Hipocresía de las autoridades al afrontar la contaminación del embalse de Iznájar

Siempre el problema es “preocupante pero no alarmante”, siempre “la situación está controlada” hasta que vuelve a ocurrir. Recordemos que el pasado año, por estas fechas (23-06-04), más de 20.000 habitantes fueron abastecidos mediante camiones cisterna por la contaminación de este mismo herbicida en un embalse en Jaén. Episodios de este tipo se repiten cada vez más sin iniciar soluciones efectivas.

La contaminación por Terbutilazina registrada en el embalse de Iznájar evidencia la situación de desprotección de la población ante el abuso de plaguicidas en la agricultura consentido por las administraciones competentes y repite episodios pasados de contaminación de otros embalses contaminados por simazina.

La Terbutilazina tiene los mismos efectos que la simazina, que fue retirada del mercado en 2002. Ambos son herbicidas que tienen carácter residual muy peligroso, provocando lixiviación hacia los acuíferos y embalses y que incluso aparecen como contaminación residual en el aceite de oliva debido a que la aceituna que se recoge en el suelo entra en contacto con el herbicida que pasa a las aceitunas.

El Real Decreto real decreto 140/2003, de 7 de febrero, por el que se establecen los criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano establece en 0,1 microgramos por litro la concentración máxima permitida de este plaguicidas. A esto habría que añadir que el total de plaguicidas no debe sobrepasar de 0,5 microgramos por litro y siempre que no sean Aldrín, Dieldrín Hepatocloro o Hepeatocloro epoxido que tienen cada uno de ellos como valor máximo 0,03 microgramos por litro. Desconocemos cuál es la analítica, así como el resultado de los análisis completos que supuestamente se han tenido que elaborar en lo que va de año, según este mismo Decreto.

Por otro lado, dado el continuado riesgo de superar los niveles en las aguas de los embalses y posiblemente en las fluviales, el 8 de agosto de 2003, la Dirección General del Ministerio de Agricultura dictó Resolución acerca de los condicionamientos de uso de aquellos herbicidas que contengan en su composición las sustancias activas terbutilazina para su uso en olivar. El contenido de esta Resolución en lo que afecta al uso de estos herbicidas por los agricultores es la siguiente:

- La aplicación de terbutilazina queda restringida a las franjas de los ruedos de los olivos y a una sola aplicación por año. Las calles y bordes de las parcelas que no reciban tratamiento deben sumar como mínimo un tercio de la superficie de cada parcela.
- La dosis más alta por ha. realmente tratada será la equivalente a 1,5 kg. de sustancia activa, quedando limitada como consecuencia de lo establecido en el punto anterior como máximo a 1 kg. de sustancia activa por ha. de olivar y año.
- El tratamiento se realizará mediante equipos que permitan la pulverización dirigida verticalmente al suelo a baja presión (comprendida entre 2 y 4 atmósferas, según tipo de boquillas).

Desde Ecologistas en Acción de Andalucía denunciamos que la permisividad por parte de la Junta de Andalucía en el uso de plaguicidas agrícolas está en el origen de la contaminación por herbicidas de embalses de abastecimiento a la población.

Solicitamos mayor control y transparencia con las 40.000 toneladas anuales de productos fitosanitarios que se consumen en Andalucía y que en buena parte van a parar al agua y a los alimentos.

Es necesario que la Consejería de Agricultura establezca de una vez un Plan de Reducción de utilización de plaguicidas creíble como ya se están implantando en otros países como Dinamarca ó Reino Unido y que se están planteando otras CCAA como Cataluña, prohibiendo los plaguicidas más peligrosos como insecticidas desfasados con un enorme impacto ambiental y que generan contaminación de los productos agrarios como el Endosulfán. Acogemos con agrado el anuncio de la Junta de Andalucía de emitir una orden con la que prohibirá el uso de terbutilazina, diurón y MCPA en los cultivos agrícolas.

Quizás ha llegado el momento de incorporar también estos gastos ocasionados por la agricultura convencional a la hora de realizar las comparativas con la agricultura ecológica. Quizás ha llegado el momento de realizar una apuesta firme y decidida por la agricultura ecológica.
A esta situación generalizada habría que añadir los altos niveles de salinidad del agua en muchos de estos embalses, así como la incorporación de aguas residuales sin depurar procedentes de municipios de cotas superiores al embalse, aumentando su toxicidad a medida que el agua se va gastando.

El caso de Iznájar parece sólo la punta de un iceberg de la situación en la que se encuentran los embalses y de la absoluta dependencia que se tiene de ellos en muchas zonas, sin que la administración haya sabido dotarlas de alternativas más ecológicas. Agrava la situación el aumento de nuevos desarrollos urbanísticos alrededor de estos embalses.

Más información: Juan Carlos Pérez 610 70 44 49, José Rodríguez Sillero 638714825




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