El impuesto de las bolsas de basura

El impuesto de las bolsas de basura: Una respuesta equivocada a un problema cierto.

La Junta de Andalucía pretende aplicar un impuesto a todos los andaluces para intentar reducir el uso de las denostadas bolsas de plástico. Se trataría de unos 15 a 30 euros anuales que gravitarían sobre los bolsillos de todas las personas, independientemente de la cantidad de bolsas que hubieran utilizado al cabo del año. Es una medida equivocada porque no discrimina positivamente a las conductas ambientalmente responsables que prescinden de las bolsas de plástico en sus hábitos de compra, llevando sus propias bolsas reutilizables o usando bolsas reciclables. Con una política falsamente igualitarista, evita la medida mucho más sensata y eficiente de aplicar la tasa sobre las propias bolsas, de forma que la pretensión del PNIR (Plan Nacional Integrado de Residuos), llegar a alcanzar la erradicación de las bolsas de plástico de un solo uso, sea una realidad.

Todos los años se generan en España más de 100.000 toneladas de bolsas de plástico (más de 250 bolsas por habitante y año) y el sistema de recogida del monopolio Ecoembes es altamente ineficiente: sólo logra que vayan a los contenedores amarillos el 10% de las bolsas de plástico. La materia prima de estas bolsas es el petróleo y los impactos que generan cuando se convierten en residuo son bien conocidos: acumulación en basureros, mortandad de animales cuando se las tragan, contaminación atmosférica cuando se queman,...

Es bien sencillo renunciar al uso de estas bolsas empleando bolsas reutilizables (lo mejor) o usando bolsas biodegradables. Para ello, la Administración tiene que penalizar a quienes por comodidad o insensatez desean seguir con prácticas antiecológicas. Para ello Ecologistas en Acción plantea gravar las bolsas no biodegradables y ampliar de forma general los supuestos de la Ley 18/2003 de 29 de diciembre, que se limita a aplicar impuesto a los residuos peligrosos y radiactivos, a las emisiones y a los vertidos. Una genuina fiscalidad ecológica tiene que trasladar los costes de la huella ecológica y el daño ambiental a TODOS los productos y servicios que deterioren el medio ambiente.

Las ecotasas tienen que ser el vehículo para transmitir señales de que “quien contamina, paga” y además deja de contaminar; hay que modificar comportamientos antiecológicos y para ello son necesarios instrumentos económicos que bonifiquen conductas amigables con el medio ambiente y castiguen las acciones antiecológicas. Aplicar de manera generalizada un impuesto generalista a todos los andaluces y renunciar a extender los impuestos ecológicos a actividades negativas para el medio ambiente, son salidas en falso para alcanzar la sostenibilidad.




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