‘Bunkering’: el negocio de la marea negra

Las gasolineras flotantes en el estrecho de Gibraltar provocan vertidos constantes de hidrocarburos al mar.

Elvira Espinosa, licenciada en Ciencias del Mar y en Ciencias Ambientales. Revista El Ecologista nº 66

Los accidentes de grandes petroleros sólo producen el 10% de los vertidos de crudo al mar. El 90% restante se debe a limpieza de tanques, trasvase de combustible y otras razones no accidentales. En la bahía de Algeciras, bajo banderas de conveniencia, los buques cisterna trasvasan más de 5 millones de toneladas de combustible al año. Los vertidos son continuos y la situación insostenible.

A tres metros de la orilla de la playa de Puente Mayorga, bajo una barca, su madre le dio a luz. De eso hace ya 63 años y desde entonces Antonio Pérez no se ha separado de su tierra. Ahora mira con tristeza todo lo que le rodea. A sus espaldas, donde antes había cuatro humildes casas entre un infinito campo, ahora se levanta la refinería a tan sólo 50 metros de su domicilio. “Lo bueno es que la gente del pueblo no pilla atasco para ir a trabajar”, bromea. Sin embargo cuando mira al mar se le humedecen los ojos “está todo podrido”, afirma. Y es que Antonio Pérez lleva pescando desde los tres años, y ha visto como el bunkering (trasvase de combustible de un barco a otro) ha destrozado su vida y el futuro y presente de los pescadores artesanales. El pescado de su pueblo la gente no lo quiera ni regalado “sabe a gasoil, cocinas y huele todo a gasoil, está malísimo, cualquier día verás…”.

Desde que se firmara el tratado de Utrech, en 1713, Gibraltar pasó a manos de los ingleses, aunque si las aguas que rodean el peñón de Gibraltar también pasaron a manos del Gobierno inglés sigue siendo objeto de controversia. Según el doctor Jesús Verdú, especialista en derecho internacional público en la Universidad de Cádiz, “en el capítulo 10 del Tratado no se menciona el hecho de que no se nieguen las aguas, no existe tal mención ni siquiera en las actas en las que se negocia las condiciones del Tratado. A la luz del derecho internacional del mar, España sabe que tiene una posición jurídica muy débil, por mucho que diga que no sabía que sus aguas también iban a ser cedidas”. Bajo esta premisa nos encontramos que la situación actual de las aguas de la bahía de Algeciras es de total descontrol: mientras que España mantiene que las aguas están bajo su jurisdicción, en la práctica no tiene ningún control sobre éstas.

3 empresas

Gibraltar está exento de tasas, esto hace que el combustible sea mucho más barato. Actualmente existen tres empresas, Vemabaltic, Europa Venture y Leader, que tienen buques cisterna funcionando como auténticas gasolineras flotantes, suministrando fuel a grandes buques. El año pasado, según el gobierno de Gibraltar, cinco millones de toneladas de gasoil fueron trasvasadas ejerciendo esta práctica. El combustible se suministra en flotación, en una zona donde las corrientes y los vientos son tan fuertes como variables. Esto hace que los vertidos se sucedan con una frecuencia alarmante.

Cuando se produce un vertido como consecuencia de las operaciones de trasvase de fuel, el protocolo que adoptan consiste en verter un producto químico mucho más tóxico que el propio vertido, que actúa como coagulante-floculante. Esto hace que la densidad de vertido aumente y se vaya al fondo de la bahía. Luego las corrientes, las mareas y los vientos, se encargarán de repartirlo a su merced. No son pocas las ocasiones en las que aparecen tortugas muertas que han ingerido estas sustancias confundiéndolas con algas, o que mamíferos marinos –muy frecuentes en esta zona– llegan a la costa porque tienen el opérculo cubierto de fuel y han muerto por asfixia. La velocidad a la que realizan estas operaciones es tal que ni siquiera ponen flotadores de contención, lo que al menos permitiría retener la mancha.

Pero aquí no acaba la cosa, la superficie de agua que teóricamente pertenece a Gibraltar –según la declaración unilateral británica– son 1,5 millas en el lado interno de la bahía, 3 millas al norte y otras 3 al este. En tan poca superficie de agua, se amontonan decenas de buques que quedan fondeados hasta que les dan turno. Gibraltar es el puerto del Mediterráneo que más combustible abastece, siendo que es un territorio minúsculo.

“No los inspeccionan porque no tienen medios suficientes. La ley dice que el 25% de los buques debe ser inspeccionado, pero esto no se cumple. Además, los buques no avisan ni a España ni a Gibraltar y esto hace que el riesgo por colisión aumente cuando los barcos rodean Punta Europa”, afirma Verdú. “El último buque que se quedó encallado fue el Rhea, hace un mes, pero vamos que éste es el pan nuestro de cada día” afirma Antonio Muñoz, coordinador y fundador de Verdemar-Ecologistas en Acción, organización que lleva 23 años luchando, entre otras cosas, por erradicar esta práctica.

Muñoz, que ha sido amenazado, arrestado e incluso han intentado sobornarle por luchar contra el bunkering, dice que la Comisión Europea lo único que consigue es hacer que la empresa bunker cambie un barco que ha sido denunciado por otro. Además, Muñoz asegura que la tripulación a bordo de estos buques no está cualificada “son filipinos a los que tienen explotados pagándoles 100 euros al mes, trabajando 12 y 14 horas al día. Van a toda velocidad y no toman ninguna medida de seguridad”.

Bajo estas premisas los vertidos son casi diarios, y las consecuencias las paga primero el medio ambiente y luego los pescadores, que no tienen trabajo. Las cofradías sólo defienden los intereses de los grandes barcos, que son los que pescan fuera de la bahía de Algeciras. “El pescador artesanal entre la contaminación de la industria, los vertidos, el bunkering y las aguas que se vierten a la mar sin depurar, lo mejor que puede hacer es dedicarse al punto de cruz” comenta José González, un viejo pescador que hace ya tiempo se vio obligado a dejar sus aparejos porque se gastaba más en seguros de lo que ganaba pescando.

Sin capacidad de reacción

Pero cuando en vez de un vertido puntual se produce –como desgraciadamente se ha dado ya en demasiadas ocasiones– una catástrofe ambiental, como lo fuera en su día el hundimiento del New Flame o del Fedra, en aguas de la bahía de Algeciras que pertenecen a Gibraltar, comienza el caos. La gestión cuando los barcos encallan en aguas gibraltareñas corresponde a Gibraltar. España tiene mucho cuidado de no intervenir para no generar una crisis diplomática, tal y como asegura Jesús Verdú. “Los gibraltareños se ven obligados a intervenir, pero no tienen medios suficientes de control, por lo que el resultado es un desastre” concluye Verdú. El desastre implica que kilómetros de costa se vean manchados por fuel y que los pescadores detengan su actividad. En el caso del hundimiento del Fedra con un vertido de entre 500 y 600 toneladas de combustible, hizo que los pescadores tuvieran que estar un mes parados.

Tanto el gobierno de Gibraltar como las empresas bunker tienen sus versiones de lo que sucede cuando ocurre una catástrofe. Pese a que no han querido hacer declaraciones ni facilitar su Código de Práctica del Bunkering, suelen culpar de dichos desastres a las condiciones meteorológicas. Esto es fácil ya que en el estrecho cuando no sopla el viento de poniente, lo hace de levante, y además las corrientes son fuertes. No obstante aseguran que toman las medidas oportunas para prevenir cualquier accidente cuando hay previsión de una tormenta fuerte. Ésta fue la gestión que llevaron con el New Flame, que permaneció encallado durante más de cuatro meses cuando un temporal lo partió en dos. Durante todo el tiempo que permaneció encallado aparecieron manchas de hidrocarburo provenientes del buque en las costas de Algeciras.

Por si todo esto fuera poco, además Gibraltar tiene 6.030 hectáreas de LIC (Lugar de Interés Comunitario), de las cuales, más de 5.000 están en las aguas. Se trata de dos LIC superpuestos designados por la Comisión Europea. Pese a no existir una prohibición expresa, se está realizando una práctica que implica un gran riesgo ambiental. Práctica que en España está prohibida. “Somos muy pesados con este tema, hemos recurrido muchas veces a la Comisión, la respuesta que nos han dado es que los vertidos repetitivos pueden ser una cuestión penal”, comenta Antonio Muñoz.

La solución al problema, según los ecologistas, es que se termine la dependencia de combustibles fósiles, y que mientras tanto naveguen con gasolinas más ligeras y ecológicas. Para Verdú, la solución pasa porque las partes en la controversia se sienten y alcancen al menos un entendimiento sobre quién ejerce el control en qué parte. “Se trataría de establecer cosas tan obvias como canales de entrada y salida en la navegación, comunicación entre las autoridades portuarias, que el bunkering se practique bajo estándares admitidos internacionalmente y con almacenamiento en tierra, que haya protocolos conjuntos de actuación en caso de siniestro, etc.”

Antonio Pérez recuerda haber pescado hasta 2.000 kilos de sardina. De eso hace ya mucho tiempo, cuando los boquerones, los bonitos y las praderas de posidonia llenaban la bahía. “Ahora todo sabe a gasoil, lo que más sabor tiene es el besugo, la baila y la lubina. Antiguamente las centollas sabían a gloria bendita, ahora todo sabe a podrido”. Pérez no puede evitar que le tiemble la voz mientras dice “Ojalá tuviera fuerza para poder parar todo esto. Ayudarme, que es muy triste ver cómo tu tierra se muere antes que tú. Todo lo que se cría aquí no vale ni un duro”.

Lo cierto es que tan sólo con caminar por los alrededores de su vivienda el olor a gasolina resulta asfixiante y el dolor de cabeza comienza a brotar de manera inevitable.




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