El mejillón cebra avanza

Crónica de una invasión anunciada.

Theo Oberhuber, Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 50.

Tal y como vaticinaban los peores augurios, este molusco invasor se está extendiendo de forma rápida y hasta ahora imparable por buena parte de los ríos del oriente peninsular. Los daños económicos y ecológicos que ocasiona el mejillón cebra son de gran magnitud.

Hace casi 200 años que empezó la invasión del mejillón cebra en la mayor parte de los países europeos. Los primeros ejemplares se encontraron en 1824 en Londres (Reino Unido), tres años después en Holanda, luego llegó a Copenhague (1843), Francfort (1855), Estocolmo (1940) e Irlanda (1994). Por ello algunos expertos ya habían pronosticado, sobre todo tras la llegada de la especie a Francia, que antes o después este mejillón invadiría los ríos de la Península Ibérica.

En agosto de 2001, un grupo de malacólogos de Cataluña, especialistas en náyades, junto a naturalistas del Grupo de Natura Freixe de Flix (Tarragona) detectaron la presencia del mejillón cebra en el bajo Ebro, desde Xerta hasta el embalse de Ribarroja. No sabiéndose con seguridad cómo pudo llegar al río Ebro y cuánto tiempo llevaba ya instalado en la zona [1].

Cuenca del Ebro: una colonización trepidante

Sin embargo, ha sido desde septiembre de 2006 cuando esta bio-invasión ha recabado mayor atención mediática ante su imparable avance. El 13 de septiembre pasado la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) comunicó que sus técnicos habían detectado larvas de esta especie invasora en el meandro de Ranillas (Zaragoza), donde se comprobó la concentración de 0,65 larvas por litro, poniendo en evidencia la existencia de, al menos, una población de ejemplares adultos instalada en algún punto aguas arriba de Zaragoza.

Pocos días después, la misma CHE constató también la presencia de mejillón cebra adulto en el embalse de Sobrón, en la provincia de Burgos, y aguas abajo del mismo, en el embalse de Puentelarrá, en Álava, ambos dedicados a la producción eléctrica. Este hallazgo se realizó a través de una prospección preliminar de la zona por parte de la guardería fluvial, después de que la CHE recibiera una comunicación de la Asociación para la Conservación y el Estudio de la Biodiversidad, que informaba sobre la posible presencia de mejillón cebra. En la inspección realizada en la zona, los resultados fueron positivos aguas abajo de Puentelarrá, donde se halló el primer ejemplar adherido a un motor de riego; aguas abajo de la presa de Sobrón, donde sólo se encontró un ejemplar de 2 centímetros, y en el propio embalse de Sobrón, que tenía la mayor concentración, aunque de ejemplares pequeños, en los tallos de las plantas acuáticas. Seguidamente, el 28 de septiembre fueron detectados ejemplares adultos aislados de mejillón cebra en San Vicente de la Sonsierra y Fuenmayor, en La Rioja.

Ante este avance del mejillón cebra, que había dado un salto de 100 kilómetros desde el embalse de Mequinenza, y la presión mediática generada, la CHE realizó muestreos en 25 puntos de la cuenca del Ebro, entre el 29 de septiembre y el 6 de octubre. Se hallaron, así, larvas en ocho enclaves correspondientes a cinco ríos y a otro tramo más del Ebro: río Segre, en Cataluña (Serós, Ponts y Os de Balaguer); Arga (Huarte, Navarra, 0,02 larvas por litro); Ésera (Canal de Aragón y en Olvena, Cataluña); Guadalope (Caspe, Zaragoza); Huerva (Villanueva, Zaragoza); y en el propio río Ebro, (Lodosa, Navarra, 0,08 larvas/l) [2].

Pero en los días siguientes se multiplicaron las noticias de apariciones de larvas o adultos de mejillones cebra en nuevos tramos del río Ebro y de algunos de sus afluentes, destacando la aparición, a finales de octubre, de ejemplares adultos en los depósitos de agua de la urbanización Virgen de la Columna en El Burgo de Ebro (Zaragoza). Dado que esta urbanización capta el agua de la acequia de El Burgo, prolongación del Canal Imperial, se confirmó la presencia del mejillón cebra en dicho Canal, donde se encuentran algunas de las pocas poblaciones de una especie autóctona de almeja de río, la Margaritifera auricularia, que puede verse gravemente afectada por la presencia del mejillón cebra, que se adhiere a las conchas de Margaritifera y termina por impedir que esta almeja se pueda abrir para alimentarse.

Además, la CHE confirmó que el mejillón cebra había llegado a las puertas de la red urbana de distribución de agua de Zaragoza, al detectarse la presencia de larvas del molusco en el Canal Imperial frente a la toma de agua de la planta potabilizadora de la capital aragonesa, en el barrio de Casablanca. El organismo de cuenca comprobó la existencia de una densidad de 28 larvas por litro.

Un nuevo análisis sobre el estado larvario del mejillón cebra realizado en la cuenca del Ebro por la CHE reveló nuevas zonas afectadas en afluentes. Los nuevos positivos en presencia de larvas, que no de individuos adultos, se detectaron en el Noguera Pallaresa, afluente del río Segre (Camarasa, Lleida); en el río Martín (Oliete, Teruel); en el Gállego (Ardisa, Huesca) y en Zaragoza en tres enclaves: el Canal Imperial de Aragón, el Canal de Bardenas (en Biota) y en el río Piedra (aguas abajo del embalse de La Tranquera).

Ante el avance del mejillón, y el riesgo de que el trasvase de agua del embalse del Ebro al de Alsa, en la cuenca del Besaya, pudiese facilitar dicha expansión, la Confederación Hidrográfica del Norte ordenó su paralización. Pero esta Confederación precisó también en un comunicado que las obras de abastecimiento de agua para Cantabria, conocidas como Bitrasvase Ebro-Pas-Besaya, y que se encuentran en ejecución, siguen su curso normal y no se verán afectadas por esta medida.

La rapidez de la colonización por el mejillón cebra de los ríos de la cuenca del Ebro, y la presencia de ejemplares de la especie ya en los tramos altos, medios y bajos del río permite augurar que la especie colonizará toda la cuenca a favor de corriente en muy poco tiempo.

Cuenca del Júcar

En septiembre de 2005 se detectaron los primeros ejemplares de mejillón cebra en la cuenca del Júcar, concretamente en el pantano de Sitjar (río Mijares, en Onda, Castelló). La presencia de este molusco hizo que la Confederación Hidrográfica del Júcar precintara en octubre de 2005 este embalse, prohibiendo de forma urgente todo tipo de navegación y usos recreativos, así como la pesca de ocio en el tramo del Mijares entre la central de Vallat y el muro de la presa del embalse. Pese a estas medidas, durante 2006 se ha detectado un aumento de la población de mejillón cebra en dicho embalse. Además, recientemente los mejillones se han extendido al pantano de Santa Quitèria, en Vila-real, amenazando por tanto a todo el río Mijares.

Según un informe elaborado por la Dirección General de Gestión del Medio Natural de la Conselleria de Territorio de la Generalitat Valenciana, la densidad de ejemplares de mejillón cebra en este embalse es de 1.810 individuos/m2, una cifra que se sitúa por encima de los 1.087 ejemplares/m2 contabilizados en el Riu de la Cana, en el meandro del Flix. Junto al núcleo urbano de Ribesalbes, en la cola del embalse, existen pequeños núcleos con una densidad media de menos de 4 individuos/m2 [3].

Desde mediados del pasado mes de septiembre, la Confederación Hidrográfica del Júcar también tiene constancia de la aparición del mejillón cebra en el embalse de Forata (término municipal de Yátova, Valencia), desde donde puede desplazarse por el río Magro hasta el Júcar, el Turia e incluso la Albufera de Valencia. En definitiva, este molusco tiene serias posibilidades de colonizar en poco tiempo la práctica totalidad de los ríos valencianos.

Condiciones favorables

Ante el riesgo que supone esta invasión es imprescindible que todas las Confederaciones Hidrográficas refuercen las medidas para reducir el riesgo de introducción de mejillón cebra así como para detectar los posibles ejemplares. La Confederación Hidrográfica del Segura ha acordado que tomará muestras en los principales pantanos, sobre todo en los que están conectados con el acueducto Tajo-Segura, pues a través de esta canalización llegan caudales procedentes de los ríos Tajo y Júcar, ya que se mezclan en el pantano de Alarcón.

Los ríos peninsulares son, por ahora, los más cálidos por donde el mejillón cebra se ha propagado. Esta circunstancia, unida al alto nivel de regulación de nuestros ríos, que se sitúa por encima del 40% (superando con creces la media europea, del orden del 15%, y la mundial, del 8%), y la circunstancia de que nuestros cursos fluviales no tienen garantizado el necesario caudal ecológico, está favoreciendo que esta especie, que requiere de aguas mansas y estancadas, colonice en tiempo record los ríos peninsulares.




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