Seminario sobre la valoración económica de la biodiversidad

El Seminario sobre valoración económica de los ecosistemas y la biodiversidad, organizado por Ecologistas en Acción el pasado fin de semana, registra un gran debate e interesantes conclusiones sobre el futuro de la diversidad biológica sobre el planeta si se condiciona su conservación únicamente a la aplicación de mecanismos de mercado.

“Las herramientas que en estos momentos desarrolla Naciones Unidas, la Unión Europea y el Gobierno Español, entre otros, para poner un precio a la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas tienen múltiples y fatales defectos”, según señalaron varios expertos, “pese a que pueden ayudar a la sociedad y a los políticos a entender que conservar la vida es imprescindible también para la economía”. Son algunas de las expresiones que utilizaron varios de los expertos (investigadores científicos, profesores universitarios, profesionales de la conservación) y asistentes para definir herramientas como el TEEB (la economía de los ecosistemas y la biodiversidad, en sus siglas inglesas), actualmente en elaboración a nivel internacional y europeo con una gran aportación económica de varios países.

Los pasados 30 de septiembre y 1 de octubre, se reunieron en Madrid una docena de investigadores y profesionales junto a más de 80 asistentes en el seminario organizado por Ecologistas en Acción bajo el título “¿Hay que poner precio a la biodiversidad para conservarla? Seminario sobre la valoración económica de la biodiversidad, oportunidades y riesgos”

El seminario contó con la valiosa aportación de Benjamin Simmons, Jefe de Unidad en el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que planteó los objetivos, metodología y aplicación del TEEB. Partiendo del reconocimiento que la biodiversidad tiene valores intangibles que no pueden ser valorados económicamente, el TEEB busca identificar aquellos elementos y servicios que sí tienen encaje en la economía de mercado dado que ofrecen a la sociedad un beneficio directo o indirecto. Después de demostrar su valor, el proceso busca capturar el valor asignando un precio de mercado mediante la aplicación de una serie de sistemas de estimación cuantitativa. Así, la intención es corregir las desviaciones del mercado que no tiene en cuenta que determinados servicios medioambientales son parte de la economía internalizando las externalidades que hasta ahora no se tienen en cuenta en indicadores como el PIB (Producto Interior Bruto).

Este planteamiento fue cuestionado por otros ponentes como los investigadores Pedro Lomas, Erik Gómez-Baggethum o Berta Martín, quienes abogaron por desarrollar una economía ecológica en la cual la obtención de beneficios esté condicionada a los límites naturales del planeta. Los estudiosos reconocieron que la metodología del TEEB puede ayudar a visualizar la importancia de la biodiversidad, aunque alertaron del peligro de mercantilización de la naturaleza si se pretende que todas las especies y sus funciones tengan un precio. “Sólo el necio confunde valor y precio”, frase de Antonio Machado, surgió en varias de las ponencias para recordar que existen multitud de dimensiones de la naturaleza a las que es imposible asignar un precio monetario puesto que se basan en sistemas de valores totalmente ajenos a los parámetros que rigen el mercado neoliberal moderno: valores estéticos, de identidad cultural, recreativos, espirituales e incluso religiosos, además del valor en sí mismo de la existencia del resto de especies sobre el planeta.

Óscar Reyes, investigador de Carbon Trade Watch y Nancy Arizpe, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (U. Autónoma de Barcelona) llamaron la atención sobre el fracaso estrepitoso del intento de asignar precio a determinados servicios de los ecosistemas, como ha sucedido en África o América Latina. Así, por ejempo, la asignación de un precio al servicio de captura de dióxido de Carbono (CO2) que ofrecen los suelos agrícolas están llevando a determinadas empresas multinacionales a adquirir masivamente suelos fértiles a campesinos locales en regiones de África afectadas por hambrunas, con la expectativa de beneficiarse de los créditos de carbono que puedan establecerse eventualmente dentro del Convenio de Cambio Climático.

Ecologistas en Acción considera que este tipo de herramientas son mucho más peligrosas de lo que se quiere dar a entender por los estamentos oficiales. Incentivar masivamente la valoración monetaria de la biodiversidad y sus servicios incurre en riesgos graves de mercantilización de la misma. Estos instrumentos no afrontan ni corrigen las causas subyacentes que están detrás de la degradación ambiental del planeta y, en consecuencia, de la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos. Estas causas, tal como señala la propia Convención de Diversidad Biológica de Naciones Unidas, son, entre otras, la actividad económica, el comercio internacional, las pautas de consumo per cápita o el cambio demográfico.




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