Pitvi: un despilfarro de 140.000 millones en infraestructuras

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El Plan de Infraestructuras, Transporte y Vivienda (Pitvi) 2012-2024, que el Ministerio de Fomento ha sometido a información pública esta semana, apuesta de nuevo por una enorme inversión pública en autovías y alta velocidad ferroviaria. Ecologistas en Acción se pregunta cómo es posible que el Gobierno siga apostando por una política despilfarradora, sin justificación técnica y fuerte impacto ambiental. La burbuja de las infraestructuras, junto con la burbuja inmobiliaria, ha generado la tremenda deuda que se está haciendo pagar a la sociedad a base de recortes. Sin olvidar los escándalos de corrupción política ligados a estas grandes obras.

En la nueva versión del Pitvi dada a conocer ahora se plantean varios escenarios, optimista, conservador y desfavorable, que supondrían una inversión de 144.826, 132.11 o 119.720 millones de euros, respectivamente. Es decir, una cantidad superior en cualquiera de los escenarios a la suma de los recortes que se han aplicado a los servicios sociales.

Los dos capítulos a los que el Pitvi dedicará unas mayores inversiones son, precisamente, las líneas de alta velocidad ferroviaria y las autovías, a pesar de que el Estado español es récord en kilómetros de estas infraestructuras en la UE-28. El ferrocarril y las carreteras se llevarán el 39% y 29% respectivamente de las cantidades citadas. Buena parte de los fondos para grandes obras de estos últimos años se han conseguido a partir de créditos del BEI (Banco Europeo de Inversiones) aumentando aún más nuestra abultada deuda pública y contradiciendo el discurso oficial de austeridad.

Ecologistas en Acción considera que la mayor parte de las obras que se plantean carecen de justificación. Casi todas las autovías previstas, por ejemplo, no tienen una densidad de tráfico que justifique su desdoblamiento: los manuales hablan de que es sensato desdoblar una vía a partir de un tráfico de 15 o 20.000 vehículos al día y el Pitvi se plantea esta actuación para tramos que no llegan ni a los 2.000 vehículos diarios. Y, peor aún, se proponen de nuevo obras que ya han sido rechazadas por su fuerte impacto ambiental tras la evaluación correspondiente, como es el caso de las autovías Puertollano-Mérida, Toledo-Córdoba, etc.

En este mismo sentido, el de la irracionalidad de las inversiones, causa estupor que se proponga una nueva radial para Madrid, la R-1, cuando las otras 5 previamente existentes (R2, 3, 4 y 5, y AP41) están en concurso de acreedores y a punto de tener que ser rescatadas por el Estado.

Algo similar pasa con la alta velocidad ferroviaria. A pesar de que hay un consenso claro entre los economistas de que resulta ser un modelo ruinoso para el país, y de que la mayor parte de la gente no se puede pagar los billetes de este tren, se apuesta por el “AVE para todos”. Un solo ejemplo para mostrar el absurdo de las multimillonarias inversiones previstas: el Tribunal de Cuentas portugués decidió en 2012 no asignar fondos a la línea de alta velocidad frontera española-Lisboa porque este tren “no defiende el interés público y de los contribuyentes portugueses”, pero el Pitvi se plantea llevar la línea hasta la misma frontera con el país vecino, previa inversión de 2.600 millones de euros.

El Pitvi es una constante loa al papel de las infraestructuras para “contribuir a la reactivación económica” a través de “la liberalización de los mercados” –de hecho, esta palabra, “liberalización” se repite nada menos que 53 veces en el documento– olvidando que nuestra sobredotación de infraestructuras lejos de ser una ventaja económica es de facto un tremendo agujero financiero, que no parece que queramos dejar de ahondar.

Para Ecologistas en Acción resulta difícil entender una política de transporte tan despilfarradora de fondos públicos, tan destructora del territorio y del medio ambiente y tan inútil para mejorar la calidad de vida de la mayor parte de la gente. Sin embargo, los “papeles de Bárcenas” sí que dejaban presuntamente claros unos intereses oscuros para que se llevasen a cabo estas inversiones. Quizá ahí esté la explicación de porqué el Gobierno sigue empeñado en una política de infraestructuras tan ruinosa y demencial.




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