Peces continentales de la Península Ibérica

Unas 39 especies, junto con otras 10 propias de estuarios, constituyen la rica y diversa fauna de peces continentales ibéricos. Sin embargo, un cúmulo de factores de amenaza –entre los que destacan la destrucción y alteración de los cursos fluviales y la introducción de numerosas especies de peces foráneos– ponen en grave peligro a buena parte de este grupo faunístico.

En los últimos años, la investigación científica ha alcanzado un gran avance en el conocimiento de la ictiofauna ibérica. El ejemplo más claro de este avance ha sido la publicación del Atlas y Libro Rojo de los Peces Continentales de España. Esta publicación reúne una síntesis de los conocimientos sobre la diversidad de la ictiofauna continental, su distribución y estado de conservación en todo el territorio español (1).

Carácter de la ictiofauna ibérica

La Península Ibérica presenta, por sus particulares condiciones de aislamiento geográfico y por las características de sus sistemas fluviales, una fauna íctica caracterizada por su elevado grado en endemicidad. El número de especies de peces continentales en España es variable según el autor u obra de consulta, en función de la inclusión o no de especies de zonas de transición (estuarios, deltas, etc.). La aproximación más exhaustiva, el Atlas y Libro Rojo de los Peces Continentales de España (1), muestra un total de 36 especies de agua dulce autóctonas (actualmente 39 con la inclusión de tres nuevas especies recientemente descritas, Aphanius baeticus (2), Squalius valentinus y S. malacitanus (3)) y 10 de hábitos estuarinos y/o migradores, consideradas como especies continentales continentales (ver tabla).

El número de especies autóctonas es similar o ligeramente más elevado que el existente en otros países europeos, exceptuando Grecia. No obstante, diferentes estudios han demostrado que es razonable suponer que existen otros taxones autóctonos ibéricos aún no formalmente descritos. Si se admiten estos taxones, la Península Ibérica presentaría una de las comunidades ícticas más rica y diversa de Europa (4). Además, la especie citada en el Atlas y Libro Rojo de los Peces Continentales de España como Gobio gobio, se ha descrito recientemente como una nueva especie, Gobio lozanoi, presente en varias cuencas peninsulares y de Francia (5).

Como se ha comentado anteriormente, la ictiofauna ibérica se caracteriza por presentar un elevado número de especies endémicas. Concretamente, 25 de las 27 especies autóctonas de la familia Cyprinidae son endemismos ibéricos, así como las especies de las familias Cobitidae, Cyprinodontidae y Valenciidae. De estos 31 endemismos, 14 especies viven exclusivamente en España (ver tabla). El elevado número de especies endémicas se debe a la antigüedad del origen de la Península Ibérica, 25 millones de años, y a su aislamiento posterior con relación a la fauna europea y africana hace 5,5 millones de años (6). Como consecuencia, los peces dulceacuícolas, con un escaso poder de dispersión, han evolucionado originando un gran número de endemismos, muchos de los cuales tienen áreas de distribución restringidas a una o unas pocas cuencas fluviales. Ello se debe a la formación de éstas al final del Plioceno, hace unos 2 millones de años.

La ictiofauna más amenazada de Europa

Actualmente, la ictiofauna ibérica es la más amenazada de Europa (7). Algunas especies (únicas en la biodiversidad del planeta) han desaparecido en el último siglo, mientras que otras están viendo sus poblaciones o áreas de distribución drásticamente reducidas, estando varias casi al borde de la extinción. Si observamos la tabla adjunta podemos detectar que la situación de nuestra ictiofauna es alarmante, tanto a escala nacional como mundial.

La intervención humana sobre los sistemas acuáticos continentales es muy antigua, pero sus efectos han sido negativos en las últimas décadas, favorecidos por la gran expansión humana y por una política de desarrollo industrial y agrícola poco sostenible e incompatible, en muchos casos, con la conservación de la fauna íctica. Así, entre los principales factores de amenaza que actúan negativamente en la supervivencia de la ictiofauna autóctona en nuestro país, podemos destacar: la construcción de presas y obstáculos de todo tipo en los cauces de los ríos, la destrucción generalizada del hábitat fluvial, la introducción arbitraria de peces exóticos, la creciente contaminación de las aguas, y la sobrepesca.

La alteración del hábitat y la introducción de especies exóticas han dado lugar a la regresión o extinción de muchas especies nativas en diferentes partes del mundo (8). Estos dos procesos suelen ir vinculados y operan de modo sinérgico (9). La regresión observada en el área de ocupación de muchas especies autóctonas, ha sido paralela al establecimiento de nuevas especies exóticas.

En la mayor parte de los cursos fluviales peninsulares se han construido presas, además de ser canalizados y alterados de diferente forma. Este tipo de actuaciones alteran enormemente los regímenes de flujo y los procesos hidrológicos, aumentando la intermitencia espacial del agua. De este modo, se producen cambios drásticos en las comunidades ícticas (10), a la vez que se favorecen las especies exóticas (11), las cuales alteran las comunidades naturales a través de la predación (p.e. black-bass, lucioperca) y competencia (p.e. gambusia, fúndulo).

La creciente amenaza de las especies exóticas

Después de la pérdida y/o destrucción del hábitat (principal factor de amenaza sobre la biodiversidad), las especies exóticas invasoras (12) son la segunda mayor amenaza sobre la diversidad biológica y uno de los principales motores del cambio ecológico global (13). Según datos de Ross (14), en un porcentaje superior al 75% de los casos estudiados, las especies exóticas han motivado el declive de la ictiofauna nativa.

En la Península Ibérica existen, al menos, 25 especies exóticas naturalizadas (viables en estado silvestre), correspondientes a 12 familias, procedentes en su mayoría del centro de Europa y América, la mayor parte de las cuales han sido introducidas en los últimos 75 años (1, 15). En España, se sufre una situación bastante caótica, donde el 40% de la ictiofauna continental (sin incluir las especies estuarinas y/o migradoras) es introducida. Estas especies, introducidas por decisiones administrativas erróneas en un pasado y más recientemente por la suelta voluntaria de particulares o por escapes de piscifactorías, amenazan seriamente la ictiofauna autóctona y llevan a algunas especies al borde de la extinción (6, 16).

Además, las especies foráneas muestran una clara tendencia a expandir su rango de distribución una vez han sido introducidas. Así, aunque las introducciones han sido llevadas a cabo mayoritariamente en los embalses, con más frecuencia se las encuentra en los ríos y arroyos. Esto constituye un serio problema, ya que la mayoría de estas especies son piscívoras, lo que supone para ellas ocupar un nicho prácticamente vacío en los ecosistemas fluviales españoles ya que, excepto los salmónidos y la anguila, no existen especies piscívoras en la ictiofauna nativa ibérica (17).

Los efectos que provoca la introducción de especies en una zona distinta a la de su origen son generalmente imprevisibles, y aunque no siempre son invasoras, es preciso adoptar medidas de precaución. Y es que su entrada, voluntaria o involuntaria, ha tenido consecuencias trascendentales, a veces desastrosas, a lo largo de la historia.

Por otro lado, las conexiones artificiales entre grandes cuencas han provocado la dispersión de especies exóticas indeseables allí donde se han llevado a cabo. En España, la principal conexión entre grandes cuencas, el trasvase Tajo-Segura, aparece ya como responsable de la llegada del carpín (Carassius auratus), del gobio (Gobio lozanoi, antes G. gobio) y de la boga del Tajo (Chondrostoma polylepis) a la cuenca del Segura (18); de la boga del Tajo y del calandino (Squalius alburnoides) a la del Júcar; y de la bermejuela (Chondrostoma arcasii) a la del Guadiana (15).

La aclimatación de las especies exóticas en las aguas continentales peninsulares ha supuesto, en muchos casos, la extinción o rarefacción de especies autóctonas, debido fundamentalmente a procesos tales como la competencia directa por los recursos, depredación e hibridación. Un caso especialmente grave es el de la gambusia, pez procedente de Norteamérica que se encuentra entre las cien especies más agresivas del planeta por el tipo de plaga que llega a constituir, y ha colonizado prácticamente la totalidad de hábitats acuáticos. Esta situación está provocando el retroceso de poblaciones de peces endémicos, tales como el fartet o el samaruc, que se encuentran en grave peligro de extinción. Cabe destacar que una de las circunstancias agravantes más importantes de las especies exóticas invasoras es que al no encontrar en el nuevo ambiente sus depredadores y parásitos naturales, pueden experimentar una expansión poblacional desmesurada.

Protección y gestión

En la actualidad, están llevándose a cabo, a lo largo de todo el mundo, una serie de iniciativas cuyo fin es contribuir a mejorar las prácticas de gestión y a reducir las incidencias de las invasiones biológicas. Las especies exóticas invasoras son una de las mayores preocupaciones a escala internacional y constituyen el objeto de esfuerzos de cooperación internacional como el Programa Mundial sobre Especies Invasoras (Global Invasive Species Programme), cuyo principal objetivo es el de minimizar la expansión de estas especies.

La historia está repleta de anécdotas sobre las desastrosas consecuencias de algunas introducciones intencionadas, como la de la perca del Nilo, que causó la extinción de más de 200 especies de peces en el lago Victoria (África). Podríamos evitar repetir tales errores aprendiendo de la historia pero, sorprendentemente, siguen sucediéndose las introducciones potencialmente dañinas.

La magnitud del problema requiere la implicación de todos los ciudadanos –a veces protagonistas involuntarios de nuevas introducciones–, la Administración, el colectivo de científicos y de las instituciones públicas y privadas que por sus actividades estén relacionadas con este problema.

En la legislación española también se plantea el problema de la introducción de especies exóticas. Así, la Ley 4/89 de Conservación, en su artículo 27, establece la obligación de “Evitar la introducción y proliferación de especies, subespecies o razas geográficas distintas a las autóctonas en la medida que puedan competir con éstas, alterar su pureza genética o los equilibrios ecológicos”. No obstante, a pesar de la manifiesta ilegalidad de la introducción de especies exóticas en nuestras aguas, intereses particulares siguen promoviendo la llegada y dispersión de nuevos peces foráneos en los ríos ibéricos.

Con el propósito de limitar el impacto de las especies exóticas, hay varias líneas que se deberían seguir:

1. Disponer de la máxima información sobre la ictiofauna que habita las aguas continentales peninsulares, tanto autóctona como exótica, así como de su distribución, para abordar la gestión y manejo tanto de estas especies, como de los ecosistemas que ocupan, al tratarse, en muchos casos, de elementos clave para el funcionamiento de estos medios.

2. Declarar no pescables ni comercializables a las especies de peces introducidas.

3. Conocer el papel que juegan los rasgos de la estructura de vida de las especies exóticas para comprender el éxito de su invasión y luchar contra ellas.

4. Desarrollar herramientas de “Alerta Temprana y Evaluación Rápida”, con el fin de detectar tempranamente especies exóticas para evitar los altos costes de erradicación masiva y esquemas de manejo, y/o revertir o mitigar los efectos negativos ocasionados por la especies exóticas ya establecidas.

5. Realizar programas adecuados de educación ambiental, destacando la importancia de las especies nativas y de los efectos negativos que causan las introducciones de especies exóticas.

6. Prohibir la pesca con peces como cebo vivo, pues favorece el intercambio faunístico entre cuencas.

7. Llevar a cabo programas de concienciación y formación de los pescadores deportivos en una cultura de “no introducción/no dispersión” de especies exóticas.

8. Impedir el trasvase de peces por el canal Tajo-Segura o en futuros trasvases, incorporando las barreras o pantallas adecuadas a cada caso.

Conclusiones

En definitiva, la recuperación de las especies autóctonas amenazadas es un proceso enormemente complejo, donde factores biológicos y ecológicos interactúan con otros de carácter social, político, legal, organizativo y administrativo. La extinción de las mismas sólo podrá evitarse, en la mayoría de los casos, a través de un proceso que integre ciencia con política, comunicación con administración, gobierno con sociedad.

Actualmente es poco lo que se sabe sobre cómo integrar todos estos aspectos en un mismo proceso. Hasta el momento, el panorama español en este terreno muestra una mezcla de programas que han tenido éxito con otros ineficientes o altamente conflictivos. Se corre, pues, el peligro de repetir los mismos errores en un caso tras otro. Sin embargo, esta visión y enfoques unitarios no sólo son necesarios urgentemente si queremos ser más eficaces a la hora de conservar nuestra ictiofauna amenazada, sino que probablemente disponemos de la información necesaria para comenzar a construirlos.

Sólo la educación a través de la información garantizará que la sociedad comprenda que la conservación de la ictiofauna autóctona, con independencia de su valor económico, es una obligación moral ineludible.

Asunción Andreu-Soler y Mar Torralva, Departamento de Zoología y Antropología Física, Universidad de Murcia. El Ecologista nº 52

Notas y referencias

1. DOADRIO, I. (Ed.). 2002. Atlas y Libro Rojo de los Peces Continentales de España. 2ª Edición. Dirección General de Conservación de la Naturaleza. Madrid.

2. DOADRIO, I., CARMONA, J.A. y FERNÁNDEZ-DELGADO, C. 2002. Morphometric study of the Iberian Aphanius (Actinopterygii, Cyprinodontiformes), with description of a new species. Folia Zool., 51 (1): 67-79.

3. DOADRIO, I. y CARMONA, J.A. 2006. Phylogenetic overview of the genus Squalius (Actinopterygii, Cyprinidae) in the Iberian Peninsula with description of two new species. Cybium, 30(3): 199-214.

4. DOADRIO, I. 2000. Atlas de los Peces Continentales Españoles. Convenio Ministerio de Medio Ambiente-Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Informe Técnico.

5. DOADRIO, I. y MADEIRA, M.J. 2004. A new species of the genus Gobio Cuvier, 1816 (Actynopterigii, Cyprinidae) from the Iberian Peninsula and southwestern France. Graellsia, 60 (1): 107-116.

6. ELVIRA, B. y ALMODÓVAR, A. 2001. Freshwater fish introductions in Spain: facts and figures at the beginning of the 21st century. J. Fish Biol., 59: 323-331.

7. DOADRIO, I. 1997. Conservación de las especies autóctonas españolas. En: GRANADO-LORENCIO, C. (Ed.). Conservación, recuperación y gestión de la ictiofauna continental ibérica: 67-74. Publicaciones de la Estación de Ecología Acuática. Doñana, Sevilla.

8. MOYLE, P.B. y LEIDY, R.A. 1992. Loss of biodiversity in aquatic ecosystems: Evidence from fish faunas. En: FIEDLER, P.L. y JAIN, S.A. (Eds.). Conservation Biology: The Theory and Practice of Nature Conservation, Preservation, and Management: 128-169. Chapman and Hall. New York.

9. MORENO-AMICH, R., POU, Q., QUINTANA, X. y GARCÍA-BERTHOU, E. 1999. Efecto de la regulación hídrica en la conservación del fartet (Lebias ibera) en Aiguamolls de L’Empordá. Importancia de los refugios de población. En: PLANELLES, M. (Ed.). Peces Ciprinodóntidos Ibéricos. Fartet y Samaruc. Monografía: 115-131. Conselleria de Medi Ambient, Generalitat Valenciana. Valencia.

10. APARICIO, E., VARGAS, M.J., OLMO, J.M. y DE SOSTOA, A. 2000. Decline of native freshwater fishes in a mediterranean watershed on the Iberian Peninsula: a quantitative assessment. Env. Biol. Fishes, 59: 11-19.

11. MOYLE, P.B. 2002. Inland fishes of California revised and expanded. University of California Press. Berkeley.

12. Especies exóticas altamente agresivas en ecosistemas manejados y especies exóticas que compiten favorablemente y desplazan especies nativas en ecosistemas naturales y seminaturales no manejados [MOONEY, H.A. y HOBBS, R.J. 2000. Invasive species in a changing world. Island Press. Washington].

13. CLAVERO, M. y GARCÍA-BERTHOU, E. 2005. Invasive species are a leading cause of animal extinctions. Trends Ecol. Evol., 20: 110.

14. ROSS, S.T. 1991. Mechanisms structuring stream fish assemblages: are there lessons from introduced species? Env. Biol. Fishes, 30: 359-368.

15. ELVIRA, B. 2001. Peces exóticos introducidos en España. En: DOADRIO, I. (Ed.). Atlas y Libro Rojo de los Peces Continentales de España: 267-272. Dirección General de Conservación de la Naturaleza. Madrid.

16. CLAVERO, M., BLANCO-GARRIDO, F. y PRENDA, J. 2004. Fish fauna in Iberian Mediterranean river basins: biodiversity, introduced species and damming impacts. Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, 15: 415-426.

17. ELVIRA, B. (1995). Native and exotic freshwater fishes in Spanish river basins. Fresh. Biol., 33: 103-108.

18. TORRALVA, M. y OLIVA-PATERNA, F.J. (1997). Primera cita de Chondrostoma polylepis Steindachner, 1865 (Ostariophysi, Cyprinidae) en la cuenca del río Segura, S.E. de España. Limnetica, 13 (1): 1-3.




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