Piden prudencia en las medidas a tomar tras el incendio en la Sierra Oeste

Ecologistas en Acción pide prudencia antes de tomar decisiones que agraven el daño ambiental ocasionado por el incendio en los montes de la Sierra Oeste. El monte quemado tiene una alta capacidad de regeneración natural que hará innecesario intervenir con costosas repoblaciones. Para evitar situaciones similares es necesario potenciar actividades como la ganadería que ayuda a controlar la vegetación y hacer cumplir las medidas de seguridad de los enclavados urbanos en zonas forestales.

Tras el incendio, lo más importante es eliminar los restos de vegetación muerta y especialmente realizar labores preventivas para evitar la erosión del suelo. Al desaparecer la cubierta vegetal, el terreno queda desprotegido y las lluvias posteriores arrastran el suelo desnudo, perdiendo la fertilidad y dificultando la regeneración de la vegetación. Por ello se hace imprescindible corregir las escorrentías de aguas superficiales mediante métodos que reduzcan la velocidad del agua.

Por otra parte, el tipo de vegetación predominante en la zona quemada, pino y encina, y el alto grado de naturalidad vaticinan una importante regeneración natural. El pino es una especie pirófita cuya germinación se ve favorecida por el paso de un incendio. La encina, por su parte, es capaz de rebrotar a partir de partes del fuste no dañadas. Estas características favorecen la regeneración espontánea. Por ello, lo razonable es no intervenir, al menos en un plazo de dos años, esperando que la naturaleza haga su trabajo y actuando simplemente en aquellas zonas donde la regeneración natural no se produzca. Entrar con maquinaria pesada arrasando el suelo castigado por el incendio, para plantar lo que la naturaleza va a producir espontáneamente es un error que agrava el proceso de restauración forestal y que requiere cuantiosas inversiones.

Ecologistas en Acción afirma que para evitar situaciones similares no hay que “limpiar” el monte. Los montes son ecosistemas muy complejos formados por multitud de especies vegetales (arbóreas, arbustivas, herbáceas, etc) y animales cuya presencia siempre es necesaria para mantener un equilibrio adecuado. Los montes no se limpian, se conservan. En esta conservación, por ejemplo, juega un papel esencial la ganadería, una actividad relegada y olvidada en la Comunidad de Madrid pero que, adecuándola a la capacidad de carga de cada zona, se convierte en el mejor aliado para controlar la vegetación sin arrasar con ella.

Igualmente, resulta imprescindible hacer cumplir las medidas de seguridad de los enclavados urbanos en zonas forestales. La profesionalidad de los diferentes equipos que intervienen en la extinción de los incendios (bomberos, agentes forestales y retenes) permite que sean atacados y disminuidos rápidamente. Sin embargo si los medios tienen que centrarse en la defensa de los enclavados urbanos (urbanizaciones, áreas recreativas, campings, etc) se reduce el esfuerzo en el ataque del frente del incendio, avanzando sin control.

Las urbanizaciones deben contar con planes de autoprotección y entre las medidas de estos planes se encuentran franjas perimetrales de 15-20 m de anchura, donde no se acumule combustible, ni basura. Es responsabilidad de las urbanizaciones y de los ayuntamientos hacer cumplir estas medidas recogidas en el Plan de Emergencias de Prevención de Incendios Forestales (INFOMA). En la zona incendiada, ninguna de las urbanizaciones contaba con las medidas de seguridad obligatorias lo que forzó a concentrar más medios, durante más tiempo en la defensa de estos enclavados, en lugar de atacar el avance del incendio.




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