Deuda Energética Vasca 2012

Un balance de la energía consumida en Euskal Herria, su procedencia y consecuencias.}

Leire Urkidi, Iñaki Barcena, Rosa Lago y Martin Mantxo. Comisión de Deuda Ecológica de Ekologistak Martxan. Revista El Ecologista nº 74.

A partir del estudio ‘Deuda Energética de Euskal Herria 2012’ se deduce la fuerte dependencia energética de este territorio del exterior. Pero también se analizan las consecuencias y los impactos sociales y ambientales en otras partes del mundo de la extracción y transformación de los recursos energéticos que se consumen en el País Vasco.

Euskal Herria tiene una de las tasas de dependencia energética externa más altas de Europa, uno de los consumos de gas natural más altos de los llamados países del Norte, y una tasa de emisión de gases de efecto invernadero per cápita superior a la media europea, a la española y que casi triplica la media mundial. Estos son algunos de los datos del estudio Deuda Energética de Euskal Herria 2012 que ha realizado Ekologistak Martxan y que actualiza y profundiza nuestro trabajo de 2008.

Esas conclusiones se refieren al consumo desmesurado de energía que realizamos en nuestro territorio, pero el objetivo del estudio va más allá. Se pretende dar a conocer el ciclo de vida de la energía que consumimos. ¿Dónde se extrae esa energía? ¿Cómo se transporta y transforma? Y sobre todo, ¿con qué impactos ambientales y sociales para otros países y sociedades? Y no hablamos solo de cambio climático, sino también de los impactos ambientales generados en los pozos petroleros y en la extracción de gas, los efectos de los cultivos energéticos para agrocombustibles, los accidentes en oleoductos, gasoductos y buques petroleros, o la contaminación generada en la transformación tanto en refinerías como en centrales térmicas.

La Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV) produce muy poca energía por lo que su tasa de dependencia externa es muy alta: el 94,5% de la energía consumida en 2009 se importó. Según Bueno (2008) [1], la dependencia externa de Iparralde es del 98,66%. Esto está muy por encima de la media europea (54,7% en 2009) y de la española (78,9% en 2009). La de Navarra está en torno al 80%. Teniendo en cuenta los datos de la CAPV, la mayor parte del gas natural que se ha consumido en el periodo 1996-2010 provenía de Nigeria (44%), Trinidad y Tobago (27%) y Argelia (9%). Los principales exportadores de petróleo a la CAPV fueron en este mismo periodo: Irán (35%), Rusia (28%) y México (8%) [2].

En el terreno de los agrocombustibles, casi la totalidad de las 35.000 toneladas de aceite de palma importadas por la CAPV en 2010 provinieron de Indonesia. Es relevante conocer la procedencia de nuestros combustibles porque su extracción supone serios impactos socio-ambientales que no son reparados ni resarcidos y de los cuales los consumidores somos indirectamente responsables. Las plantaciones de los denominados biocombustibles están generando en países como Indonesia problemas de desertificación e inseguridad alimentaria.

Un Prestige al año en Níger

Según un informe de 2006, en el delta del Níger se han vertido 2.100 millones de litros de crudo en cinco décadas, unas 23 veces lo derramado en el accidente del Prestige. Además, se quema el 66% del gas de subproducto de la extracción de crudo, generando grandes cantidades de hollín y lluvia ácida que afecta gravemente a las comunidades de pescadores y agricultores locales. La masiva protesta pacífica del pueblo Ogoni contra la Shell en 1995 fue reprimida por el ejército nigeriano con el resultado de más de mil personas muertas [3]. Estos son solo algunos ejemplos para el caso de Nigeria. Situaciones similares que desgraciadamente se viven en Ecuador, Perú o Rusia han sido recogidas en este informe. Así como también la relación entre algunas empresas vascas y españolas y conflictivos proyectos extractivistas en América Latina.

Los impactos ambientales del transporte marítimo de petróleo son célebres por su magnitud y visibilidad. En el accidente del Prestige se vertieron 77.000 toneladas de crudo; en 1991 en el naufragio del ABT Summer a 700 millas de la costa de Angola se vertieron 260.000 toneladas, y ese mismo año explotó el petrolero chipriota Haven frente al puerto de Génova cuando llevaba 144.000 toneladas de petróleo. Y por supuesto, aunque no se trató de un accidente de transporte, debemos mencionar la explosión de la plataforma Deepwater Horizon de British Petoleum en el Golfo de México en 2010 que liberó al mar entre 500.000 y 779.000 toneladas de petróleo. Estos son algunos de los accidentes más grandes de entre los muchos ocurridos en las últimas décadas. Sin embargo, según estudios de Epstein y Selber [4], el vertido acumulado de accidentes más pequeños y de rupturas de ductos suma mayor cantidad que desde los grandes accidentes de barcos. Por ejemplo las múltiples rupturas de tuberías y vertidos mencionados en Nigeria. Desde este país se importaron 316.834 toneladas de aceite crudo de petróleo a la CAPV en 2010.

Refino y generación eléctrica

Tras la extracción y el transporte, en el ciclo de vida de los combustibles fósiles, estaría la transformación. Aunque una gran parte del refino del petróleo consumido en Euskal Herria se realiza fuera de nuestro territorio, la actividad de la refinería Petronor tiene gran importancia. Emplazada en la localidad de Muskiz, está participada por Repsol YPF en un 86% y por BBK en un 14%, y es la empresa que más contribuye a las arcas de la Hacienda de Bizkaia con 500 millones de euros anuales aproximadamente. Alrededor de un 10,5% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la CAPV corresponden a Petronor, y produce 12.600 toneladas de residuos industriales peligrosos al año.

Por otro lado, en nuestro territorio se produce energía eléctrica a partir de combustibles fósiles. En Euskal Herria hay 5 centrales de ciclo combinado y 2 centrales térmicas. Estas actividades contaminantes dañan la salud de las personas. De acuerdo con las investigaciones epidemiológicas de Montoya y otros (2007) [5] realizadas en Muskiz, Las Carreras y Zierbena (donde está la central de ciclo combinado Bizkaia Bahía Energía), se observa una mortalidad masculina un 20% mayor que el promedio de la CAPV y una mortalidad femenina 10-20% mayor, siendo esta una diferencia estadísticamente significativa. La puesta en funcionamiento de la planta de Coke en construcción no haría sino agravar esta grave situación socio-ambiental.

Consumo creciente

En la última etapa del ciclo de los combustibles tenemos el consumo. El consumo energético primario de Nafarroa se incrementó en un 178% entre 1984 y 2009 y se había triplicado desde 1984 hasta 2008 cuando comenzó la crisis económico-financiera. El consumo primario de la CAPV aumentó un 44% en el periodo 1982-2009 y había aumentado un 53,3% desde 1982 hasta 2007. Para conocer los datos de Iparralde, hemos analizado los de Francia. Allí, el 40% del consumo primario de energía provenía de las nucleares en 2009 [6]. Ese mismo año, el gas natural suponía alrededor del 45% de la energía primaria consumida en Euskal Herria y junto con el petróleo significaban un 87% y un 79% del consumo energético primario de la CAPV y Nafarroa respectivamente. En la CAPV el trasporte casi triplicó su consumo energético entre 1987 y 2008 y, en Nafarroa, llegó a ser el sector con mayor consumo [7].

Por supuesto, la gran quema de combustibles fósiles que se realiza en Euskal Herria se corresponde con unas altas tasas de emisión de gases de efecto invernadero (GEI), por encima de la media mundial. Euskal Herria es por ello deudor del carbono. Según las estimaciones de Hoyos (2009) [8], la deuda acumulada del carbono de la CAPV en 2005 ascendía a 5.348 millones de euros, más o menos la deuda externa de Camerún o Costa Rica ese año. La deuda del carbono vasca aumenta a un ritmo superior a los 200 millones de euros anuales.

Pero la deuda ecológica relacionada con la energía en Euskal Herria va más allá de la deuda del carbono o las emisiones GEI. También hemos acumulado una deuda por los impactos socio-ambientales que se generan en otros territorios en las diferentes etapas del ciclo de vida de los combustibles fósiles (y también de otras energías). Tenemos, por ejemplo, una responsabilidad con respecto a los vertidos y la represión en el delta del Níger, la contaminación en Ecuador o los daños a grupos indígenas en Rusia. También con los accidentes petroleros oceánicos. Y por supuesto, aunque sea de manera indirecta, con las inversiones que realizan empresas vascas o de capital vasco en polémicos proyectos energéticos en países del Sur.

Como dice Kolya Abramsky [9] poner en marcha un proceso de construcción de un nuevo modelo energético basado casi exclusivamente en energía renovables no es una cuestión técnica sino mayormente una cuestión social y política. El avance hacia un modelo de transición energética social y ambientalmente deseable no vendrá del inevitable destino sino de las deliberadas acciones y decisiones colectivas de nuestras sociedades. A su entender y en el nuestro, existen tres amplios sectores donde el cambio de modelo energético traerá grandes mejoras en la calidad de vida. Por un lado, conllevará una mejora para los miles de millones de personas que viven en comunidades campesinas e indígenas donde se encuentra el grueso de los recursos para la revolución energética global. Por otro lado, supondrá la solución esperada para los millones de personas que en la actualidad dependen inexorablemente de las energías no renovables y de industrias intensivas en energía. Y, en tercer lugar, traerá una nueva forma de vida para los habitantes de las ciudades que significan más de la mitad de la humanidad y que demandan vivienda, sanidad y energía como servicios públicos irrenunciables en estos tiempos de crisis financiera, de recortes y desahucios.

Pensamos que el estudio y las campañas de socialización y reparación de la deuda ecológica pueden ser una herramienta útil en esta dirección.




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