La Casa Azul

Un patio cordobés adornado con bellos mosaicos es el centro de este mágico contexto que alberga entre sus paredes varios proyectos colectivos que se enredan en uno común: la Casa Azul.

Cristina Contreras Jiménez, Ecologistas en Acción de Córdoba. Revista El Ecologista nº 79.

La Casa Azul [1] se integra en una antigua casa museo de un artista cordobés, Salvador Morera, y está en pleno casco antiguo de Córdoba, todo lo cual le da el primer toque mágico al espacio.

El segundo toque de magia se lo dan las personas que hacen posible este proyecto, quienes con ello desarrollan un trabajo de autogestión de sus vidas y que no solo aportan todas sus ganas y motivación, sino que ponen tanto cariño y cuidados que al entrar se siente un aire familiar, aunque sea la primera vez que se pisa ese espacio. Esto es muy importante. Si buscamos un cambio de este modelo que nos han hecho creer que es el único, solo lo alcanzaremos si invertimos tiempo y ganas en encontrar modos de hacer y de relacionarnos acordes con la nueva sociedad que buscamos: si queremos una sociedad más sostenible, tenemos que aprender a cuidar y respetar todas las formas de vida que nos rodean, incluyendo la diversidad humana.

Proyectos enlazados

La Casa Azul comprende varios proyectos que se complementan entre sí en este entramado de vidas y luchas:

  • Mimarte: es un espacio ocupado por personas que en su búsqueda de un proyecto de autogestión encontraron placer en la costura. Así, allí se confecciona ropa, complementos para la casa, compresas ecológicas y reutilizables, etc.
  • Relajarte: un rincón para gozar de los beneficios de un masaje, a través de distintas técnicas manuales y naturales, aportando al proyecto ese lado de cuidados desde el bienestar físico y la salud.
  • Biblioté: un tiempo y lugar para disfrutar de la mezcla de un buen té/café de comercio justo y/o ecológico con repostería casera, cuyos ingredientes son ecológicos casi en su totalidad. Además, cuenta con una biblioteca de libre acceso y espacio de intercambio de saberes.
  • Tianguis: es el proyecto que inició la andadura de la Casa Azul. Los intereses que aglutinaron a estas personas en un objetivo común son la agroecología, el consumo como una cuestión social y política y buscar nuevas formas de relacionarnos que permitan la autonomía y autogestión de nuestras vidas. Este colectivo gestiona la Ecocantina y los tianguis propiamente dichos: mercado artesanal y ecológico donde se recupera el valor de los productos poniéndole cara a quienes los elaboran, y que se celebra el tercer sábado de cada mes.
  • La vivienda: en la planta de arriba hay una vivienda amplia, donde conviven 6 personas que cuidan el espacio y que aportan gran parte del precio del alquiler; participan en las asambleas de la Casa Azul; comparten las inquietudes y cuestionamientos fundamentales del proyecto; ponen en marcha un huerto urbano en la azotea; y practican el consumo responsable en la vida cotidiana de la casa. Algunas de ellas, además, participan de los proyectos de la Casa Azul.

El funcionamiento de la Casa Azul cuenta con varios pilares que se van complementando para hacer posible este sueño-realidad. Hay un trabajo por comisiones para poder llevar a cabo las diversas tareas, que además permite visibilizar aquellas que parecían ocultas en la cotidianidad, y se reparten de manera equitativa; autofinanciación; asambleas interna (solo para la gente de la Casa Azul) y externas (abiertas a personas que participan directa o indirectamente en el proyecto, sin formar parte del “núcleo duro” de trabajo); y apertura del espacio a otras actividades.

Situarse en las polaridades

Y su objetivo de transformación se apoya, entre otras cosas, en varios cuestionamientos:

  • Local frente a global: búsqueda de que sean lo local, la cercanía y la cotidianidad las formas de relacionarnos.
  • Apoyo mutuo frente a competitividad: la autonomía, la transformación, la supervivencia y el buen vivir no son posibles sin apoyo mutuo.
  • Colectividad frente a individualidad: resignificar la necesidad individual como parte de una necesidad colectiva, construida en diálogo con las otras realidades y necesidades en juego.
  • Horizontalidad frente a verticalidad: reconociendo la coexistencia de diversas realidades, intereses y necesidades se busca el diálogo para encontrar puntos comunes.
  • Feminismos frente a patriarcado: la sostenibilidad de la vida frente a la lógica de la acumulación, mediante cuidados, trabajo comunitario y participación política.

Si a este caldo de cultivo sumamos que el entramado y la participación de colectivos y personas ha ido creciendo, el resultado es que los objetivos deseados desde un principio están viendo resultados. Es ahora un espacio imprescindible para la ciudad de Córdoba y sus alrededores. Lugar de encuentro y relación entre lo rural y lo urbano gracias a la posibilidad de intercambio que nos ofrece, pues no solo mediante los tianguis se abre la casa a la venta y trueque de productos artesanales, ecológicos y locales, sino que dos días a la semana podemos encontrar el reparto de cestas de verduras ecológicas y de pan artesanal y ecológico. Las cestas provienen de tres grupos, que son proyectos aparte pero enredados, de personas que desean vivir en el campo y hacen de ello su modo de subsistencia. Estos grupos son: la Micelia, la Luciérnaga y Somonte (finca ocupada en la provincia de Córdoba por jornaleras y jornaleros y el SAT). El pan, artesano, ecológico y local, en todas sus variedades, recibe el nombre de Pan de Vicio... y no es porque sí.

A partir de aquí nada baja el nivel de maravillas azulonas: quienes frecuentan el espacio, tanto colectivos como personas a nivel individual, transmiten un compromiso tal que una no puede salir de allí sin sentir que todo va por muy buen camino. Diversos colectivos pueden hacer uso del espacio tanto para organizar charlas, como talleres o asambleas y comidas/cenas y, cómo no, festejar lo que deseen.

Entre otros grupos, el de Ecologistas en Acción de Córdoba se beneficia una y otra vez del espacio, de su funcionamiento y de todos los cuidados que allí se reciben. Allí celebramos nuestras asambleas anuales, nuestras comidas colectivas, y numerosas actividades. La más constante es un ciclo variado que recibe el nombre de “Otoño verde en la Casa Azul”, donde incluimos proyecciones, tertulias, talleres y un largo etcétera de diversos temas, desde ecofeminismo hasta fractura hidráulica. De este modo, también procuramos apoyar el proyecto, pues entendemos que Córdoba y todo su movimiento social no serían lo mismo sin este espectacular espacio y las magníficas personas que en él se integran.




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