El patio de mi casa es particular, o sobre el Plan Catedral XXI

De nuevo el Ayuntamiento de Burgos, haciendo caso omiso de la oposición de la ciudadanía y de las recomendaciones de técnicos especializados, ha comenzado otra de sus espectaculares actuaciones urbanísticas: el llamado Plan Catedral XXI.

No encontramos otra explicación: lo que ocurre en esta ciudad debe formar parte de un plan, este consistiría en dejar que los espacios públicos se degraden, algo fácilmente apreciable tanto en el entorno de la Catedral como en el Parque de la Isla, para posteriormente el Ayuntamiento erigirse en su salvador, invirtiendo ingentes partidas de dinero de la ciudadanía en liberarlas del estado lamentable en que se encuentran.
Ecologistas en Acción Burgos entiende que este tipo de actuaciones son todo menos sostenibles, primero, porque desde nuestro punto de vista no son ni prioritarias ni necesarias y segundo, porque serían fácilmente evitables con un adecuado mantenimiento del entorno urbano.

Paradójica, también, es la forma de acometer estas obras por parte del Consistorio, esa manera de entender el espacio público como el patio de su casa, donde se decide con total tranquilidad y por unos pocos elegidos el solado a colocar, el alicatado, como hicieron con los márgenes del río Vena, o la decoración, salpicando la cuidad de mobiliario urbano en forma de personajes pintorescos.

Este afán por embaldosar nuestra ciudad y saturarla de adornos podría no ser tan grave si no fuera porque el hecho de que para ello se invierte el dinero de la ciudadanía, 4 millones de euros en el Plan Catedral y otro tanto en la Remodelación del Parque de la Isla, en total más de 8 millones dedicados a pavimentos en sólo dos proyectos, y en un momento de crisis que cuanto menos se antoja inoportuno.

Esperemos que al menos este gasto sirva para mejorar la accesibilidad en el entorno del templo, aunque para conseguir este objetivo no es necesario tal despliegue de medios. Bastaría con poner un poco de atención en aspectos tan básicos como que los materiales fueran antideslizantes, algo que no ha ocurrido en algunas de las obras de pavimentación ya ejecutadas, o que no sean heladizos, como en la Plaza Mayor donde un pavimento nuevo se encuentra el lamentable estado. No confiamos en que estos aspectos hayan sido contemplados de manera prioritaria, sino más bien la disponibilidad de materiales de la empresa que con esta actuación vaya a hacer su agosto, en una cuidad donde hasta los pasos de cebra son resbaladizos.

Otro aspecto que molesta en extremo a nuestro Ayuntamiento, y que motiva esta actuación junto con la "degradación de los materiales", es la «diversidad de elementos» que circundan el templo, que empuja a "unificar este entorno y acabar con el desorden visual poco coherente" con la Catedral. Este celo por unificar el espacio público privándole de su diversidad es más propio de un pensamiento único, donde las decisiones son unilaterales, sin contar con todos los agentes que intervienen en la configuración del espacio público y que le confieren pluralidad y riqueza. En este caso parece que los únicos que tiene algo que decir son los comerciantes, esto da una pista de como el espacio público es entendido en este caso exclusivamente como espacio de consumo y no para uso y disfrute de la ciudadanía, sin atender a aspectos económicos.

Estas actuaciones se están llevando a cabo con un desprecio absoluto al ciudadano, sin darle ninguna oportunidad a la participación en decisiones que afectan al espacio público y a las arcas municipales, está claro que el Ayuntamiento ha perdido de vista su papel de gestor del dinero público y ha pensado que el haber ganado las elecciones le confiere un poder absoluto.




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