Agroecología para alimentar el planeta

La pequeña agricultura campesina produce el 70% de los alimentos mundiales.

Área de Agroecología y Soberanía Alimentaria de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 75.

El sistema agroalimentario industrial no es capaz de alimentar al mundo: le sobran ya la escalofriante cifra de 900 millones de personas que padecen hambre actualmente. Por si esto fuera poco, este modelo no tiene futuro: no solo resulta insostenible ecológica y socialmente, sino que el fin del petróleo barato imprescindible para la producción masiva de agroquímicos y de unos alimentos que viajan miles de kilómetros, está muy próximo.

Sin embargo, todavía estamos a tiempo de reconducir las cosas. En realidad, se calcula que la producción industrial de alimentos supone tan solo el 30% del abastecimiento mundial. El 70% restante sigue estando en manos de una población campesina que no solo puede alimentar al mundo, sino que puede hacerlo de forma sostenible, devolviendo la fertilidad a los suelos, manteniendo los recursos hídricos y conservando la biodiversidad agrícola y silvestre imprescindible para afrontar las nuevas necesidades productivas y adaptarse a las perturbaciones del clima [1].

Y este futuro posible de producción campesina pasa necesariamente por la producción agroecológica [2]. Una producción que combina el saber campesino milenario con el conocimiento científico moderno, que cuida los suelos y el entorno, que utiliza los procesos de la Naturaleza para producir alimentos sanos y suficientes, y en la que cooperación, respeto y equidad entre producción y consumo constituyen principios irrenunciables. Por si fuera poco este tipo de agricultura, que incorpora grandes cantidades de materia orgánica a los suelos, constituye un importante sumidero de carbono, por lo que puede contribuir enormemente a la mitigación del cambio climático.

Al contrario del sistema industrial, que expulsa a la gente del campo, la agroecología supone una esperanza para revitalizar unas zonas rurales cada vez más despobladas y abandonadas, a través de alianzas con los consumidores rurales y especialmente urbanos. Alianzas que sirven, a su vez, de puente para la ruralización de las insostenibles ciudades (huertos urbanos, grupos de consumo, etc.), y para el creciente éxodo urbano hacia formas más sostenibles de vida en el campo. Alianzas locales que, en torno a las políticas de la Soberanía Alimentaria, hoy se enredan a nivel europeo y mundial uniendo por la base campo y ciudad; Norte y Sur. Este potente movimiento social, en el actual escenario de crisis, es portador de claves imprescindibles para un futuro de sostenibilidad social y ecológica, a través de la acción colectiva, que estará más cerca de la tierra, o no estará.




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