Tierras en barbecho

El valor de un descanso necesario.

Ana Carricondo, SEO/BirdLife. Revista El Ecologista nº 78.

Los barbechos de secano ocupan en el Estado español 3 millones de hectáreas. Su papel es fundamental para la mejora del suelo y para la conservación de la biodiversidad.

La práctica del barbecho, entendido en sentido amplio como el tiempo de reposo que se deja a la tierra para su regeneración, ha sido consustancial a la agricultura desde sus inicios. En general, el cultivo de la tierra supone una extracción de nutrientes, tanto minerales como orgánicos, en forma de cosechas, a un ritmo superior al de la producción natural de estos. Igualmente, los trabajos de laboreo que se realizan para la preparación de las siembras o el control de la vegetación, cambian la estructura y la dinámica del suelo, interfiriendo los ciclos naturales de transformación de la materia orgánica y la capacidad de retención de agua.

En conclusión, sin aportes externos, la fertilidad del suelo, y por tanto el rendimiento de los cultivos, disminuye y acaba siendo necesario dar un tiempo de reposo a las tierras para recuperar su potencial productivo. Según el tipo de suelo y las condiciones climáticas esta necesidad puede ser más o menos frecuente o requerir un menor o mayor tiempo de descanso, siendo más acusada en zonas de suelos frágiles, delgados y/o pobres, como es la región mediterránea.

Ciertamente, una gestión adecuada del laboreo y de los restos de cosecha puede prolongar la vida fértil del suelo o llegar a mejorar su potencial, al favorecer la incorporación de materia orgánica y mejorar su estructura, pero aún así, es necesario dejar un tiempo para que la microfauna edáfica haga su trabajo y los nutrientes sean asimilables por las plantas. Además, el reposo de la tierra no es sólo una manera de recuperar la fertilidad, sino que también ayuda a controlar algunas plagas y hongos y la incidencia de malas hierbas.

En España, aunque también se realiza esta práctica en cultivos hortícolas, son los cultivos herbáceos de secano, dadas sus necesidades y extensión, los que presentan las mayores superficies de tierras en barbecho, que alcanzan casi 3 millones de hectáreas. Y el vocabulario y expresiones asociadas a esta práctica son muy amplios y variados, reflejando las diferentes situaciones y costumbres, la duración o la gestión: barbecho blanco, posío, erial, año y vez, al tercio, etc.

El valor para la biodiversidad

Pero aparte de cuestiones agronómicas y de equilibrio ambiental del agrosistema, los barbechos se han mostrado como un espacio de gran valor para la biodiversidad en general (con especial interés de los insectos polinizadores), y la conservación de determinadas especies amenazadas, como es el caso de varias aves de hábitats esteparios, en particular.

Dentro del paisaje agrícola de los campos de cereal, girasoles y leguminosas, las superficies de barbecho ofrecen refugio, fuentes de alimentación y un buen hábitat para la nidificación a numerosas especies, al ser un espacio donde las molestias se minimizan y, en distinto grado, se permite el desarrollo de la vegetación silvestre. Recientes estudios [1] demuestran la preferencia de especies como el sisón por los barbechos de larga duración como lugar de cría, mientras que otros trabajos [2] evidencian el efecto positivo para estas especies de una gestión que incluya esta práctica.

No obstante, no basta con no cultivar las tierras, ya que su valor para las especies dependerá, además, del contexto paisajístico (es decir, la presencia de otros usos de mayor o menor interés), de la estructura de la vegetación que se desarrolle y la gestión concreta que se realice en relación con el tipo y momento de laboreo, la duración del barbecho o los tratamientos químicos que se apliquen.

Tendencia e influencia de la PAC

Sin embargo, los avances tecnológicos, como la generalización de los fertilizantes sintéticos y, aunque con menor alcance superficial, el regadío han reducido de alguna manera la necesidad del barbecho. Asimismo, la maquinaria agrícola, los plaguicidas y los herbicidas, han cambiado también en gran medida la gestión y fisionomía de estas superficies. Pero conviene señalar que, además de los costes adicionales y crecientes de estos factores, su uso no elimina la dependencia de los cultivos de un buen funcionamiento de los ciclos naturales del suelo, y puede acabar derivando en una espiral de costes en aumento y rendimientos decrecientes.

Por otro lado, junto con las cuestiones tecnológicas o agronómicas, la normativa y las políticas agrarias tanto nacionales como europeas han determinado también en las últimas décadas la gestión y tendencia de las superficies en barbecho. Mientras que en un primer momento, el fomento de la producción llevó a cultivar más superficies para acceder a las ayudas de la política agraria comunitaria (PAC), la introducción posterior del mecanismo de retirada de tierras para controlar los excedentes a nivel europeo conllevó una generalización del barbecho incluso a zonas donde no era costumbre, contribuyendo así al aumento de estas superficies y la conservación de las especies que encontraban en ellas un hábitat favorable.

En España estas dos etapas fueron menos relevantes ya que las propias condiciones agroclimáticas obligaban a mantener los barbechos como práctica habitual. Sin embargo, la eliminación en 2009 de esta obligación, tanto a nivel europeo como nacional, sí tuvo una repercusión en determinadas zonas como Cataluña o las regiones más intensificadas especialmente de la meseta norte. Paralelamente, las reglas impuestas por la condicionalidad de las ayudas de la PAC exigían el mantenimiento de las tierras en “buenas condiciones agrarias”, lo que implicaba evitar la proliferación de vegetación silvestre señal de abandono como los arbustos leñosos. Sin embargo, una interpretación demasiado rígida de esta norma ha llevado durante años a labrar o tratar con herbicidas las tierras en barbechos más de lo necesario, reduciendo en gran medida el valor ambiental de estas superficies.

Por contraposición, dentro de la política de desarrollo rural de la PAC, las medidas agroambientales han intentado fomentar la práctica y gestión favorable de los barbechos, habiéndose constatado su interés para la biodiversidad, por ejemplo, en el reciente proyecto Ganga de SEO/BirdLife que evaluaba la eficacia de estas medidas para las aves esteparias.

Ahora, en un momento en que se está terminando de perfilar lo que será la nueva PAC a partir de 2015, se presentan nuevas oportunidades de fomentar los barbechos como práctica de interés agronómico y una gestión específica para favorecer a las especies de interés para la conservación presentes en las estepas cerealistas. Dentro de los llamados nuevos “pagos verdes” se plantea la diversificación de los cultivos y el mantenimiento de superficies de interés ecológico en los cultivos herbáceos, y en esto los barbechos pueden jugar un papel importante. Asimismo, se mantiene como obligatoria la puesta en marcha de medidas agroambientales para contribuir a los diversos objetivos ambientales de la UE, entre los que se encuentra la conservación de la biodiversidad en general y de las aves esteparias amenazadas en particular.

Propuestas

Ante las evidencias de su interés agronómico podría entenderse que no es necesario un apoyo o fomento específico para la práctica del barbecho, pero el predominio del corto plazo en la actividad económica y las presiones ejercidas por las condiciones de las ayudas europeas no juegan a su favor. Por ello, y teniendo en cuenta además su valor para la conservación de la biodiversidad, desde SEO/BirdLife se plantean una serie de propuestas en relación con el fomento de los barbechos, en el contexto de esta nueva PAC.

Por un lado, los nuevos pagos verdes o greening deberían favorecer la práctica del barbecho al menos en su modalidad anual que, si bien tiene un valor menor, contribuye a la diversificación paisajística y la conservación del suelo. Paralelamente, a través de las medidas agroambientales del paquete de desarrollo rural, se puede fomentar una gestión más favorable de estos barbechos en cuanto a fechas de laboreo, tratamientos o incluso siembra de plantas mejorantes, así como la práctica de barbechos de larga duración, también con una gestión adecuada.

Cabría incluso plantear, para zonas o especies prioritarias como pueden ser los espacios de la Red Natura 2000, la práctica obligatoria del barbecho como parte del plan de gestión del espacio si se considera necesario para la conservación y/o recuperación de las especies presentes, ya que se podrían activar en ese caso los pagos compensatorios pertinentes previstos en los reglamentos europeos. De esta manera los agricultores pueden mantener la viabilidad económica de sus explotaciones mientras que contribuyen a los objetivos ambientales de los espacios en los que se ubican.




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