando las corrientes marinas, lo que puede contribuir a una rápida erosión de sus costas y playas.

Grandes afectados de este turismo depredador son, también, las lagunas costeras y los manglares. Estos últimos, son considerados como uno de los sistemas más productivos y dinámicos en la costa pues actúan como trampas de sedimentos elevando los fondos marinos y ganándole terreno al mar. Son, pues, elementos de vital importancia en lo que respecta a la protección de las costas contra la erosión.

No son raros hechos tan lamentables como el llenado y secado de lagunas costeras para aumentar las instalaciones turísticas. Tal fue el caso de Cancún, donde se rellenaron partes de la laguna para crear campos de golf, carreteras y parques de diversiones, en algunos casos cubriendo los manglares que servían de criaderos para numerosas especies marinas.

Una vez que se comienza la explotación indiscriminada aparecen otros daños no menos problemáticos. Uno de ellos es la limpieza con fines estéticos de las playas. Hablamos de la limpieza de las arenas sumergidas o la eliminación del pasto marino que en ciertas temporadas se deposita en las orillas de las playas arenosas. Este pasto no está formado por algas, sino por un grupo de plantas con flores (angiospermas) que reinvadieron el océano.

Los pastos marinos más comunes en la región del Caribe son la hierba tortuga, Thalassia testudinum, la hierba manatí, Syringodium filiforme, y Haludole wrightii. Estas plantas, comunes en los fondos arenosos o lodosos cercanos a las playas, desempeñan importantes funciones. En primer lugar, ocupan un papel determinante en la cadena trófica, al ser productores primarios, aportando diferentes sustancias para un gran número de organismos. Además, estas formaciones vegetales estabilizan y retienen la arena contribuyendo a evitar la erosión de las playas ante el azote de los ciclones y tormentas, bastante frecuentes en determinadas épocas del año en el Caribe. También ayudan a incrementar la transparencia del agua disminuyendo su movimiento, lo que contribuye al embellecimiento de las playas.

Después de la acción de temporales, ciclones o huracanes se depositan grandes cantidades de pastos marinos en las orillas de las playas, que evitan la retirada de la arena por la acción de fuertes olas o de los vientos. Por ello resulta un error fatal retirarlos.

Otro importante ecosistema marino que puede verse seriamente perjudicado por el desarrollo de las actividades turísticas son los arrecifes coralinos. A escala mundial, el 58% de estos ecosistemas corren el riesgo de ser destruidos. Los ecólogos plantean que el ecosistema arrecifal es muy maduro y por lo tanto extremadamente frágil. Son considerados sistemas de enorme importancia por la gran diversidad animal y vegetal que en ellos encontramos: alojan a una de cada cuatro especies conocidas de los océanos.

Pero estos delicados ecosistemas enfrentan una seria amenaza causada por la contaminación y los vertidos que provienen de las instalaciones turísticas, que muchas veces no cuentan con tratamiento de sus aguas negras. Peor aún, los arrecifes de coral en ocasiones son dinamitados para facilitar los deportes náuticos, cada vez más cercanos a las playas de los complejos hoteleros.

Los arrecifes coralinos también constituyen barreras de protección natural contra la erosión de la costa, pero a medida que los corales mueren estos arrecifes pierden su capacidad de contener y disipar la fuerza erosiva del oleaje en momentos de fuertes marejadas producidas por tempestades o huracanes.

En definitiva, la única esperanza para la supervivencia de estos paraísos caribeños es que se tomen en serio los problemas ambientales que provoca la mala planificación turística y se lleve a cabo una explotación en sintonía con la protección ambiental. El desarrollo turístico debe ser un desarrollo sostenible en el que caminen de la mano los intereses económicos con los intereses de preservación del medio.

Noel González Maicas, Biólogo, Cuba. El Ecologista nº 44

Degradación de playas en Cancún
Muchos paraísos turísticos del Caribe están sufriendo los daños de la erosión de las playas. Un buen ejemplo es lo que está ocurriendo en Cancún, México. Este gigantesco polo turístico produce el 35% de las divisas generadas por el turismo en ese país, además de ser una importante fuente de empleo.

Pero este paraíso depende de la arena de las playas, que están sufriendo una tremenda erosión. Para paliarla, se están llevando a cabo ambiciosos trabajos de recuperación ambiental de sus playas, pretendiendo concluirlos en septiembre de este año, a fin de aprovechar la temporada invernal 2005-2006. Se prevé que se le ganarán al mar 60 metros de playas a lo largo de 12 kilómetros de costa.

Para esta recuperación de las playas de Cancún se está extrayendo arena –3 millones de metros cúbicos– dragando dos bancos de arena ubicados cerca de la Isla Mujeres. Se devolverían así a la industria hotelera 500 metros semanales de sus preciadas playas, que permiten el mantenimiento de una actividad que dispone en esta zona de 144 hoteles y 26.500 habitaciones, y que recibe 2 millones de turistas extranjeros y 800.000 nacionales al año, que dejan cerca de 2.000 millones de dólares a la economía de este país.

La erosión de estas playas está causada, como en otros casos, por la mala planificación desde los inicios (hacia 1973) de este gran polo turístico, sin estudios ambientales que propusieran medidas de protección a la hora de llevar a cabo las infraestructuras turísticas.




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