Presentan el libro sobre el Pinar del Rey

Texto de presentación del libro Pinar del Rey "Flora silvestre en el arenal fósil", de Felipe Muñoz Secilla en el Palacio de los Gobernadores, Delegación Municipal de Cultura en el municipio de San Roque.

Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.
JOSÉ SARAMAGO

En primer lugar, quiero compartir con vosotros la alegría que sentí cuando Felipe me pidió que le presentara este libro, este magnífico libro que es mucho más que una guía de campo. Conforme iba desarrollando el trabajo, me comentó sus logros, entusiasmos y dificultades. Estar aquí, a su lado, con el libro ya editado y a disposición de todos, multiplica mi alegría y la admiración que por él siento.

Yo no sé de botánica más que lo que aprendí en el bachillerato así que, en este sentido, no esperen mucho de mis palabras. Sí añadiré que Juan Antonio García Rojas realizó, hace unos años, un trabajo sobre el patrimonio botánico de nuestro entorno que me entusiasmó. Tuve el privilegio de consultarlo con frecuencia y aprender cuanto pude de un estudio realizado con una meticulosidad encomiable. Las fotografías de Juan Antonio, tan preciosas como las de Felipe, me abrieron los ojos, me enseñaron a mirar y a apreciar el mundo vegetal desde otra óptica, distinta a la mirada del pintor más llevado por los atractivos del color y la forma. Por aquellos días, Juan Antonio me fue regalando fotografías de orquídeas silvestres -muchas de ellas del Pinar del Rey- que fui guardando entre las páginas de libros que frecuento. Así que, en ocasiones, me llevo la agradable sorpresa de encontrar alguna de ellas y disfrutar de su esplendor con el asombro de la primera vez .

A veces necesitamos mirar lo que nos rodea como si lo hiciéramos por primera vez, como si inauguráramos el mundo. Siempre resulta imprescindible sentir como si lo hiciéramos por primera vez, como si abriéramos una ventana a nuestro interior para apreciar las verdaderas dimensiones de nuestra conciencia y sus consecuentes exigencias ineludibles. Porque la propaganda del sistema nos ha acostumbrado a pasar por alto muchos aspectos esenciales de la vida. Nos ha ido hundiendo, casi sin darnos cuenta, en una confusión que nos impide distinguir con claridad lo esencial de lo superfluo. Es ésta una cuestión muy importante a tener en consideración, pues constituye una sutil herramienta utilizada por el poder político y económico para llevarnos al huerto de sus intereses que no son, en absoluto, los intereses de la mayoría, los intereses de los trabajadores.

Vivimos en una época de confusión. Nos mostramos, no sólo como si hubiéramos perdido el norte sino además, enfermos con un generalizado qué le vamos a hacer como síntoma principal de un conformismo destructor, un óxido venenoso que nos corroe la dignidad. Hemos delegado demasiado en unos presuntos representantes nuestros que, en realidad, actúan obedientes a la voz de sus amos: el dinero y la codicia. Particularmente, en materia de medio ambiente y protección de la Naturaleza, los vemos reunirse en conferencias internacionales mostrando, una y otra vez, su incapacidad moral para resolver los grandes problemas que padece el planeta. Porque el origen de esos grandes problemas está en un modelo económico depredador del que los poderosos son promotores y políticos sin conciencia sus gestores. Un modelo deshumanizado que busca el beneficio económico a costa de la vida misma si es preciso. Y es preciso, parece ser, para los adalides del capitalismo y sus gobiernos títeres. Queda muy claro a estas alturas que las decisiones no se toman en los parlamentos ni en los gobiernos nacionales, éstos son meros ejecutores de las directrices marcadas por organizaciones difusas parapetadas tras entidades económicas como el Fondo Monetario Internacional y otras muchas de la misma ralea e idénticos intereses. Si, como estamos comprobando en los últimos años, el poder real es económico cabe preguntarse qué ha sido de la democracia.

Vivimos un tiempo que despliega y desarrolla perfiles propios de una etapa histórica de transición en la que las viejas concepciones del mundo prácticamente se han agotado. Han perdido no sólo la sustentación económica, material, sino sobre todo el basamento ético. Las profundas transformaciones sociales derivadas de los avances científicos y tecnológicos contrastan dolorosamente con insultantes despilfarros económicos, la pobreza y hambrunas que asolan a grandes extensiones del planeta, las guerras provocadas para el control de territorios estratégicos y de fuentes de energía, las enfermedades fácilmente evitables por la medicina actual, sin olvidar las constantes agresiones a la Naturaleza. Estos factores han desequilibrado el modo de vida llamado occidental y considerado como civilizado que, desgraciadamente, han sumido más aún a la mayoría de la población mundial en la miseria y la desesperación. La especie humana padece las turbulencias de una desorientación que nos aboca, de no evitarse, a la alienación más extrema.

No quiero decir, de ningún modo, que no se adviertan en nuestros días direcciones alternativas, posibilidades para que el ser humano se dirija hacia unas realizaciones que nos permitan avanzar en los mejores aspectos de la condición humana. Existen, están en marcha, las ha habido siempre. Y lo hacen con la misma energía que el mundo caduco dominante emplea en dificultarlo y ocultarlo al conocimiento de la población. No obstante, la resistencia positiva existe: el ecopacifismo es una muestra de ello. Verdemar-Ecologistas en Acción es una organización, entre otras que actúan en todo el mundo, en lucha sin tregua contra un sistema principalmente ocupado en el poder político, la obtención de beneficios económicos cueste lo que cueste, un desmesurado sentido utilitario rendido a la tecnología deshumanizada que están devaluando el espíritu de mujeres y hombres con la intención de desviarnos de otras aspiraciones sociales y espirituales. Dicho de otro modo, nos quieren encadenar a un modo de vivir donde predomine el tener en detrimento del ser. Esto se merece una respuesta y un compromiso.

Los voluntarios de Verdemar-Ecologistas en Acción son un espejo donde mirarnos, un grupo de ciudadanos con una capacidad de entrega y una generosidad absolutamente ejemplares. Hace unos días, la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, ha distinguido a Verdemar-Ecologistas en Acción con el galardón al compromiso ambiental por su labor en la lucha contra los incendios y las tareas de concienciación de la ciudadanía para la prevención de los mismos. No todos aprecian el trabajo comprometido de estos voluntarios, también hay que decirlo. Porque los compañeros de Verdemar están ahí siempre, insobornables, jugándose la vida ante los desastres de los incendios, denunciando la contaminación ambiental, las agresiones a la naturaleza de proyectos urbanísticos irresponsables y frente a todo aquello que atenta contra la vida. Felipe es un voluntario de Verdemar que nos ofrece un libro que es, como ya adelanté al principio, mucho más que una guía de campo. Porque en este trabajo late con toda su fuerza y autenticidad el compromiso de un ecologista, de un hombre noble que comparte con nosotros lo que ha aprendido a fuerza de trabajo, ilusión y confianza en un futuro mejor. Y lo hace para que conozcamos la riqueza extraordinaria del entorno natural donde vivimos porque él sabe que en la medida que lo conozcamos lo respetaremos, lo defenderemos de la agresión de los insensatos y lo preservaremos para transmitirlo a las nuevas generaciones.

He dicho antes: inaugurar el mundo. Inaugurar como conocer, como el que abre de par en par la casa de las palabras, todas ellas con sus significados y su sentidos. Inaugurar es poner al mundo y a las cosas sus nombres, paladear el sabor y el ritmo de sus sílabas, que son ciertamente los cimientos de esa casa del conocer. Sólo conocemos cuando sabemos el nombre de las cosas, la procedencia del nombre, la anatomía del nombre, su significado y su valor simbólico: la médula esencial del nombre de las cosas. Necesitamos las palabras que nombran las cosas para aproximarnos al conocimiento de las cosas. Pensamos con palabras, aprendemos con palabras, soñamos con palabras, amamos con palabras. En la medida que se nos reduce el caudal de las palabras, el tesoro individual de las palabras, se nos reduce la capacidad de pensar, de soñar, de amar. La perversión del lenguaje es una estrategia que los poderosos han aprendido a utilizar con un ventajoso rendimiento. Esa castración sistemática del sentido y significado de las palabras ejercida sobre la sociedad -desde la escuela a los medios de comunicación- se ha convertido en un eficaz procedimiento represivo, pues todo lo que desaparece de la lengua desaparece como posibilidad de ser pensado. Así la ignorancia nos come terreno y perdemos humanidad. Dicho de manera más contundente: el capitalismo está muy interesado en embrutecernos con todos los medios que tenga a mano, así será más fácil y rentable ponernos por delante la zanahoria de sus mentiras. De nosotros depende burlar el engaño, erigirnos en nuestra dignidad, trabajar unidos en la dirección de un mundo mejor y posible. Este libro es una contribución muy importante para esa corrección del rumbo que tanto necesitamos. El libro de nuestro amigo Felipe Muñoz Secilla nos abre los ojos, nos enseña a mirar. En sus páginas aprendemos el nombre de las cosas, nos traza una vereda al conocimiento y nos acrecienta la conciencia.

Los nombres de las plantas, todos lo sabemos, son palabras preciosas. Verdolaga, majuelo, lirio, flor de abeja, mirto, cantueso, caléndula, linaria. Por cierto, esta última, en su variedad amarilla, está en peligro de extinción lo que significa que puede desaparecer para siempre. Algo tan grave merece el énfasis. Esto es lo primero que he aprendido de tu libro Felipe, cuántas plantas están en peligro ¡Y yo en Babia!

El campo del estudio que nos brinda Felipe se dedica exclusivamente a la flora silvestre del Pinar del Rey, varios centenares de especies fotografiadas y con sus fichas técnicas comentadas. En realidad, un inventario exhaustivo que nos da idea del extraordinario valor biológico de este ámbito natural que constituye un ecosistema único con una biodiversidad particular. Su situación geográfica, características del suelo, influencia del mar y de los vientos dominantes en el Estrecho, régimen pluviométrico y de temperaturas suaves así como otros aspectos ambientales, son los factores determinantes de la espectacular riqueza de la flora del Pinar del Rey. Pero, al mismo tiempo -como es obligación del ecologista-, nos avisa de las no pocas especies vulnerables, amenazadas, en riesgo de extinción o en peligro crítico de extinción. Así como nos advierte de las amenazas que se ciernen sobre las 360 hectáreas del Pinar del Rey actualmente catalogado como monte de dominio público pero que, a poco que se le aplique un criterio político como el de aprovechamiento recreativo y de ocio, por poner un caso, la supervivencia del ecosistema peligra seriamente. Hubo un momento en que se le quiso encasquetar la definición de parque periurbano -¡hasta el nombre es feísimo!-; incluso, se rumoreó la idea de convertirlo en un coto de caza.

Ciertamente, es un espacio natural con un equilibrio muy delicado cuya preservación, usos y mantenimiento es responsabilidad no sólo de las autoridades sino también, y fundamentalmente, de la ciudadanía. Para generar esa conciencia sirve este libro que sugiero, a quien corresponda, que llegue a las escuelas y enriquezca los programas de estudio de ciencias naturales, los enseñantes sabrán valorarlo en lo mucho que vale. Por cierto, ya puestos y dados los tiempos que corren, aprovecho para reivindicar, una vez más, una escuela pública, laica y gratuita.

Felipe, que tiene las virtudes de la humildad y la prudencia, no afirma haber dicho la última palabra sobre el Pinar del Rey y su flora. Sino que subraya que su intención es que sirva este trabajo de base para crear afición y para que sobre él se analicen nuevos datos, aportaciones e investigaciones, siempre necesarias para el progreso y la conservación de este enclave tan especial. Palabras suyas son.

Sólo me queda felicitar a Felipe por su espléndido trabajo y a Verdemar-Ecologistas en Acción por haber propiciado su edición. Darles las gracias por ayudarnos a tomar conciencia y sensibilizarnos en la defensa de la Naturaleza desde una visión ecologista que entiende y denuncia, que los graves problemas medioambientales de esta época provienen de unos modos de producción y consumo tan injustos como disparatados. Porque crisis ecológica, crisis financiera, crisis económica e injusticia social son aspectos sobresalientes de un sistema político y económico fracasado.

La transformación de la sociedad, el imprescindible cambio de rumbo a la luz de la Declaración Universal de Derechos Humanos, depende de nosotros. La libertad y la vida nos va en ello.

Por Juan Gómez Macías




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