Presentación del libro Alegría de Pena

Se ha presentado públicamente el libro “Alegría de Pena”, un nuevo homenaje a José Manuel Pérez Pena, compañero desaparecido hace cinco años. Editado por Ecologistas en Acción de Albacete, el libro recopila un centenar pellizcos de cariño de amigos, compañeros, familiares y gente con la que coincidió en algún momento de su vida, y nos cuentan vivencias, sentimientos o anécdotas.

Cartel anunciador

El libro se puede comprar directamente a esta asociación, o en la librería Popular de Albacete al precio de 10€. Para la edición de este libro han trabajado desinteresadamente varias personas, y si se obtuvieran beneficios, estos serían dedicados íntegramente a la defensa del medio ambiente.

Miembros del grupo, en la presentación

Como reseña del contenido, nada mejor que el comentario que Arturo Tendero ha escrito:

“Un grupo de amigos de José Manuel Pérez Pena ha publicado un libro que reúne testimonios de casi un centenar de personas que tuvieron relación con este luchador incansable de los derechos humanos y de la ecología, muerto de cáncer en enero de 2006.

Un lustro después, su figura sigue siendo recordada, da nombre a un certamen de fotografía y, como se deduce de las colaboraciones de este libro, mantiene abierta, más que un hueco, una tronera, que estamos intentando llenar entre todos, cada cual como puede. Los testimonios abarcan a gente muy diversa, desde amigos de infancia a familiares, pasando por políticos, compañeros de lucha y de viaje, y bastantes personas que lo conocimos porque así lo quiso el azar o su inquietud imparable.

El volumen, a primera vista, y a pesar del cariño y la estética con que está editado, podría confundirse con cualquiera de esas actas de firmas en las que los asistentes a un sepelio plasman sus impresiones o sus recuerdos sobre el finado. Pero leyéndolo, uno llega a la conclusión de que era necesario, sigue siendo necesario, de que las generaciones futuras han de saber quién fue El Pena. Necesitamos nombrarlo porque es un símbolo. Estamos cansados de oír que nadie es imprescindible, pero hay personas que reúnen una serie de cualidades tan singulares que sus deudos, que somos muchos (para empezar los que prestamos nuestro testimonio) tenemos el deber de resembrarlas para que no se malogren.

¿Cuáles son esas lecciones para la posteridad? El cura Javier Avilés las resume en su colaboración (un cura en el libro de un republicano laicista, no se lo pierdan): la primera, que hace falta estar bien formados e informados para no dar pasos por inercia; la segunda, que hay que ser autocríticos, sin miedo a que alguien pueda sacar la conclusión de que nos contradecimos; la tercera, que primero, y antes que ninguna idea, están las personas. Yo creo que Javier Avilés que es poeta además de sacerdote, y un luchador de causas controvertidas con su institución pero coherentes con su condición, lo ha resumido bien. Yo añadiría, con menos diplomacia, que El Pena era un tipo que primero disparaba la verdad y luego se acercaba a las personas para demostrarles que sus disparos no iban contra ellos. Más allá de que era un consumado cocinero, que frecuentaba Librería Popular buscando el último de Coetzee y que se subía literalmente a las paredes cuando necesitaba ejercitarse, más allá del testimonio entrañable de Celia, su madre, que nos muestra a un Pena frágil, dubitativo, que tuvo como todos su momento de conversión y sus años de aprendizaje, yo creo que su máximo legado es aferrarse a la verdad sin condiciones.

Defender la verdad en un tiempo en que la hipocresía social es unánime, y está instalada entre nosotros desde que la transición nos convenciera de que era imprescindible para la convivencia. Todos luchamos por usarla lo justo, por medir dónde acaba la transigencia y dónde empieza la impunidad, pero todos estamos domesticados por el pensamiento único y por lo políticamente correcto. El Pena nos enseñó a llamar pan al pan y vino al vino, en privado y en público, con firmeza dialogante. Su rotundidad abría llagas, como demuestra otro de los testimonios esclarecedores, el de Carmina Belmonte. Durante la etapa en que fue alcaldesa, dice con elegancia que tuvieron “algunos desencuentros”. Pero después, durante un acto de protesta por cuestiones ecológicas, José Manuel la vio al fondo, entre los asistentes: “Terminó su discurso, mejor dicho su arenga y, cuando bajó, vino directamente a mí, me dio un abrazo y me dijo: Qué duros hemos sido contigo.”

El Pena, austero de expresión y de palabra fácil, se acercaba profundamente, buscando a la persona, fuera quien fuera, hasta trabar amistad. Y el libro demuestra que fuimos muchos y muy distintos los que tuvimos ese privilegio. Hoy no se detendría en pamplinas. Se centraría en la denuncia de sus compañeros, Ecologistas en Acción, de que los regantes de Balazote y La Herrera se han apropiado de un río para ellos solos y deben devolverlo. La lucha sigue.”




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