Aprender a cuidar el clima

Aunque el cambio climático aparece con frecuencia en los medios de comunicación, aún hay un abismo entre las valoraciones de los científicos y la percepción social. Como es evidente, los cambios en nuestro estilo de vida son vitales para atajar este problema, por lo que las estrategias formativas y de participación son imprescindibles, aunque no siempre se les dé la relevancia que merecen.

Francisco Heras Hernández. El Ecologista nº 54

La etapa en la que los mensajes de alerta de los científicos sobre el fenómeno del cambio climático eran ignorados parece estar tocando a su fin. En los últimos dos años el cambio climático ha escalado puestos en las agendas políticas y ha ganado visibilidad en los medios de comunicación. El número de artículos de prensa que tratan este tema se ha multiplicado. El cambio climático ha saltado desde sus tradicionales reductos en las secciones de ecología o sociedad a las páginas de economía, internacional... ¡incluso a las secciones de cotilleos! Numerosas cadenas de televisión han emitido documentales o han organizado debates dedicados al tema.

Si damos crédito a las últimas demoscopias, el problema empieza a ser objeto de un cierto reconocimiento público. En España, ya son mayoría los que creen que se trata de un fenómeno real y que constituye un problema significativo [1]. Y son cada vez menos los que dudan de que el fenómeno está causado principalmente por la actividad humana [2]. Incluso un reciente eurobarómetro nos sitúa a la cabeza europea en materia de preocupación ante el cambio climático en el ámbito europeo [3].

Más sensibilidad, pero una comprensión limitada del problema

Pero estos datos, sin duda positivos, no deberían producir un exceso de optimismo. Todavía hay un abismo entre las valoraciones de los científicos y las percepciones sociales. El cambio climático sigue sin aparecer en las listas de los problemas que preocupan seriamente a los españoles. Aún no es percibido como un tema prioritario ni existe al respecto una sensación de urgencia. Parece que, de momento, sólo han calado algunos mensajes básicos, mientras que la comprensión del fenómeno con un cierto nivel de profundidad (esencial para comprender su auténtica gravedad y lo urgente de reaccionar) es aún minoritaria.

Hay que reconocer que el fenómeno, por su propia naturaleza, resulta difícil de entender, debido, entre otros factores, a que:

  • La distancia espacial y temporal que separa a las causas de los efectos del cambio climático, hace difícil establecer relaciones sencillas entre ambos.
  • La causalidad del problema es compleja. El cambio climático es el resultado de la interacción de factores naturales y humanos, siendo, además, éstos últimos muy diversos (desde las emisiones originadas en los arrozales hasta las producidas por la deforestación o la quema de combustibles fósiles).
  • Las acciones específicas que contribuyen a generar el problema, contempladas de forma aislada, no siempre parecen peligrosas. Es su efecto agregado el que las convierte en una amenaza. Un gesto cotidiano que la humanidad ha venido repitiendo a lo largo de miles de años como encender una estufa, sólo se convierte en peligroso cuando se realiza de manera simultánea en millones de hogares.

Por otra parte, las descripciones del fenómeno que hacen los científicos chocan con algunas percepciones muy arraigadas, basadas en nuestras experiencias personales:

  • La sensación de inmensidad de la atmósfera, que hace difícilmente concebible que estemos cambiando su composición como resultado de las actividades humanas
  • La impresión de que los cambios que están ocurriendo son graduales, cuando los percibimos desde la escala de una vida humana, y no tomando como referencia los ritmos de cambio habituales en el clima o los ecosistemas.
  • La valoración de que los aumentos de las temperaturas medias que se predicen no pueden ser muy peligrosos, ya que estamos acostumbrados a soportar cambios más amplios en el transcurso de un solo día [4].

Un saber hacer poco extendido

A una comprensión del problema difícil y aún muy superficial, hay que añadir que el saber hacer necesario para avanzar hacia un mundo bajo en emisiones está poco extendido.

El Cuarto Informe de Evaluación del IPCC, completado en 2007, reconoce que, desde hace años, se conocen fórmulas efectivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Fórmulas que, de hecho, han sido probadas con éxito en contextos sociales, culturales y económicos diversos. El reto es generalizar estas fórmulas; lograr que se apliquen de forma decidida. En esencia, se trata de un desafío más propio de la esfera social que de la estrictamente tecnológica. Porque ya contamos con soluciones disponibles. Ahora se trata de que esas soluciones, hoy minoritarias, pasen a convertirse en proyectos de mayorías.

Cultura y estilos de vida

A pesar de que el Cuarto Informe IPCC (Grupo 3) constata que “los cambios en los estilos de vida y en los comportamientos pueden contribuir a la mitigación del cambio climático en todos los sectores” [5] esta dimensión es con frecuencia ignorada. El mensaje de la autolimitación no es popular. Sin embargo, la cuestión de los estilos de vida podría condicionar de forma crucial la efectividad de las medidas previstas. En los sectores del transporte y la energía contamos con buenos ejemplos al respecto.

Entre 1995 y 2003 las emisiones de los vehículos nuevos vendidos en la Unión Europea se redujeron de manera significativa. La emisión media del parque de vehículos pasó de 182 gramos de CO2 por kilómetro a 164 g/km (casi un 12%). Sin embargo, en ese mismo periodo de tiempo, las emisiones totales aumentaron ya que las tasas de ocupación de los vehículos se redujeron y aumentaron también las distancias totales recorridas [6]. De esta forma, una serie de cambios de tipo cultural, relacionados con estilos de vida, anularon totalmente las mejoras de eficiencia conseguidas en los vehículos.

El Código Técnico de la Edificación, recientemente aprobado, es considerado una poderosa herramienta para mejorar la eficiencia del uso de la energía en el ámbito doméstico. Según cálculos realizados por el IDAE, la implantación del Código Técnico de la Edificación podría suponer, para cada edificio y respecto al consumo que tendría de acuerdo con la legislación anterior, un ahorro energético de un 30-40% y una reducción de emisiones de CO2 por consumo de energía del 40-55%. Sin embargo, las predicciones apuntan a que en los próximos años continuarán las tendencias a aumento de la superficie media de las viviendas y a la disminución del número de personas por hogar [7 y 8]. Estos patrones culturales podrían anular el beneficio del CTE en términos de recorte de emisiones. De hecho, el Tercer Informe del IPCC ya exponía, en este sentido, la experiencia noruega [9].

En síntesis,

  • Estamos ante un reto esencialmente social.
  • La sensibilidad está aumentando; pero la comprensión más profunda del fenómeno y el saber hacer necesario para la mitigación y la adaptación al cambio climático están poco extendidos.
  • La cuestión de los estilos de vida puede resultar crucial, para lograr respuestas eficaces.

Estos rasgos del cambio climático, permiten comprender el importante papel que la información, la educación, la formación técnica y profesional y la capacitación, deberían jugar en el conjunto de las respuestas ante el cambio climático.

Iniciativas sociales y educativas

En este sentido, parece necesario profundizar en un conjunto de líneas de trabajo de naturaleza social y educativa, necesarias para avanzar hacia una cultura de cuidado del clima:

Información, para poder elegir de forma responsable. Hoy por hoy, los consumidores carecen de información adecuada sobre las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la mayoría de los productos y servicios que son ofertados. De hecho, la falta de información clara facilita que se extiendan ideas erróneas (la electricidad es considerada una energía limpia, el transporte es infravalorado como fuente de emisiones...) [10].

Educación, para comprender el fenómeno, su gravedad y su urgencia. Y para participar activamente en las respuestas ante el problema. Dada la urgencia de reaccionar, no basta con introducir el tema en los sistemas de educación formal. También es imprescindible intensificar las iniciativas educativas dirigidas a la ciudadanía.

Formación, para ejercer las actividades profesionales introduciendo alternativas bajas en carbono. En este campo no es necesario reinventar la rueda: muchas alternativas ecológicas que se propugnan desde hace años resultan ser excelentes opciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ejemplo, la agricultura ecológica no sólo es una alternativa para una alimentación más sana: sus emisiones de gases de efecto invernadero son apreciablemente inferiores que las derivadas de la agricultura convencional.

Apoyo para el cambio: pasar de las ideas a las acciones no resulta, casi nunca, sencillo. Hay numerosas barreras que dificultan que la sensibilidad se traduzca en iniciativas tangibles. Por eso, las intervenciones orientadas a acompañar el cambio son esenciales. De esta forma, las iniciativas sensibilizadoras y capacitadoras deben integrarse con otras herramientas (organizativas, económicas, fiscales, tecnológicas...) para facilitar los cambios.

Participación para promover la transformación de los contextos colectivos. Avanzar hacia una cultura baja en carbono requiere cambios que afectan a los intereses de muchos. La participación pública es necesaria para asegurar que los intereses de la mayoría priman sobre los intereses corporativos en las decisiones públicas y es esencial para construir los acuerdos y consensos sociales necesarios para el cambio.

Notas y referencias

1 CIS, 2006: Barómetro febrero de 2006. Estudio nº 2635.

2 FUNDACIÓN BBVA, 2006: Estudio sobre conciencia y conducta medioambiental en España.

3 Eurobarometer, 2007: Attitudes on issues related to EU energy policy. Flash Eurobarometer 206a

4 Esta valoración, igual que otras que afectan al cambio climático, tiene su origen en una confusión extendida entre el tiempo atmosférico, que es lo que nosotros percibimos, y el clima, que es una abstracción que indica tendencias medias de la meteorología en un periodo de tiempo amplio.

5 IPCC, 2007: Fourth Assessment Report. Summary for Policy Makers, WGIII, p.16.

6 EUROPEAN ENVIRONMENT AGENCY, 2007:. Transport and environment: on the way to a new common transport policy. EEA, Copenhagen.

7 SANTAMARTA, J. 2006: La eficiencia energética. Temas para el Debate, 143, Dossier nº 15.

8 En España, el número de personas por hogar se ha reducido de 3,4 (1990) a 2,9 (2000).

9 La aplicación de normas de edificación más rigurosas permitió duplicar la eficiencia térmica en los hogares noruegos, sin embargo, la energía utilizada para calentarlos se incrementó entre 1960 y 1990 debido a que la superficie doméstica por persona se duplicó en ese periodo de tiempo.

10 Ver HERAS, F. 2005: Los ciudadanos ante el cambio climático. El Ecologista, 45: 30-33.




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