Por una auditoría y una quita con sentido social y ambiental de la deuda

Todos los ejercicios que está poniendo en marcha la Comisión Europea, los Bancos Centrales, los Gobiernos de la UE y la banca tienen como objetivo deshinchar “ordenadamente” la inmensa burbuja de deudas públicas y privadas generada por la ingente creación de dinero de estos últimos años, que no tiene ningún respaldo detrás.

Pero este deshinche está siendo injusto, pues se está haciendo en favor de los grandes capitales y exprimiendo recursos de las clases más desfavorecidas. Ecologistas en Acción reclama el derecho a la soberanía financiera ciudadana y la realización de una auditoría de la deuda para dejar de pagar toda la que ha generado desigualdad social y ambiental.

Desde 1971, en que el dólar dejó de estar anclado al oro, la creación de dinero no ha tenido ningún límite físico. Ya no hay lingotes de oro en las arcas de los bancos centrales que respalden el dinero en circulación. Esto ha tenido múltiples consecuencias y una de ellas ha sido la creación de dinero de la nada de forma acelerada.

La creación de dinero está relacionada con el incremento de la deuda. Fundamentalmente porque este se pone en circulación con un tipo de interés, con lo que genera, ya desde el principio, una deuda mayor que la que puede ser devuelta. De este modo, a más dinero en circulación en un sistema como el capitalista que funciona con interés compuesto, más crece la deuda.

La devolución de las deudas, en todo caso, depende del crecimiento continuado de la economía. Este crecimiento, como muestran todos los indicadores, solo es posible a costa de un consumo creciente de materia y energía, que además es cada vez en mayor porcentaje de origen no renovable [1].

Pero este consumo creciente de materia y energía es imposible en un planeta con unos recursos cada vez más escasos, como es el caso de los combustibles fósiles. El dato más relevante es que la Agencia Internacional de la Energía ya ha confirmado que en 2006 se atravesó el pico del petróleo convencional [2], momento que indica un inexorable declinar de la principal fuente energética.

De este modo, no solo no existe capacidad de crecimiento para devolver la inmensa burbuja de deudas, sino que, además tampoco hay planeta sobre el que ejercer la capacidad de compra generada por la gigantesca cantidad de dinero creado.

Además de la imposibilidad de crecimiento continuado, hay un problema de cantidad. El monto de deuda existente en el mundo es de unos 158.000.000 millones de dólares, de los cuales el 75% es deuda privada. La española asciende a 5.400.000 millones de dólares (4 veces el PIB), de los cuales solo el 16% es deuda pública, el resto está en manos de bancos y promotoras (64%) los hogares (20%) [3].

Es por ello por lo que la deuda es impagable. Pero el deshinchado de la deuda puede ser de formas muy distintas. Grosso modo, los principales poderes están intentando que se pague lo más posible de la deuda contraída con la banca y los fondos de inversión especulativa a costa de bombear recursos desde las clases populares. Esto se está haciendo con el desmontaje del estado del bienestar y con una imposición fiscal cada vez más regresiva.

Pero las clases populares no han sido las que han tomado las decisiones que llevaron a la financiación de la burbuja especulativa del mercado inmobiliario, y tampoco han participado en la decisión de rescatar a la banca pero no a las personas, para evitar quiebras bancarias pero no desahucios de hogares y para sostener un modelo de imposible crecimiento infinito. Además la gran mayoría de la deuda es de origen privado en manos del gran capital, aunque se esté convirtiendo progresivamente en pública vía los rescates bancarios.

Por todo ello Ecologistas en Acción considera que es el momento de recuperar el poder del dinero para la ciudadanía. Es el momento de empezar a hablar de que la deuda es impagable, que no pertenece a la inmensa mayoría de la población, que hay que auditarla y, simplemente, dejar de pagar todo lo que ha sido generado para crear desigualdad social y destrucción ambiental.

Esto implica una oportunidad para recuperar lo común o, por lo menos, una parada en el expolio de lo público con la excusa de la devolución de una deuda impagable, injusta e insostenible. En definitiva odiosa.




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