Las renovables en el punto de mira

Balance de la situación actual y perspectivas de las energías renovables en España.

Rodrigo Irurzun, Comisión de Energía de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 65

El mar de las renovables anda revuelto. Los cupos, el registro de preasignación, el déficit de tarifa, la nuclear y el carbón, los debates en el Parlamento, las declaraciones del Ministro Sebastián. Soplan vientos de cambio, y cada cual arrima el ascua a su sardina. Pero, ¿cuál es la situación real de cada tecnología? ¿Cuáles son los retos y las principales trabas de las energías renovables? ¿Es verdad que encarecen la factura eléctrica?

Más de la mitad de la electricidad consumida en los primeros meses de 2010 fue producida por renovables. En ocasiones únicamente con la aportación de la eólica, que cada mes que pasa alcanza nuevos máximos históricos. Sin embargo no faltan voces, a menudo interesadas, que aseguran que las renovables son insuficientes e imprevisibles y que hay que apostar decididamente por otras fuentes, como la nuclear.

Es cierto que debido al descenso de la demanda en los dos últimos años, a las lluvias y al auge de los huertos solares, en momentos puntuales una buena parte de la electricidad proviene de fuentes renovables. Pero no debemos olvidar que esto no sucede durante todo el año, que la situación puede ser puramente coyuntural, y sobre todo, que la electricidad representa sólo la quinta parte de la energía que consumimos. Así, restringir el análisis a la generación de electricidad resulta muy insuficiente, aunque gran parte de la discusión actual se centra en ese terreno.

Las centrales de gas en ciclo combinado siguen siendo líderes en generación eléctrica, seguidas por las nucleares. Incluso el carbón generó en 2009 más electricidad que la eólica [1]. Debemos cambiar el modelo de generación eléctrica, pero también el de consumo. Las renovables presentan un amplio abanico de posibilidades (ver tabla 1), pero cada tecnología de generación y los usos finales de la energía tienen impactos asociados que hay que evaluar de la forma más objetiva posible. Las infraestructuras energéticas deberían estar sujetas a una planificación que tuviera en cuenta esos impactos, potenciando las tecnologías más limpias y eficientes, e incentivando el ahorro energético, pero esto no siempre es así.

Tabla 1. Diferentes tipos y aplicaciones de las energías renovables

Producción de electricidad Hidráulica, eólica, fotovoltaica, solar termoeléctrica, biomasa, biogás o biofuel, geotérmica, mareomotriz...
Usos térmicos Biomasa, biogás o biofuel, solar térmica de baja temperatura, cocinas solares, geotérmica, calor residual de la solar termoeléctrica...
Usos mecánicos Hidráulica o eólica (los molinos pueden ser acoplados a todo tipo de sistemas mecánicos o bombeo de agua), solar (motor Stirling)...

Evolución y estado actual de las renovables

En 1998 un 6,3% de la energía primaria que consumíamos en España era de origen renovable [2]. Durante los diez años siguientes esta cifra se mantuvo prácticamente constante, pese al fuerte crecimiento de algunos sectores como el eólico, debido al continuo aumento de la demanda de energía. Los dos últimos años, sin embargo, han estado marcados por un acusado descenso en la demanda, producto de la crisis económica, y a un ligero aumento de la aportación de las renovables, de forma que en 2009 llegaban a suponer el 9,3% de la energía primaria (figura 1). Pero esta situación es coyuntural y si la demanda repunta, como está sucediendo en los primeros meses de 2010, la aportación proporcional de las renovables volverá a descender.

El sector eléctrico es en el que más aportación suman las renovables, con un rápido crecimiento hasta el 35% en 2009, según el IDAE. La fotovoltaica ya ha superado los objetivos del Plan de Energías Renovables (PER) para 2010 y otras tecnologías llevan camino de hacerlo, como la eólica o la termosolar, que además tiene previsto multiplicarlo por cuatro en 2013.

Sin embargo, como ya se ha mencionado, la electricidad supone poco más del 20% de la energía que consumimos en España, mientras que alrededor del 80% de la energía primaria proviene de combustibles fósiles, fundamentalmente productos petrolíferos y gas natural (figura 2) destinados a usos térmicos, industriales y transporte. En 2008 destinamos al transporte en España casi un 38% (39.927 ktep) de la energía. De ésta, únicamente el 1,5% (601 ktep) provenía de fuentes renovables, fundamentalmente biocarburantes.

Para usos térmicos la biomasa es la fuente más utilizada de entre las renovables, pero en términos generales representa poco más del 3% de la energía que consumimos. Además contamos con una pequeña aportación de geotérmica, biogás y solar térmica de baja temperatura. Excepto esta última, las demás fuentes energéticas no han evolucionado significativamente en los últimos años. Y eso que la biomasa era la gran apuesta del PER, que en 2010 preveía un consumo de 9.200 ktep, pero la evolución es muy lenta y la situación actual está muy lejos de alcanzar dichos objetivos [3] (tabla 2).

Tabla 2. Grado de consecución de objetivos del PER para 2010 por fuentes y usos.

Fuente: MITYC-IDAE. (*) El PER no preveía objetivos para estas tecnologías.

La solar térmica de baja temperatura es utilizada principalmente para calentar agua (ACS, piscinas). Ha experimentado un crecimiento considerable desde 2005, triplicando la superficie instalada hasta superar los 2.100.000 m2 de captadores. Esto se ha logrado gracias a la obligatoriedad de su uso en viviendas (nueva construcción y reforma) [4], pero aún quedan muy lejos los 4 millones de metros cuadrados que se planificaron para 2010. Bien diseñada, es una fórmula de aprovechamiento muy eficaz y eficiente, distribuido, autosuficiente y que genera un buen número de puestos de trabajo. Pero muchas veces los controles no garantizan la calidad ni la propia existencia de las instalaciones, lo que conlleva un descrédito al sector o a que abunden instalaciones infradimensionadas, que obligan a un uso masivo de sistemas de apoyo (gas o electricidad).

El boom de los huertos solares y la guerra de cupos

En generación eléctrica, la aportación de las renovables crecía progresivamente hasta 2007, impulsada fundamentalmente por el despliegue de parques eólicos, que se sumaban a la gran hidráulica tradicional. Aún así, excepto la eólica y el biogás, el resto de tecnologías crecían más lentamente de lo planificado (figuras 3 y 4).

En 2006 cambió el marco retributivo del régimen especial [5], haciendo muy rentables las instalaciones fotovoltaicas. La fiebre de los huertos solares alcanzó a unos inversores que veían peligrar el ladrillo, y en poco tiempo España se cubrió de paneles fotovoltaicos. Las altas rentabilidades derivadas de la venta de electricidad hicieron que en un año se alcanzara casi 10 veces lo previsto para 2010 (casi 3.500 MW instalados).

Pero estas altas rentabilidades se extraen del bolsillo del consumidor vía primas al régimen especial, a través de los costes de acceso [6]. El gobierno ha mantenido las tarifas de acceso demasiado bajas para pagar los costes (especialmente las de los grandes consumidores industriales), lo que ha provocado la acumulación de más de 15.000 millones de euros de déficit.

El boom de los huertos solares puso aún más en evidencia el desequilibrio del sistema y el gobierno optó por reformar la normativa fotovoltaica mediante el RD 1578/2008. Tenía que hacerlo una vez superado el 85% del objetivo fijado, pero no sólo redujo la prima (un 25%) sino que también limitó la potencia a instalar a 500 MW al año, estableció avales e hizo necesario inscribirse en un nuevo registro de preasignación. La limitación de la potencia a instalar y el aumento de los trámites ha supuesto un importante varapalo para el sector, la destrucción de más de 27.000 empleos en un año [7], la instalación de menos de 100 MW en 2009 frente a los 2.600 de 2008, y la huida de inversiones y esfuerzo industrial al extranjero.

Poco después, el RDL 6/2009 incluyó la inscripción en el registro de preasignación para el resto del régimen especial, hasta que se cubriesen los objetivos marcados en el PER. Se daba un mes de margen para apuntarse aun superando el objetivo, lo que hicieron las plantas solar-termoeléctricas y eólicas en construcción. Ahora hay inscritos 54 proyectos termosolares que suman alrededor de 2.300 MW (el objetivo del PER eran 500 MW) y unos 270 eólicos (6.000 MW).

En una nueva vuelta de tuerca, el Consejo de Ministros aprobó un calendario que limita la puesta en marcha de instalaciones a 1.700 MW eólicos (en 2009 se instalaron 2.500 MW) y 500 MW termosolares al año hasta 2013. Con estos números al finalizar 2010 se cubrirá el objetivo del PER para la eólica (20.155 MW) y se superará ligeramente el de la termosolar (se prevén 861 MW frente al objetivo original de 500 MW). La consecuencia de los cupos es que multitud de proyectos con los permisos, licencias, avales y financiación, esperan durante meses o años para ponerse en funcionamiento y producir electricidad renovable. La Asociación Empresarial Eólica (AEE) estima una pérdida de 18.000 empleos [8]. Y el gobierno aún pretende bajar más las primas para la fotovoltaica sin un aumento de cupos.

Se culpabiliza a las renovables del aumento de costes de la energía eléctrica, pero hay que tener en cuenta que un tercio de las primas del régimen especial corresponden a residuos sólidos urbanos y cogeneración [9] –que no son ni renovables ni limpios– y que sólo la tercera parte de los costes de acceso corresponden a estas primas. Por otro lado, los mecanismos del mercado hacen que mientras se genera este déficit que agujerea el bolsillo de los consumidores las eléctricas obtienen beneficios muy superiores: en el primer semestre de 2008 fueron de 8.737 millones de euros, y en el mismo periodo de 2009 sólo alcanzaron los 4.505 millones [10] (frente a un déficit de cerca de 5.000 millones en 2008 y menos de 4.000 millones en 2009).

Además, la AEE lleva tiempo diciendo que la eólica, lejos de suponer un coste para el sistema, tiene retornos positivos para la sociedad, pues gracias al sistema de subasta disminuye el precio del pool eléctrico al entrar a precio cero (al igual que el resto del régimen especial y la nuclear), reduce la necesidad de importaciones de hidrocarburos, carbón o uranio, reduce las emisiones de gases de efecto invernadero y genera miles de puestos de trabajo. También hay estudios que establecen 2015 como el horizonte en el que la fotovoltaica alcanzará la paridad de red [11] y 2020 como año para que la termosolar rompa la barrera de costes con los combustibles fósiles [12].

Lo razonable sería, pues, ajustar las primas a los costes y eliminar los cupos, sobre todo para las pequeñas instalaciones y en territorios extrapeninsulares. También es necesario eliminar las barreras que suponen la financiación y los trámites burocráticos para las pequeñas instalaciones.

Perspectivas de futuro

El petróleo barato se agota, y tras él, el gas y el carbón. Las reservas reconocidas de uranio tampoco son suficientes para abastecer de energía a la población mundial [13]. Las renovables parecen ser las únicas fuentes disponibles y viables a medio plazo. Gobiernos y empresarios se visten de verde, pero la apuesta es claramente insuficiente, en buena medida debido a que enfrentan varios retos:

  • Tienen que competir con tecnologías contaminantes que externalizan sus costes sociales y ambientales. Si estos costes se incluyeran en el precio muchas de las renovables serían competitivas sin subvenciones.
  • El viento y el sol presentan una gran variabilidad e impredicibilidad. Es necesario desarrollar sistemas eficientes de almacenamiento de energía (el coche eléctrico no es la solución más viable). La apuesta actual se centra en el bombeo de agua en presas reversibles y en un futuro quizás la generación de hidrógeno como vector energético. Además las centrales termosolares almacenan energía térmica mediante depósitos de sales fundidas para funcionar durante horas de baja o nula irradiancia.
  • La electrificación del transporte por carretera es inviable con las dimensiones y crecimientos actuales, pero en lugar de abordar la planificación del transporte con criterios de sostenibilidad se bombardea a la ciudadanía con la promesa del coche eléctrico, ocultando toda su problemática.
  • Las nucleares españolas no pueden regular su potencia, por lo que limitan la entrada de energía eólica en el sistema durante muchas noches (se han desconectado molinos al menos 9 veces en el primer trimestre de 2010) y cada vez lo harán más. Por otra parte, una vez amortizados los costes de instalación, reportan grandes beneficios ya que los costes de operación son muy bajos. La industria nuclear es uno de los enemigos de la apuesta por las renovables.
  • Las centrales de gas en ciclo combinado que se han construido en los últimos años están por amortizarse, por lo que la industria intenta frenar el ritmo de implantación de las renovables, que son su principal competidor.
  • Las redes actuales de transporte y distribución eléctrica están preparadas para una generación centralizada y deben ser rediseñadas en forma de redes inteligentes capaces de adaptarse a una generación distribuida y variable.
  • Las renovables también tienen impactos: las centrales térmicas de biomasa o termosolares requieren grandes cantidades de agua, las grandes instalaciones tienen impactos paisajísticos o de ocupación de suelo, a veces muy fértil o de alto valor ecológico. Se deben realizar las oportunas evaluaciones de impacto ambiental y, llegado el caso, desestimar algunos proyectos.

El autoconsumo y la generación distribuida evitan pérdidas en el transporte, y sirve para concienciar al consumidor sobre los impactos de cada tecnología y la necesidad de ahorro. Sin embargo, se toma la opción fácil de apostar por las grandes instalaciones que benefician a los grandes capitales. Pero incluso si se redujese significativamente el consumo de energía, la urgencia de la lucha contra el cambio climático y los demás efectos negativos de las energías fósiles, hace necesario un cambio de tal magnitud que sólo parece posible con la participación de estas grandes instalaciones. La inversión pública podría ser una solución, pero la apuesta se traspasa indefectiblemente hacia el capital privado.

La reducción en el consumo de energía daría la posibilidad de que gran parte de la energía fuera obtenida de fuentes renovables, como lo demuestra el aumento porcentual logrado en los dos últimos años. Pero esta reducción del consumo no es estructural y se debe a una situación más o menos coyuntural. Los planes del gobierno siguen siendo de un desarrollismo sin límites. En el sector del transporte es fundamental reducir los desplazamientos manteniendo la accesibilidad a los bienes y servicios básicos. La electrificación del ferrocarril y su utilización para mercancías son opciones muy viables. La parte del transporte que no se pudiera electrificar podría optar por los biocarburantes, pero hay que tener sumo cuidado para que cuenten con parámetros de sostenibilidad, cosa que hoy en día no se está haciendo.

De todos los obstáculos al desarrollo de las renovables, el encarecimiento de la energía parece ser el mayor temor del gobierno. Los últimos 150 años de la humanidad han estado marcados por la extracción y quema de los recursos fósiles que el planeta llevaba almacenando durante millones de años. La fácil disponibilidad de petróleo y su alta densidad energética han propiciado que cada vez consumamos más energía, y pocas personas están dispuestas a cambiar sus hábitos de vida. Pero seguir obviando sus costes sociales y ambientales sólo supondrá el aumento de una deuda que recaerá sobre las generaciones futuras. Un precio más realista de la energía impondría mecanismos de ahorro y eficiencia. Habría que articular medidas para que los sectores más desfavorecidos no vieran aún más mermada su calidad de vida y replantearse los grandes beneficios que se llevan algunos productores.

El nuevo PER 2011-2020 [14], que se está tramitando sin participación de la sociedad civil, será una apuesta de mínimos, superando por muy poco el obligado 20% en energía primaria y el 40% en generación de electricidad que marca la Directiva 2009/28/CE. Se sigue apostando por la nuclear, el carbón y el gas, y se planifica incluso un aumento del consumo en el ya sobredimensionado sector del transporte. En generación eléctrica se ha estado superando ya el objetivo en los primeros meses de 2010, luego es absurdo no plantearse otras metas mucho más ambiciosas.

La urgencia de luchar contra el cambio climático hace necesaria una apuesta clara por las renovables. Sus ventajas son muchas: inagotabilidad y menores impactos que las tecnologías contaminantes, incluso en grandes instalaciones. Además hay que eliminar el carbón y el petróleo en 2020, proceder al cierre ordenado de las centrales nucleares, limitar las plantas de gas en ciclo combinado y fomentar el ahorro energético, en lugar de la actual apuesta por el crecimiento continuo, claramente insostenible e inviable.

Figura 1. Evolución de las energías renovables y energía primaria.

Fuente: MITYC

Figura 2. Consumo de energía primaria en 2009.

Fuente: IDAE. La fuente consultada incluye en la gráfica los residuos sólidos urbanos pese a no ser necesariamente de origen renovable.

Figura 3. Evolución de la energía generada por tecnologías renovables en régimen especial de generación de electricidad y de hidráulica en régimen ordinario en España.

Elaboración propia a partir de datos de la CNE.

Figura 4. Evolución del porcentaje de renovables en generación de electricidad sobre la demanda.

Elaboración propia a partir de datos de la CNE.




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