Fin a los ponis de feria

En las ferias y fiestas de los pueblos no es raro ver carruseles de ponis. Sirviéndose de su indudable belleza y encanto, sus dueños hacen dinero fácil, atrayendo a las niñas para que tengan la “gratificante” experiencia de subirse a su montura y establecer un contacto fugaz con el animal. Sin embargo, la realidad de este negocio es menos amable.

Los ponis padecen jornadas maratonianas (entre 8 y 10 horas de media) dando vueltas sobre un eje, llegando a alcanzar las 1000 vueltas o más. Los descansos son breves y no siempre son sustituidos en el mismo día. La sujeción de la silla de montar al eje les provoca fuertes dolores y, con el tiempo, desviaciones de la columna. El roce continuo de sus pezuñas, incluso con cascos, en superficies duras, les producen lesiones. El destello y alternancia de las luces de diferentes colores minan su vista y en casos extremos contraen ceguera parcial, y el volumen tan alto de la música les ocasiona estrés.

Una cuestión que deberían tomarse en serio las autoridades locales es que algunas de estas instalaciones no llevan al día la cartilla veterinaria, convirtiéndose en un riesgo sanitario real (encefalomielitis equina) para las personas. Los ayuntamientos buscan, también, el dinero fácil de las licencias, desentendiéndose de unas inspecciones necesarias que comprueben el estado sanitario de estos núcleos zoológicos.

Las escuelas de equitación, los centros ecuestres o los campamentos hípicos de verano son una alternativa más civilizada y educativa.Los tradicionales tiovivos de caballitos, de notable factura artesanal, son un bonito nexo de unión de varias generaciones que convendría no perder.

Los ponis son delicados, especialmente nerviosos y proclives al estrés. Su lugar entre nosotras no debería ser el de juguetes que estimulen entre las más jóvenes sensaciones nuevas de comunicación con los animales, lógicas y recomendables siempre, pero pensamos que en el caso que nos ocupa se ofrecen en una dirección equivocada.

Como ya hiciéramos en 2005, volvemos a pedir a la incombustible concejala de Festejos del Ayuntamiento de Tomelloso que no conceda licencia y no permita una “atracción” cuya desaprobación crece en la sociedad.




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