Infraestructuras

Durante las últimas dos décadas, los diferentes gobiernos en nuestro país se han empeñado en convencernos de que el desarrollo que España necesitaba debería estar basado en un amplía red de infraestructuras de gran capacidad y con la vista puesta en el incremento de la velocidad del transporte. De esta manera, la construcción de autovías y autopistas, de vías para el tren de alta velocidad y de aeropuertos, se ha convertido en la base para situarnos entre las “diez principales economías del mundo”. Y, mientras aumentaban los kilómetros de hormigón y se colocaban toneladas de hierro para el AVE, la despoblación de las zonas rurales se entendía como un hecho irreversible por el atractivo tecnológico de las ciudades y el empleo generado en la construcción de viviendas para esa nueva inmigración.

Cuando al fin hemos conseguido encabezar el ranking europeo de kilómetros de autovía por habitante, y contamos con varias líneas de AVE a las principales ciudades o se cuentan por decenas los aeropuertos de nuestro país, resulta que somos el país con mayor paro de la Unión Europea, y las perspectivas para los próximos años no permiten contemplar un panorama de ese supuesto “crecimiento económico” que las infraestructuras nos iban a proporcionar.

En las últimas semanas hemos asistido a la polémica creada por las enormes subvenciones que el gobierno va a conceder a las empresas que gestionan algunas de las autopistas construidas en los últimos cinco años y que no han alcanzado ni la mitad del tráfico que se les supuso cuando se proyectaron. Y los casos de los aeropuertos de Albacete y Ciudad Real, que se mantienen en funcionamiento mediante subvenciones oficiales millonarias, a pesar de que se anunció el segundo como el primer aeródromo privado que se construiría en nuestro país, no son los únicos que no han cubierto las expectativas de viajeros ni de vuelos.

En las próximas semanas va a entrar en funcionamiento la línea de AVE entre Madrid y Valencia, con la variante que pasa por Albacete, y que ha abierto una nueva polémica por las conexiones que se pierden respecto a la situación actual y las elevadas tarifas de un tren de esas características. Pero nada se ha dicho de las poblaciones que se van a quedar al margen de esta nueva línea, y que tendrán que volver a la carretera para su comunicación regional y nacional. Villarrobledo, Almansa o La Roda verán pasar sin parada ese moderno tren que es capaz de ir de Madrid a Valencia en menos de dos horas, pero que no tiene tiempo de recoger a esos viajeros de inferior categoría. ¿Cuándo no se cubran las expectativas de viajeros en nuestra ciudad también se suprimirán algunas paradas para ganar tiempo entre las grandes capitales?

Las autoridades políticas locales y regionales se están empeñando en convencer, una vez más, a los ciudadanos de que el AVE nos va a traer grandes posibilidades de desarrollo a la ciudad y que la estación será el motor de ese desarrollo. Pero mientras tanto la realidad nos sigue mostrando que el desarrollo no consiste únicamente en el crecimiento ni en la velocidad. ¿Quién se atreverá a dar el paso de cambiar el modelo y creer en las posibilidades que nos ofrece el desarrollo rural respetuoso con la conservación del medio?

José Julio del Olmo - Ecologistas en Acción de Albacete




Visitantes conectados: 727