Límite a 110 km/h: “como ha funcionado bien, lo suprimimos”

Este, y no otro, es el argumento que ha dado el Gobierno para suspender esta limitación de velocidad. Ecologistas en Acción se declara estupefacta por esta actuación, claramente incoherente, puesto que se realiza tras reconocer que la reducción de la velocidad máxima en autovías ha permitido un gran ahorro en la factura exterior española y que también ha evitado muchas muertes por accidente. Y eso sólo unos días después que se conozca que una de las medidas estrella del nonato Plan para la Mejora de la Calidad del Aire no iba a ser sino la reducción de la velocidad. Otra incoherencia más.

En una muestra clamorosa de incoherencia, el Gobierno se ha plegado al ruido mediático orquestado por la industria del automóvil, un fuerte grupo de presión que sigue empeñado en interpretar cualquier mínima restricción al automóvil como una agresión a la industria y también en hacernos creer –aparentemente con éxito– que también una pequeña reducción de velocidad es una agresión a la libertad de los ciudadanos.

El propio Ministro de Interior ha reconocido las ventajas que han tenido la aplicación de la limitación de velocidad a un máximo de 110 km/hdurante casi cuatro meses:

  • Un notable ahorro: 450 millones de euros durante la aplicación de la medida.
  • Menos accidentes: desde que entró en vigor la nueva medida el pasado 7 de marzo hasta el 20 de junio se han dejado la vida en las carreteras 397 personas, un 15,5% menos que en el mismo periodo del año anterior. Es cierto que resulta difícil cuantificar qué parte de responsabilidad ha tenido la nueva limitación en este descenso. Sin embargo, la directora del Observatorio Nacional de Seguridad Vial de la DGT, Anna Ferrer, ha asegurado que los accidentes de tráfico han disminuido más en autopistas y autovías que lo que lo han hecho en el resto de carreteras desde que entró en vigor en marzo este límite de velocidad.

Además de estas indudables ventajas, está el hecho incontestable de que a menos combustible quemado también disminuye la emisión de gases de efecto invernadero, que contribuyen al cambio climático. Al mismo tiempo, también se reduce la cantidad de gases tóxicos (partículas, dióxido de nitrógeno) que salen por los tubos de escape y que cada año causan más de 16.000 muertes prematuras en España ligadas a la contaminación del aire.

Y sin embargo, a pesar de estas contundentes y evidentes ventajas, agarrándose a una tímida –y probablemente pasajera– bajada del precio del crudo, el Gobierno opta por suprimir esta medida. Y, paradojas de la acción política, eso se hace justo cuando se acababa de conocer el contenido del futuro Plan Nacional de Mejora de la Calidad del Aire, que abogaba por una reducción de la velocidad como forma de luchar contra el grave problema de la contaminación del aire.

En definitiva, si en una supuesta balanza colocamos en uno de los platillos la reducción de muertes por accidente, el ahorro de combustible, una menor contribución al cambio climático, una menor contaminación del aire, una mejor salud de los ciudadanos, y un menor déficit exterior, mientras que en el otro platillo lo que se coloca es el ruido mediático originado por la industria del automóvil y sus voceros, está claro que para el Gobierno el ruido pesa bastante más. Así nos va.




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