Santa Orosia y Sobrepuerto (Huesca). Un paisaje a proteger

Conocer para proteger.

Asociación O Zoque. Revista El Ecologista nº 66

“En su llanto incesante, la cascada resuena como una égloga en las profundidades del tiempo. Este lugar es un rosario de cuevas encadenadas; uno de los más hermosos edenes prepirenaicos que permiten leer la historia encastrada en el paisaje; una oración hecha alma y piedra.”
Así, con estas palabras cargadas de emoción, describe José María Fuixench este precioso rincón de la montaña altoaragonesa [1]. Todo un ejemplo de lo que da de sí un paisaje cuando una montaña es sagrada, venerada y protegida por los propios habitantes que viven a sus faldas. Paisaje, historia, leyenda y sentimientos que se funden para realzar los horizontes que se divisan desde el puerto de Santa Orosia, a más de 1.600 metros de altura.
Valores de una montaña
Una montaña llena de vida, poblada de hayedos en sus umbrías y perfumada en sus solanas. El quebrantahuesos se pasea solemne sobre los cantiles de conglomerado conviviendo en armonía con los rebaños que suben al puerto y cuyos pastos se elevan hasta rozar los 2.000 metros de altura. Pero, sobre todo, conviviendo en armonía con los montañeses de lugares como Yebra de Basa que siempre han mirado a las cumbres nevadas del monte Oturia con veneración. No en vano, en los rincones más abruptos de este macizo se esconde un conjunto de ermitas rupestres de una belleza y una originalidad extraordinaria; un ámbito sagrado en el que están escritos en la piedra los valores espirituales más profundos de este pueblo.
El interés de estas montañas no pasó desapercibido para el extinto Icona que ya casi medio siglo atrás catalogó el llamado Camino de las Ermitas. En años posteriores, la normativa europea llevó a declarar, dentro de la Red Natura, al macizo de Sobrepuerto como LIC, y al corredor conglomerático Santa Orosia-Canciás como ZEPA, por su riqueza en aves rupícolas.

Por otro lado, en 1989, el Gobierno de Aragón presentó públicamente un ambicioso plan para proteger 68 espacios; esto es, el 11,5% de Aragón. Entre estos espacios se encontraba, precisamente, la montaña de Santa Orosia.

El peligro acecha

Sin embargo, figurar en esa lista de 68 espacios privilegiados no significaba que el futuro estuviera garantizado. De hecho, algunos de los lugares que se plantearon entonces como espacios protegidos se han transformado a día de hoy en lugares degradados, invadidos por basura, por aparcamientos, vehículos, cables, escombros... El entorno de la estación de esquí de Formigal es un buen ejemplo de lo que pudo ser un Parque Natural y nunca ya podrá serlo. Otros espacios naturales mantienen sus valores, pero todavía siguen esperando (a día de hoy, sólo el 5% de Aragón está protegido); sobreviviendo entre amenazas cada vez más intensas y extensas.

Conscientes de esta realidad, desde la asociación O Zoque y con el impulso de un conocido etnólogo aragonés llamado Enrique Satué, decidieron un día movilizarse para evitar que esta montaña sagrada acabara también devorada y vulgarizada por intereses ajenos. El reconocimiento de la belleza, el poder y la magia del entorno de Santa Orosia no había sido suficiente para evitar la proliferación de enormes antenas de telecomunicaciones o para desviar el tendido de una línea eléctrica que hoy pasa por mitad de la montaña. En un momento dado, hasta llegó a existir un proyecto de instalación de aerogeneradores en las laderas del monte Oturia, encima de la Punta d’o Mallo... Hace unos años se acometieron unas talas salvajes en el hayedo de Ipe, se abrieron pistas forestales incontroladas y llegaron las basuras y los expolios arqueológicos. Mientras tanto, se construyen enormes urbanizaciones y campos de golf en el piedemonte de Santa Orosia… ¿qué vendrá después?

La comarca se moviliza

Estaba claro que hacía falta una herramienta legal potente, capaz de poner orden en medio de tanto proyecto descabellado. Así lo entendió el ayuntamiento de Yebra de Basa, cuando se dirigió al Gobierno de Aragón para solicitar la declaración de un Paisaje Protegido que abarcara no sólo la montaña de Santa Orosia sino también el Sobrepuerto. Esta región está hoy deshabitada pero su recuerdo está vivo en la memoria de quienes abandonaron estos territorios duros y hermosos; los mismos que inspirarían a Julio Llamazares en su novela La Lluvia Amarilla.

En un primer momento el Departamento de Medio Ambiente acogió la iniciativa con muy buena disposición y la idea de un paisaje protegido fue recibida con ilusión en estas comarcas. Se celebraron reuniones públicas con presencia de técnicos del Gobierno de Aragón y el Consejero de Medio Ambiente anunció que el Paisaje Protegido pronto sería una realidad. Los políticos se felicitaban por el hecho de que la iniciativa “partía del propio territorio”, y así fue como el Gobierno de Aragón se comprometió a elaborar los estudios precisos y a intensificar el trabajo de divulgación y participación social, para alcanzar una propuesta de protección.

A través de charlas, jornadas públicas y reuniones vecinales, la participación pública fue total. Ecologistas en Acción participó activamente en este proceso.

El Gobierno de Aragón da marcha atrás
Pero nunca llueve a gusto de todos. Un pequeño grupo de personas con intereses muy particulares mostró su oposición al proyecto. Se trataba, por un lado, de individuos vinculados al negocio de cobrar por la instalación de antenas de telecomunicaciones y, por otro, a personas con intereses especulativos urbanísticos: gente que había comprado suelo rústico con la intención de recalificarlo. La declaración de un Paisaje Protegido era una amenaza para ellos.
Estas personas, bien conocidas en la comarca, no dudaron en recurrir a la mentira y a la manipulación para contribuir a crear una corriente de opinión contraria al Paisaje Protegido, basada en falsedades y en un concepto insolidario y trasnochado de la propiedad privada. Pero lo más sorprendente es que el Gobierno de Aragón, en vez de hacer valer el interés general, se alió con este pequeño grupo de particulares y paralizó el proyecto. No es la primera vez que este Gobierno hace una grave dejación de funciones en materia de medio ambiente.

La propia Directora General de Desarrollo Sostenible y Biodiversidad, Ana Isabel Lasheras, reconoció públicamente la existencia de esas falsedades en una nota de prensa (12-6-2009) al afirmar que se habían extendido “rumores no veraces que han podido causar desconfianza, incertidumbre o rechazo en algunos vecinos de la zona”. Pese a lo cual se optó por darles finalmente la razón. Tanto es así que la mencionada nota de prensa aseguraba que sólo se incluirían en el ámbito de protección aquellas fincas particulares cuyos propietarios mostrasen “expresamente su conformidad.”

Estas declaraciones supusieron un golpe mortal para el proyecto, un gravísimo antecedente, así como un peligroso giro en la política ambiental del Gobierno autónomo. En la práctica suponía una renuncia del Departamento de Medio Ambiente a ejercer sus funciones legalmente atribuidas, dejando en manos de un puñado de particulares la decisión de proteger o no –a su antojo– el patrimonio natural de todos.

De esta manera fue como el Gobierno aragonés dio marcha atrás y paralizó el proceso en el último momento.

Un futuro incierto

Allá arriba, cuando a principios de junio se retiran las últimas nieves y las gencianas y las orquídeas cubren las praderas de Santa Orosia, todo está listo para el gran día de la romería –el 25 de junio– en el que todos los pueblos de la redolada se dan cita en una jornada con ambiente festivo. Sin embargo, ya nada volverá a ser como antes.
Fue mucha la ilusión y el esfuerzo para conseguir la protección de un espacio natural emblemático para toda la comarca. Fueron muchas horas de debates y reuniones que el Gobierno aragonés ha tirado finalmente por la borda. La versión oficial es que el proyecto sigue para adelante, pero la realidad es que el expediente se pudre en un cajón. La versión oficial es que este espacio natural contaría con presupuesto ya en 2010, pero la realidad es que no hay ni un solo euro. No hay nada. Sólo promesas incumplidas y muchas heridas abiertas.

La creación de este espacio natural correspondía al Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, pero al renunciar éste a ejercer sus funciones, otros usurparon el poder de decisión. Los caciques de siempre vuelven a recuperar posiciones, recordándonos la debilidad de una administración incapaz de cumplir con sus obligaciones.

Así las cosas, se ha creado una brecha social en la comarca así como un profundo malestar en quienes se dejaron la piel en esta lucha por mejorar las expectativas de un territorio. El tren del Paisaje Protegido pasó de largo por Yebra de Basa y con él se fueron las ilusiones por muchos proyectos.

Referencias:
- Beltrán Audera, F. “De Yellowstone a Santa Orosia”. Revista O Zoque. nº 8. junio 2008.
- Satué Oliván, E.: “Hacia la declaración de Espacio Natural Protegido para el macizo de Sobrepuerto, Santa Orosia y Canciás” Revista O Zoque. nº 8. junio 2008.
- Satué Oliván, E.: Religiosidad popular y romerías en el Pirineo. Instituto de Estudios altoaragoneses. Huesca, 1991.




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