La grasilla de Castilla-La Mancha

Una planta endémica de muy escasa distribución

José Ignacio López-Colón, Ecologistas en Acción

Aunque recientemente se han ido subsanando las antiguas lagunas en cuanto a la protección legal de los enclaves castellano-manchegos donde vive esta planta carnívora, la ausencia de un plan específico de recuperación provoca incertidumbre sobre su futuro

Las grasillas o especies del género Pinguicula [1] son plantas carnívoras que devoran a los pequeños insectos que quedan adheridos a sus hojas, cuyos restos persisten enviscados en su pegajosa superficie. Se conocen nueve especies de grasillas en España [2], casi todas son endemismos de ámbito geográfico restringido. La familia botánica a la que pertenecen las grasillas sólo cuenta con otro género ibérico, Utricularia, de especies acuáticas, hidrófitos emergentes de aguas oligotrofas y frescas [3]

La tiraña, grasilla de Castilla-La Mancha o atrapamoscas (Pinguicula mundi Blanca, Jamilena, Ruiz Rejón & Reg. Zamora) es una especie vegetal de la familia de las lentibulariáceas. De apariencia extraña, frágil y flores delicadas, coloniza exclusivamente contados puntos de Castilla-La Mancha, en las provincias de Albacete, Cuenca y Guadalajara; se trata por tanto de un endemismo ibérico cuyo área de distribución es muy restringida [4].

Es una especie catalogada como “vulnerable” en el Decreto 33/1998, de 5 de mayo, por el que se crea el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Castilla-La Mancha y en el Decreto 200/2001, de 6 de noviembre de 2001, por el que se modifica dicho Catálogo. Así mismo, es una especie “vulnerable” de la Lista Roja 2000 de la Flora Vascular Española y en el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España [5]. Dentro de la clasificación del Ministerio de Medio Ambiente se incluye en el Hábitat 7220, que comprende las comunidades vegetales de fuentes, manantiales y paredes rezumantes, con aguas cargadas de carbonatos que producen precipitados calcáreos (toba), colonizados por una vegetación rica en musgos [6].

Pinguicula mundi es una planta vivaz, herbácea (sin leño), cuya vida y desarrollo dura años (es perenne; aunque la parte aérea se seque y aparentemente desaparezca en el invierno, permanece con vida la parte subterránea, el vegetal hiberna bajo la forma de yemas, con estolones). Florece entre finales de mayo y julio. Mide en torno a los 10 o 15 centímetros. Tiene dos tipos de hojas: las que se ven en las imágenes son las de primavera, más anchas y oval-elipsoideas, más o menos erectas; las del verano son más alargadas y estrechas, de hasta 11 centímetros, elípticas u obovadas, con los márgenes ligeramente undulados; todas ellas funcionan como tiras atrapamoscas. La corola, que mide entre 1,2 y 2,3 centímetros, es de color violeta; el espolón, más o menos recto, mide entre 0,8 y 1,5 centímetros de longitud. Sus raíces son endebles.

Es una especie que tiene unos requerimientos ecológicos muy concretos, ya que vive exclusivamente en un sustrato vertical siempre húmedo formado por tobas (rocas compuestas por carbonatos precipitados), al borde de los saltos de agua, donde le salpica ésta, además de necesitar lugares umbríos porque no soporta la exposición solar directa. La grasilla de Castilla-La Mancha es un endemismo del centro ibérico que vive entre los 900 y 1.600 metros de altitud en las sierras del Calar del Mundo y Alcaraz en Albacete y en la Serranía de Cuenca en la provincia de Cuenca y en el extremo sudoriental de Guadalajara [7].

Estado de conservación

El caso de esta grasilla, como sucede a otras especies del género (v.g. Pinguicula vallisneriifolia), puede ser paradigmático. En efecto, las condiciones ecológicas requeridas y el particular biotopo que coloniza hacen que, a pesar de lo reducido de sus poblaciones y restringida distribución, no sufra el acoso de las actividades antrópicas que habitualmente ponen en grave peligro a otras muchas especies de la flora ibérica. De ese modo, la contaminación producida por actividades industriales o por pesticidas, otros problemas que causan las actividades agrarias (desechos de la agricultura intensiva, abonos), la sobreexplotación ganadera, la deforestación, la desertificación, la urbanización del territorio, la presión turística y la pérdida de hábitat no parecen ser tan determinantes para ellas.

Sin embargo, la extrema fragilidad de los ecosistemas que habitan es evidente y siempre pende una espada de Damocles sobre su futuro debido a la expansión exponencial de las graves consecuencias del deterioro ambiental producido por el efecto acumulado de las diversas actividades humanas, que incluso algún día puede alcanzar a parajes tan apartados. De hecho, ya se están detectando agresiones como la progresiva alteración del hábitat por contaminación de aguas, canalización de fuentes, aumento del turismo rural: recolección, destrozo directo (aunque no sea malintencionado), etc., y algunos factores ambientales (sequía, desprendimientos, etc.).

Por ello, se hace evidente la necesidad de máxima protección legal para los privilegiados enclaves que colonizan, y así como en Andalucía dichos parajes quedan protegidos por figuras como parques naturales y, además, se han adoptado otras medidas como son los planes de recuperación, eso no sucede al completo en Castilla-La Mancha.

Como ejemplo puede valer el de la grasilla de Andalucía. En 1992 se firmaron convenios para el desarrollo de los planes de recuperación de plantas amenazadas andaluzas entre el CSIC, las universidades andaluzas y la entonces Agencia del Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. El desarrollo de ese convenio elaboró un documento denominado Plan de Recuperación de Especies Vegetales Amenazadas en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, que incluyó nueve especies consideradas en peligro de extinción, entre ellas Pinguicula vallisneriifolia. Tras el estudio durante dos años de esas especies, se pudieron determinar medidas para su conservación [8].

En Castilla-La Mancha los primeros antecedentes para tratar de conservar la diversidad vegetal se sitúan en la publicación entre 1984 y 1990 de una serie de decretos que daban cobertura legal a escasas especies vegetales consideradas de interés forestal. En 1997, la Junta de Comunidades abordó la necesidad de un listado exhaustivo de protección para la flora castellano-manchega y mediante el Decreto 33/1998, de 5 de mayo [9] se aprobó el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Castilla-La Mancha. Si bien esto procuró un marco adecuado de protección para las especies endémicas amenazadas, muy útil y aplicable en lo conceptual, debido a la elevada cuantía de las sanciones que llevan aparejadas las infracciones sobre esas especies, pero poco efectivo en la práctica si no se aplican otras medidas paralelas [10]

Afortunadamente, la Serranía de Cuenca quedó bajo el amparo de la Ley 1/2000, de 6 de abril, por la que se declara el Parque Natural del Alto Tajo [11]; hasta hace muy poco no se han protegido de manera efectiva los Calares del Río Mundo: la Ley 3/2005, de 5 de mayo, de declaración del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, ha venido a paliar esa deficiencia. Por otra parte, mediante el Decreto 29/2003 [12] se creó la microreserva de La Molata y los Batanes, un área del oeste de Albacete que comprende los barrancos de los ríos El Escoral y de la Mesta en su confluencia con el río Alcaraz que alberga, entre otras especies de gran interés botánico, a la grasilla castellano-manchega.

Conclusión

Aunque la situación actual de Pinguicula mundi es relativamente buena, se necesita un plan de recuperación específico para la grasilla castellano-manchega –un plan a semejanza del que tiene la grasilla andaluza en su comunidad autónoma– para no generar incertidumbre sobre el futuro de una especie tan singular que indudablemente debe ser un estandarte de la biodiversidad de Castilla-La Mancha.

El mentado plan de recuperación deberá incluir varios puntos obligados: a) evitar los cambios del régimen hídrico prohibiendo los proyectos de actuación que manifiesten impactos negativos en los cursos de agua; b) regulación de la carga ganadera del ecosistema (si procediese en algún caso local); c) controlar el turismo rural y no permitir la acampada en determinadas zonas; d) realizar periódicamente un seguimiento de las poblaciones para observar qué impactos producen los factores de riesgo, para de ese modo elaborar medidas correctoras si así lo sugieren las observaciones realizadas.


Un complemento nutritivo a base de insectos
La atrapamoscas es una planta carnívora en la cual los insectos que se posan en sus hojas quedan pegados merced a que están tapizadas por pelos glandulares provistos de enzimas digestivos –proteasas, nucleasas, fosfatasas, esterasas y otros– y son digeridos externamente (sus víctimas son las manchitas negras que se aprecian en la fotografía), consiguiendo así el aporte de nitrógeno –se estima que aprovechan más del 70% existente en la presa– y otros elementos –calcio, potasio y magnesio– que de otro modo serían difíciles de conseguir en el medio biótico en el que se ha especializado. Aunque el mecanismo de captura es pasivo, atraen a los pequeños artrópodos mediante un olor fúngico y el color verde-amarillento y particular brillo de sus hojas, debido a la refracción de la luz en las gotitas de mucílago producidas por los pelitos glandulíferos. Con tamaña actividad, las hojas se deterioran bastante pronto, pero van siendo sustituidas por otras nuevas.




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