Fosfoyesos radiactivos, ¡ahora los descubren!

Este "descubrimiento" pone de manifiesto la necesidad ineludible de descontaminación de las marismas, catalogación, inertización y/o encapsulado de los diferentes residuos, contra la tendencia unánime de los expertos de enterrarlo todo y transferir la herencia tóxica a las generaciones futuras.

Cuando en marzo de 1998 Ecologistas en Acción, realizó, con apoyo técnico, las primeras mediciones de radiactividad en las balsas de fosfoyeso, la zona en cuestión estaba ocupada por yesos negros superficiales. Los valores obtenidos entonces oscilaban entre 6,5 y 7,8 microsievert/hora, más de 50 veces el máximo permitido por la directiva comunitaria. Como respuesta, el Consejo de Seguridad Nuclear, en junio de ese mismo año, encarga la elaboración del informe “Revisión de la situación radiológica en la zona de vertidos de la industria de fosfatos de Huelva”, y se apresura a tapar la zona con la aportación de tierra vegetal y la siembra de arbolitos.

Después de 13 años, hemos realizado muchas más mediciones, con técnicos especialistas, con medios de comunicación o con diferentes colectivos interesados. Muchas de ellas han sido en zonas ocupadas por los recién hallados “yesos negros”. En todas hemos tomado las necesarias medidas de protección. El CSN, por su parte, ha olvidado los datos del informe que entonces encargó al Ciemat, que concluía con valores de radiactividad que a fecha de hoy, con la directiva comunitaria Euratom 2000, más restrictiva, superan, en los seis puntos de muestreo, los valores máximos admisibles para el público en general. El CSN se remite ahora a informes a la carta, elaborados por la Universidad de Sevilla, que garantizan la inocuidad radiactiva de las balsas.

Los yesos negros son la consecuencia del proceso de precipitación del fosfoyeso en las balsas, a donde llegan en forma de líquido pastoso. Después de la precipitación de los elementos sólidos, principalmente fosfoyeso y metales, las espumas negras contenidas en las aguas ácidas de transporte, tienden a desplazarse hacia las orillas, produciendo capas de costras como consecuencia de la superposición de sucesivos aportes. Tanto en los vertidos antiguos, que se realizaban directamente a la marisma sin contener las aguas de transporte, como en los actuales, en balsas de decantación, el proceso de formación de estas costras negras, es similar.

Actualmente, las variaciones del nivel de agua en las balsas por evaporación o lluvias, contribuyen a la formación de costras negras en los bordes, y la infinidad de regueros de lixiviados que, saliendo de las balsas, vierten directamente al Tinto, cuando disminuyen su caudal, favorecen la precipitación de diferentes sales, muchas de ellas con contenidos en elementos radiactivos, tal es el caso del sulfato de radio, del que existen amplios informes en la literatura científica de su capacidad de incorporación a la cadena trófica.

Como consecuencia inmediata de este proceso puede deducirse que cualquier zona, de las 1.200 hectáreas ocupadas por las balsas, es susceptible de haber sufrido formación de estas costras, y por tanto, de estar contaminada con estos yesos negros, más radiactivos. Igualmente, en estos procesos de vertido no controlados, es fácil encontrar superposición de capas, que han ido alternando yesos blancos con negros. Así, sobre capas de yesos blancos, suelen aparecer, a más profundidad, negros, y viceversa, evitando la posibilidad de una diferenciación aceptable.

Circunscribir la zona afectada por la deposición de yesos negros a algunos metros cuadros de terreno de las balsas, no sería más que otro ejercicio de irresponsabilidad a los que los encargados de la elaboración de estos informes ya nos vienen acostumbrando.

Por otra parte, la falta de alguna medida de protección de los trabajadores que operan en las balsas, no ha sido más que una de las habituales demostraciones de desprecio que la empresa ha tenido, a lo largo de su prolongada trayectoria de desmanes, contra el medio ambiente, la ciudad de Huelva, o su plantilla de trabajadores. En infinidad de ocasiones hemos podido comprobar, como en los diferentes trabajos realizados en las balsas con maquinaria pesada, tanto para el recrecimiento de los muros, como para la carga de camiones que han repartido yesos blancos o negros por los diferentes campos de cultivo de Huelva, Sevilla y Cádiz, como corrector de suelos o abono de segunda categoría, la ausencia de una simple mascarilla contra el polvo para los operarios de estas labores, ha sido la nota característica.

Este trato histórico de la empresa, desgraciadamente, ha tenido continuidad en la dejación de funciones e irresponsabilidad del CSN, que desoyendo los informes que manda elaborar, ha considerado a Huelva, un lugar idóneo para mantener un cementerio nuclear al aire libre, tanto por la radiactividad contenida en los fosfoyesos, como por la de las cenizas radiactivas abandonadas a su suerte en el CRI-9. Y a la población de Huelva y su medio natural, laboratorio de experimentación de los efectos de la radiactiviad a bajas dosis durante periodos prolongados de tiempo, con las desgraciadas consecuencias de las que cada vez más informes nos alertan.

Las 1.200 hectáreas de marisma afectadas por el depósito de fosfoyesos, con sus aguas ácidas, metales pesados y elementos radiactivos, por depósitos de cenizas de pirita, de lodos de dragado, inertizados industriales, entre ellos las cenizas radiactivas de Acerinox, variedad de escombros o voluminosos de la recogida selectiva, necesitan de la elaboración de un plan serio y comprometido de descontaminación, con el debido y adecuado tratamiento de cada residuo, y el objetivo, en el plazo más corto posible de tiempo, de devolución de la marisma a lo más parecido al entorno natural que fue.




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