Sabotaje contra un campo experimental de maíz transgénico

Ecologistas en Acción ha recibido un comunicado firmado por un grupo que se autodenomina “Campesinas Extremeñas en Lucha” reivindicando el sabotaje contra un campo experimental a cielo abierto de maíz transgénico en la provincia de Badajoz. Desde Ecologistas en Acción consideramos que este sabotaje, junto con otras acciones directas llevadas a cabo en el estado Español contra del los transgénicos, son actos de legítima defensa de la salud pública, el medio ambiente, la vida rural y los derechos básicos de las personas.

El maíz transgénico, a pesar de sus ya demostradas consecuencias adversas, tanto para la salud de las personas como para el medio ambiente [1], se cultiva de forma comercial y se consume de forma indiscriminada en nuestro país. España es el único país de la UE donde el maíz modificado genéticamente se cultiva en grandes extensiones (76.000 ha en 2010) en contraste con la actitud preventiva de cada vez más países europeos, como Francia, Alemania, Austria, Grecia, Luxemburgo, Irlanda, Polonia, Hungría o Italia en los que se ha prohibido rotundamente su cultivo.

Tal y como se expresa en el comunicado de autoinculpación “desde que los organismos transgénicos empezaron a experimentarse, aprobarse y comercializarse masivamente, sus creadores y promotores han declarado que estos serían capaces de acabar con el hambre o salvaguardar la salud humana, así como de la posibilidad de una agricultura más limpia y eficiente. Nada más lejos de la realidad. Estos cultivos modificados genéticamente, se imponen en un contexto de: grandes empresas transnacionales que luchan por el control monopólico de semillas y químicos, los monocultivos, la contaminación genética, la desaparición del pequeño y mediano agricultor, la liquidación de las economías locales, la desaparición de variedades autóctonas, los grandes circuitos de distribución y expulsión de comunidades rurales”.

Los transgénicos no son compatibles con otras formas de producción y organización social basada en la recuperación de una agricultura más tradicional, que satisfaga las necesidades de las poblaciones, no de los mercados, y que no desborde los límites de los ecosistemas. En España son ya muchos los casos de contaminación de campos de maíz ecológico por maíz transgénico [2]. Esto ha llevado a numerosos productores ecológicos a perder la certificación y, en último término, está conllevando a la desaparición de la producción nacional de maíz ecológico con la consecuente subida del precio de los piensos ecológicos.

Por todo ello, consideramos que el cultivo de transgénicos vulnera el derecho básico de alimentarnos de forma segura y nutritiva, impide el desarrollo de un modelo agraecológico más respetuoso con el medio ambiente y que permita a la gente vivir en el medio rural, se opone a la construcción de la soberanía alimentaria de los pueblos y antepone los intereses de las grandes empresas biotecnológicas frente a los derechos de las personas.

Este sabotaje contra un campo de experimentación con transgénicos se suma a la cada vez más larga lista de acciones de desobediencia directa contra los transgénicos llevadas a cabo en nuestro país. Desde Ecologistas en Acción consideramos que, dada la gran cantidad de estudios publicados que demuestran los graves riesgos para la salud, el medio ambiente y las economías locales que suponen estos cultivos, frente a una legislación que deja desamparados a los agricultores y a las víctimas de la contaminación transgénica, frente a la colaboración del gobierno que, ignorando la fuerte oposición social materializada en las grandes movilizaciones contra los transgénicos llevadas a cabo y en los resultados de las encuestas europeas al respecto, sigue promoviendo el cultivo de Organismos Modificados Genéticamente y, ante la absoluta falta de transparencia y control sobre el cultivo y el uso alimentario de los transgénicos, estas acciones son una reacción legítima, en defensa del medio ambiente, la salud pública, la vida rural y los derechos básicos de las personas. Tal y como reivindican Campesinas Extremeñas en Lucha, estas acciones no son si no “síntoma de su sentido común, así como de sentir la necesidad de un profundo cambio social, fruto de ser conscientes del peligro que corre la tierra (y todo lo que merece la pena) en manos del capitalismo”.




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