El mercurio, lejos de casa

Leticia Baselga

España es, o mejor dicho, era hasta hace poco, el primer productor mundial de mercurio, que se extraía de las minas de Almadén (Ciudad Real). Se sabe que estas minas ya eran explotadas antes de la llegada de los romanos a la Península y su explotación no ha cesado hasta el año 2002. El mercurio tiene unas características muy peculiares que lo convirtieron durante siglos en un metal preciado e incluso a veces estratégico. Al ser capaz de amalgamarse con otros metales, el mercurio se ha utilizado, y desgraciadamente se sigue utilizando, en la minería del oro y la plata a pequeña escala en países como Perú, Brasil o la India. Durante la II Guerra Mundial (1940-1945), el Estado español obtuvo suculentas ganancias de la venta de este material para fabricar detonantes de explosivos.

Hasta los años 1960 no se estableció de modo científico la relación entre el mercurio y ciertas patologías muy graves como trastornos neuronales y del desarrollo. Hicieron falta desastres como el de Minamata, en el que resultaron intoxicados muchos de los habitantes de esta bahía japonesa, para darse cuenta de que el mercurio es un contaminante muy peligroso para la salud, incluso en dosis ínfimas.

Este metal pesado se encuentra, aunque en cantidades muy pequeñas, en múltiples productos que tenemos en casa o que utilizamos a diario. Los más corrientes de estos productos son:

- Interruptores y relés

- piezas de automóviles

- ciertos electrodomésticos

- ordenadores

- televisores

- pilas

- tubos fluorescentes

- termómetros

- barómetros

- esfigmomanómetros (aparatos para medir la tensión arterial)

¿Qué hacer con los residuos domésticos que contienen mercurio?

- Como regla general, debemos llevar estos residuos al punto limpio o al punto de recogida selectiva de nuestra localidad. Allí encontraremos contenedores para las pilas y los tubos fluorescentes por lo menos. Estos residuos serán luego gestionados por una empresa recicladora autorizada que extraerá el mercurio y lo volverá a comercializar.

- En el caso de que se nos rompa un termómetro, por ejemplo, o un barómetro de mercurio, debemos recoger el metal con cuidado, preferiblemente con guantes, y meterlo en un frasco o recipiente irrompible (que no sea de metal) y que cierre herméticamente. Después identificaremos claramente el contenido con una etiqueta y tiraremos el bote al contenedor de pilas.

- ¡OJO! No utilizar nunca el aspirador para recoger el mercurio. Si lo hiciéramos, el calor del aparato evaporaría el mercurio y lo dispersaría por el aire, haciéndonos respirar el veneno y depositando partículas sobre los muebles y ropa de toda la casa.

Actualmente, todas o casi todas las aplicaciones que contienen mercurio tienen alternativas sin este metal pesado. Por lo tanto, procuraremos asegurarnos que los productos que adquirimos no contengan mercurio, desde las pilas, que preferentemente deberían ser recargables, hasta los termómetros, que serán de alcohol o digitales.

Para aquellos productos cuyo contenido en metales pesados u otros tóxicos no controlamos, os recomendamos tener siempre presente su potencial contaminante, sobre todo a la hora de desecharlos. Se convertirán en residuos cuando decidamos deshacernos de ellos, pero siempre y cuando ya no puedan ser reutilizados (por ejemplo, los ordenadores o pantallas anticuados pueden regalarse a ONG especializadas que los recuperan y ponen en uso para centros escolares o países en desarrollo), ni reparados, ni aprovechados de ninguna forma.




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