Uno, dos; probando, probando…

Las numerosas estrategias de educación y sensibilización utilizadas por los colectivos de defensa de la naturaleza deben analizarse y evaluarse a la luz de su efectividad. El cuerpo teórico de la educación ambiental puede aportar metodologías interesantes para esta tarea.

Francisco Heras Hernández. Revista El Ecologista nº 39. Primavera 2004.

Los sectores comprometidos con la defensa del medio ambiente han podido constatar, por experiencia, que contar con valiosos datos y argumentos no es suficiente para cambiar las actitudes de la gente en relación con el medio ambiente y, menos aún, cambiar las formas de hacer responsables de los problemas más acuciantes. Poner información a disposición de la gente no garantiza que vaya a ser atendida. Y, aun en el caso de que esto ocurra, no es fácil que esa información vaya a ser comprendida y aceptada. Incluso si se dan esas circunstancias, no es seguro que la gente vaya a comportarse de forma coherente con las nuevas ideas asumidas.

Las fórmulas concretas empleadas por asociaciones y colectivos para informar, sensibilizar o promover cambios de comportamiento son diversas y dependen del medio cultural en el que cada grupo se desenvuelve, pero también de su saber hacer en cuestiones de comunicación y educación, sus creencias sobre las fórmulas que pueden resultar más efectivas para lograr una influencia social, o la imagen que los diferentes colectivos tienen sobre sí mismos y el papel que deben jugar en su comunidad [1].

En términos generales, quizá se haya confiado en exceso en fórmulas centradas en la transmisión de información, pero los colectivos también han ensayado otras posibilidades para proporcionar una mayor visibilidad a las cuestiones ambientales, hacer llegar a la sociedad los análisis y propuestas propios o promover la sensibilización y la implicación ciudadana en la resolución de los problemas socioambientales. A continuación reseñaremos algunas de ellas.

Visitas sobre el terreno:
Una imagen, mejor que mil palabras

Una visita que permita observar de primera mano los problemas planteados, suele resultar más expresiva e impactante que el mejor de los discursos. Conscientes de ello, algunas asociaciones de defensa ambiental han organizado visitas sobre el terreno para facilitar a destinatarios clave, tales como grupos de periodistas, científicos o responsables de tomar decisiones, la comprensión de problemas ambientales concretos. En algunas ocasiones, las visitas o recorridos guiados se han abierto a todas las personas interesadas o afectadas por un problema.

En estas visitas es importante contar con buenos conocedores de la cuestión que interpreten lo que se ve a los visitantes, proporcionando claves para comprender y valorar el problema o reto planteado. Otro recurso que suele ser muy útil es facilitar un encuentro in situ de los visitantes con personas especialmente afectadas o cercanas a la cuestión.

Aunque cueste creerlo, más de un proyecto con un elevado impacto ambiental ha sido descartado tras la organización de una visita al escenario afectado con los principales responsables de la decisión final.

Demostraciones públicas

A menudo, los análisis y las alternativas defendidos desde el ecologismo no son entendidos con facilidad por los ciudadanos. Frecuentemente contradicen verdades asumidas mayoritariamente o atentan contra lógicas ampliamente extendidas. En estas circunstancias, en ocasiones se han organizado demostraciones públicas, pruebas experimentales que reproducen, de forma controlada, procesos y fenómenos para obtener resultados que ayuden a comprender los aspectos sujetos a controversia.

Las demostraciones públicas son simulaciones de la realidad, modelos que nos permiten recoger e interpretar resultados que son mostrados al conjunto de la sociedad. Para lograr una mayor credibilidad, se ha recurrido a invitar a participar en las experiencias a líderes sociales y personas de prestigio reconocido. Para asegurar su repercusión social, en ocasiones también se ha optado por incorporar a líderes políticos o periodistas.

Escenificaciones
El arte dramático, una antigua fórmula de denuncia social

Un singular personaje, con bastón y grandes gafas negras, se coloca delante del cartel ilustrado y comienza a desgranar su romance:

“Voy a contarles la historia
de un AVE de mal agüero,
que hace polvo nuestra tierra
y entierra nuestro dinero.”

La escena no ocurrió hace doscientos años sino hace apenas una década, cuando las campañas ecologistas contra las líneas ferroviarias de alta velocidad estaban en pleno apogeo. El arte dramático tiene una larga tradición crítica y pedagógica. Por ello, no es raro que los espectáculos de calle, los pasacalles satíricos, los títeres y hasta los números de magia, estén siendo utilizados como fórmula de sensibilización ambiental.

El teatro abre nuevas formas de contactar con la gente, más lúdicas, en las que tienen cabida humor y crítica. E impide que los mensajes lleguen siempre cargados de pesimismo o catastrofismo.

Tertulias
El intercambio y el debate como fórmulas de aprendizaje grupal

“La verdadera universidad española ha sido el café y la plaza pública”
Miguel de Unamuno

La fórmula no puede ser más sencilla: un grupo de personas se reúne de forma periódica para intercambiar ideas y reflexionar en clave de sostenibilidad. Ciertamente, una conversación interesante sobre ecologismo puede surgir de forma espontánea y la barra de un bar, un vagón de tren o un sofá casero pueden convertirse en escenarios de debates apasionantes. Pero las tertulias y seminarios organizados cumplen un papel importante: crean las condiciones para el debate, abriendo espacios y tiempos para el intercambio, la interpretación crítica y creativa de la realidad o la búsqueda de alternativas a lo que tenemos.

El hecho de que se celebren encuentros sucesivos permite ir construyendo un lenguaje común que facilita la profundización progresiva en los temas de interés del grupo. El debate permite conocer las ideas de los otros y estimula la reflexión personal. Pero, además, permite generar en común nuevas ideas, ya que unas aportaciones inspiran otras, surgiendo, por acumulación, ideas nuevas, diferentes de las que cada uno tenía. De esta forma, se construye nuevo conocimiento de forma colectiva.

Seminarios y tertulias no pueden ser reuniones de masas. Sin embargo, sus hallazgos pueden difundirse más allá del grupo de asistentes mediante fórmulas diversas. Algunos de los más inspirados documentos producidos por el ecologismo español se han fraguado en tertulias y foros de debate.

Buenos ejemplos:
prácticas que ayudan a superar barreras al cambio

Avanzar hacia un mundo más justo en lo social y sostenible en lo ambiental requerirá cambiar muchas formas de hacer que se vienen revelando como inadecuadas. Pero, ciertamente, las alternativas que se plantean generan incertidumbres y dudas, precisamente por no ser lo ya conocido y probado.

Las buenas prácticas, casos en que se materializan formas de hacer alternativas, resultan muy valiosas para generar confianza, despejar dudas y vencer resistencias al cambio. Las experiencias que ejemplifican avances hacia formas de hacer más sostenibles pueden proporcionar información más fiable sobre los beneficios que pueden obtenerse, los efectos negativos que pueden producirse o los escollos que pueden plantearse y las fórmulas útiles para superarlos.

Como nos recuerda Jorge Riechmann [2], los buenos ejemplos, alternativos a lo establecido, ayudan a vencer barreras psicológicas, reforzándonos en la posibilidad de disentir frente a la mayoría y estimulando conductas deseables.

Desde las organizaciones comprometidas con la defensa ambiental se han desarrollado dos líneas de trabajo complementarias: la colaboración activa para la materialización de nuevas buenas prácticas, y proporcionando visibilidad a los ejemplos más valiosos e inspiradores.

Es interesante tener en cuenta que el valor de una buena práctica no sólo se deriva de la experiencia puesta en marcha, sino también de quién la desarrolla. Por eso, algunas organizaciones han dirigido sus esfuerzos a promover la adopción de buenas prácticas por parte de instituciones que son referente para sectores clave.

Mensajes desde lo cotidiano
El valor del aprendizaje por inmersión

Una oficina o una escuela donde se utiliza papel reciclado, las hojas se aprovechan por las dos caras y se recoge todo el papel usado está enviando un mensaje sin palabras a todos los que pasan por ellas: el papel es un recurso valioso que no debe despilfarrarse. Este mismo tipo de mensajes se da en los comedores comunitarios en los que hay una separación y reciclaje cuidadosos de los residuos o en los albergues que emplean energías renovables para calentar agua o producir electricidad.

Construir ambientes coherentes en lo ambiental permite romper barreras entre conocimiento y acción. El medio se convierte en mensaje y se facilita un aprendizaje por inmersión, que tiene como uno de sus puntos fuertes su capacidad para generar hábitos ambientalmente responsables

Voluntarios ambientales
Facilitar la acción responsable

Facilitar la acción directa, tangible, positiva y altruista a favor del medio ambiente permite que los ciudadanos pasen de ser espectadores a ser actores, rompiendo una pesada inercia. La implicación personal en proyectos de voluntariado ambiental constituye una oportunidad para adquirir una nueva sensibilidad acerca de los problemas ambientales, dominar procedimientos útiles y asumir responsabilidades en un proyecto colectivo de mejora ambiental.

Cambiando nuestras formas de hacer también nos resituamos ante el mundo que nos rodea. Al cambiar nuestro papel, puede cambiar nuestra forma de ver las cosas. Las actividades de voluntariado transforman el medio físico, pero también pueden cambiar a los que participan en ellas. Los programas y actividades de voluntariado ponen más fácil a la gente pasar a la acción. Pero el voluntario ambiental no puede ser un mero ejecutor de tareas que otros conciben: debe conocer el problema sobre el que interviene y las alternativas planteadas para abordarlo. Sólo así podrá hacer comprendiendo el sentido de sus acciones.

Y, por supuesto, la experiencia del voluntariado constituye una excelente ocasión para ir más allá de los problemas concretos y sus causas inmediatas y buscar raíces más profundas.

Aprender desde dentro
Las asociaciones ecologistas como medio educador

En las asociaciones ecologistas y conservacionistas, ciudadanos y ciudadanas preocupados por el deterioro ambiental se organizan para promover cambios. Trabajando en el seno de estas asociaciones surgen oportunidades para adquirir nuevos conocimientos sobre los problemas ambientales que se trata de resolver, para valorar y debatir posibles iniciativas a emprender, para clarificar los propios valores y plantearse dilemas, contribuir a tomar decisiones o asumir responsabilidades concretas en las intervenciones decididas.

Las asociaciones pueden ser una privilegiada escuela de educación ambiental. Los nuevos conceptos, las técnicas de trabajo, las responsabilidades, se aprenden o se asumen en un contexto lógico (un proceso de intervención para la resolución de un problema). Pero el potencial educador ligado al trabajo en las asociaciones no se aprovecha adecuadamente cuando el trabajo se hace repetitivo, cuando la acción surge de las órdenes de los que saben y no de un proceso de aprendizaje y reflexión compartidos, cuando no se valora críticamente el trabajo y los resultados obtenidos, cuando la eficacia a corto plazo se antepone siempre al aprovechamiento de las oportunidades para aprender.

Aprovechar el potencial formativo de las asociaciones no sólo es enriquecedor y gratificante para los que participan en ellas. También es importante para la asociación, que contará con unos recursos humanos cada vez más capaces y competentes. En una organización en la que se aprende es más fácil la renovación y la ampliación de la base activa. Los recién llegados pueden ir incorporándose a tareas que, en otro caso, quedarán encomendadas a los de siempre, porque son los que saben.

Una breve valoración

Las fórmulas presentadas constituyen una muestra del variado conjunto de iniciativas puesto en juego desde los colectivos comprometidos en la defensa del medio ambiente y evidencian que hay distintas opciones para dar una mayor visibilidad a las cuestiones socioambientales, comunicar a la sociedad ideas alternativas o generar sensibilidad y sentido de la responsabilidad sobre lo ambiental.

Ciertamente, las estrategias de comunicación y educación social son aplicadas a menudo de forma mimética o intuitiva, sin una adecuada comprensión de las fortalezas y debilidades de cada opción y los aspectos clave a cuidar en la puesta en práctica. En este sentido, para que el conjunto de fórmulas empleadas mejoren su efectividad:

  • Es necesaria una reflexión más profunda sobre los destinatarios de las acciones: cuáles son sus ideas previas, valores e intereses sobre los temas que se van a plantear.
  • Hay que analizar, en cada caso, el valor de diferentes estrategias de animación social, divulgación o implicación ciudadana disponibles y valorar cuáles pueden ser más oportunas para cada ocasión. No hay que olvidar que los medios empleados también definen los mensajes recibidos.
  • Hay que seguir probando nuevas fórmulas de intervención social, pero esa innovación debe complementarse con una evaluación más rigurosa de lo que se persigue y se logra. Medir el impacto de una acción por el espacio que dedica la prensa a reseñar una iniciativa resulta, casi siempre, inadecuado y simplista.

En los colectivos ecologistas se ha alcanzado un rigor notable en relación con los contenidos, pero aún queda mucho que hacer sobre los métodos. En este sentido resulta llamativo lo poco que se habla en muchos grupos de estrategias de educación y sensibilización, cuando lo cierto es que la mayoría de las acciones desarrolladas tienen unos objetivos esenciales de pedagogía social [3].

En fin, hagamos, pues, las oportunas pruebas de sonido. Revisemos micrófonos, altavoces... y puesta en escena, para que la voz de los colectivos sociales llegue con claridad a todos. Y, para hacerlo con rigor, es recomendable una mirada atenta, aunque crítica, al campo de pensamiento y acción de la educación ambiental, cuyas aportaciones metodológicas y didácticas pueden constituir una interesante fuente de inspiración.

Madrid por todos los medios
Un colectivo ecologista y una asociación cicloturista organizaron en Madrid, en 1992, una prueba comparativa de medios de transporte como fórmula para llamar la atención sobre los problemas del transporte en la ciudad. La prueba, bautizada “Madrid por todos los medios”, consistía en la realización simultánea de siete itinerarios que partían de diversos puntos de Madrid y su periferia confluyendo en la Puerta de Sol. Los itinerarios se realizaron utilizando diferentes medios de transporte y en plena hora punta.

Tal y como cabía esperar, los ciclistas llegaron los primeros, después los que acudieron en transporte público; luego los peatones y, por último, los automovilistas. Las comparaciones de tiempos se complementaron con datos sobre el coste económico de cada opción y la cantidad de CO2 emitida en cada desplazamiento… los datos resultaron muy clarificadores y fueron ampliamente reflejados en los medios de comunicación.




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