Contaminantes ambientales y cáncer

Una asociación evaluada para más de 900 agentes.

Cristina Villanueva Belmonte y Gemma Castaño Vinyals, CREAL, Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental, Alianza ISGlobal. Revista El Ecologista nº 82.

Los contaminantes pueden estar presentes en el ambiente tanto por un origen natural como antropogénico. La relación entre la exposición a esta contaminación y el cáncer se viene investigando desde hace años. En el artículo se resume la evidencia científica para los contaminantes más habituales, tomando como referencia los criterios de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer.

La posible relación entre la exposición involuntaria a algunos contaminantes presentes en el medio ambiente y el desarrollo de cáncer se lleva investigando desde hace años. El organismo de referencia en este ámbito es la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), que forma parte de la Organización Mundial de la Salud. Una de las funciones de la IARC es evaluar factores ambientales que pueden aumentar el riesgo de cáncer. A través de expertos, reúne y resume toda la evidencia científica de estudios experimentales en animales y estudios observacionales en poblaciones de personas.

Después de una evaluación crítica de la metodología y los resultados de los estudios, emite conclusiones sobre el grado de evidencia científica y clasifica los compuestos en diversas categorías:
- grupo 1 si el agente es cancerígeno en humanos (la evidencia científica es sólida y concluyente),
- grupo 2A si el agente es probablemente cancerígeno (evidencia sugestiva pero no concluyente, existen limitaciones en los estudios),
- grupo 2B si es posiblemente cancerígeno (evidencia más débil que en el caso de 2A),
- grupo 3 si no existe suficiente evidencia y el agente no es clasificable como cancerígeno,
- y 4 si el agente probablemente no es cancerígeno en humanos.

Esta información sirve de referencia para promover acciones destinadas a prevenir la exposición en la población. Desde 1971 se han evaluado más de 900 agentes, incluyendo exposiciones ambientales, ocupacionales, mezclas de sustancias, agentes biológicos, radiaciones, estilos de vida, etc. A continuación se resume la evidencia científica actual para los contaminantes ambientales más habituales.

Contaminación atmosférica

Aunque muchas veces los estudios se basan en unos compuestos o sustancias específicas presentes en el aire, debemos ser conscientes de que la contaminación atmosférica es una mezcla compleja de diferentes contaminantes, tanto de origen natural como antropogénico, entre los que se encuentran gases y también partículas que se clasifican según su tamaño. Además, esta mezcla es cambiante en el espacio y en el tiempo, lo que muestra tanto la diversidad de fuentes como los efectos de los procesos atmosféricos como la oxidación y el clima.

En líneas generales, durante los últimos años, la contaminación ha disminuido en los países occidentales pero ha aumentado en los países en desarrollo. La contaminación atmosférica y la materia particulada de esta se consideran cancerígenas. Esta evaluación se basa en resultados de estudios epidemiológicos que asocian la exposición con el cáncer de pulmón, aún y cuando los niveles de contaminación observados están por debajo de lo que marcan actualmente las directrices establecidas. La relación de la contaminación con el cáncer de vejiga también se ha estudiado pero los resultados no son tan consistentes como con el cáncer de pulmón.

Un tipo de contaminación atmosférica específica que cabe mencionar en un apartado distinto es la de los humos de combustión de motores diésel y gasolina. Las emisiones producidas por estos tipos de motores son complejas, y varían en su composición tanto cualitativa como cuantitativamente debido a varios factores, como el tipo de combustible, el tipo y edad del motor, el estado de mantenimiento, el sistema de control de emisiones y el patrón de uso. En las últimas décadas las emisiones de vehículos se han rebajado gracias a las políticas restrictivas que se han ido imponiendo. Los humos de combustión diésel se han relacionado principalmente con un aumento del riesgo de cáncer de pulmón, y por eso se han considerado carcinógenos (grupo 1). Los estudios que se han considerado para hacer esta clasificación se han hecho en trabajadores expuestos a este tipo de humos, como mineros, conductores de camiones o conductores de trenes. Respecto a los humos de combustión de motores de gasolina, están clasificados como posibles carcinógenos (grupo 2B), puesto que las evidencias no son tan claras, y el número de estudios es más escaso, con la dificultad añadida de que es difícil separar el efecto de los humos gasolina y humos diésel.

Exposición involuntaria a humo de tabaco

La exposición involuntaria (pasiva) a humo de tabaco es una mezcla del mismo humo inhalado por los fumadores activos más el humo secundario de combustión de tabaco. El humo de tabaco secundario contiene gas y partículas sólidas y su composición es variable. Los fumadores pasivos inhalan cancerígenos y compuestos tóxicos como benzeno, 1,3-butadieno, benzo[a]pyreno, 4-(methylnitrosamino)-1-(3-pyridyl)-1-butanony, entre otros. Los estudios realizados proporcionan suficiente evidencia de que la exposición involuntaria a humo de tabaco es causa cáncer de pulmón en humanos (grupo 1 IARC).

Contaminantes del agua

De todas las sustancias químicas que pueden estar presentes en el agua de consumo, solo el arsénico es considerado de manera concluyente como cancerígeno. El arsénico en el agua tiene un origen principalmente natural, debido a la circulación del agua a través de formaciones geológicas ricas en minerales que contienen arsénico. Se encuentra en concentraciones muy elevadas en agua de pozo en algunos lugares del planeta como Bangladesh, Taiwán y Chile, donde la exposición crónica a concentraciones elevadas causa cáncer de pulmón, vejiga y piel, entre otras enfermedades. En España, los niveles en agua de consumo son generalmente bajos y no representan ningún riesgo para la salud.

El nitrato puede estar presente en el agua de consumo como resultado del uso de fertilizantes en agricultura y residuos ganaderos. Los niveles pueden ser altos en agua de pozo en zonas agrícolas y ganaderas. El nitrato en sí mismo no es cancerígeno, pero una vez en el organismo se metaboliza y puede originar sustancias que sí son cancerígenas, como las nitrosaminas. Algunos estudios han relacionado el nitrato en agua de consumo con algunos tipos de cáncer pero los resultados son contradictorios. La investigación del nitrato en agua es compleja, ya que implica una activación metabólica difícil de evaluar y está modulada por múltiples factores como la ingestión de vitaminas y la presencia de algunas infecciones. Además, la dieta es una vía muy importante de ingestión de nitrato (verduras de hoja verde, carnes, embutidos, etc.). El nitrato ingerido en condiciones que favorecen la nitrosación endógena está clasificado como probable cancerígeno por la IARC (2A).

Los subproductos de la desinfección representan una exposición ambiental ubicua, ya que el agua de suministro público necesita ser desinfectada para eliminar microorganismos patógenos. Los subproductos de la desinfección más conocidos son los trihalometanos (THM), pero más allá de los THM hay centenares de subproductos y el nivel de THM se suele interpretar como un indicador de la carga total de subproductos de la desinfección. La exposición crónica durante décadas a concentraciones elevadas se ha relacionado con cáncer de vejiga, aunque todavía no se ha aceptado concluyentemente por la comunidad científica. Los subproductos de la desinfección evaluados por la IARC incluyen los THM, ácidos haloacéticos, acetonitrilos halogenados, hidrato de cloral, MX, bromato y clorito. Los niveles en España han bajado considerablemente desde 2003, a partir de la legislación que regula la calidad de las aguas de consumo.

Otros contaminantes del agua evaluados por la IARC incluyen el flúor y la microcistina-LR. El origen del flúor puede ser natural o antropogénico. Los países que se encuentren en el valle del Rif (África) tienen niveles elevados debido a un origen geológico natural. Por otro lado, algunos países desarrollados añaden flúor en el tratamiento del agua como medida de prevención de la caries. Algunos estudios han evaluado la relación entre niveles de flúor en agua y cáncer de huesos (osteosarcoma) pero metodológicamente tienen limitaciones y la evidencia científica de potencial cancerígeno del flúor en agua es inadecuada. Está clasificado dentro del grupo 3 de la IARC.

La microcistina-LR es una toxina producida por algas verdes (cianotoxinas) que proliferan en situaciones de eutrofización de las aguas. La microcistina-LR es altamente tóxica, pero muy pocos estudios han evaluado su potencial cancerígeno en humanos y es clasificada como posiblemente cancerígena (2B) por la IARC. Afortunadamente es poco habitual y en los pocos casos que se da se trata de un problema puntual. Además puede ser eliminada por algunos tratamientos de potabilización.

Otros contaminantes químicos pueden estar presentes en el agua de consumo, pero han sido muy poco estudiados en relación a su posible relación con el cáncer.

Radiaciones

La radiación tiene un amplio espectro de energía que forma el espectro electromagnético. Este se divide básicamente en dos: radiaciones ionizantes y radiaciones no-ionizantes. La primera incluye radiación tipo Rayos X o Gamma, partículas alfa y partículas beta; la segunda incluye la luz visible, las microondas y las ondas de radio.

Por lo que se refiere a la radiación ionizante, todos los tipos se consideran carcinógenos, asociándose a diferentes cánceres. Uno de los ejemplos más claros se dio después del accidente de Chernóbil, donde se observó un claro incremento del cáncer de tiroides en niños y adolescentes debido principalmente a la exposición con yodo-131 (partículas beta), debido probablemente a la ingesta de leche, a una elevada dosis de yodo-131 en la tiroides por la ingesta de leche, a una mayor susceptibilidad de esta población, o a una combinación de estos factores. Estar expuesto a rayos X y rayos Gamma está asociado con tumores en múltiples sitios. Este tipo de radiación también se ha asociado con un aumento de cáncer de los niños si las madres tuvieron exposición durante el embarazo.

Otro tipo de radiación muy común y que no debemos olvidar es la radiación solar, compuesta tanto de radiación ionizantes (ultravioleta) como no-ionizantes (visible) y que se asocia particularmente al cáncer de piel, debido a los rayos ultravioletas A y B. En este sentido, cabe destacar el aumento en los últimos años del uso de rayos UVA artificiales, especialmente entre mujeres jóvenes. El uso de este tipo de dispositivos está claramente asociado a un incremento significativo de melanoma cutáneo (cáncer de piel maligno) si el uso empieza antes de los 30 años de edad, por lo que estos dispositivos se han clasificado como carcinógenos.

Respecto a las radiaciones no-ionizantes, la mayor preocupación se centra en los campos electromagnéticos (CEM) de radiofrecuencia, como los que generan los teléfonos móviles, los teléfonos inalámbricos o el Bluetooth. Este tipo de radiaciones induce campos eléctricos y magnéticos y corrientes asociadas dentro de los tejidos. Lo que más importa en estos campos inducidos es la distancia de la fuente de radiación al cuerpo y el nivel de potencia resultante. Por lo tanto, hacer una llamada de voz con un teléfono móvil puede conllevar una tasa de absorción de energía de radiofrecuencia en el cerebro, y esta deposición de energía es mayor en niños. El uso de dispositivos tipo manos libres reduce considerablemente la exposición.

Teniendo en cuenta todos estos factores, los diversos estudios que se han realizado no han llegado a una conclusión firme sobre la asociación entre campos electromagnéticos y el cáncer cerebral, por lo tanto, los CEM se han clasificado como posibles carcinógenos (grupo 2B). Dado que los estudios existentes tienen limitaciones, sería recomendable utilizar el principio de precaución: utilizar dispositivos de manos libres mientras se haga una llamada de voz, lo que reduce a un 10% la exposición en el cerebro respecto a su uso en la oreja.

Policlorobifenilos (PCB) y polibromobifenilos (PBB)

Los PCB son un grupo de compuestos aromáticos que contienen de uno a diez átomos de cloro unidos a un núcleo bifenilo. Debido a su alta estabilidad térmica y resistencia a la inflamación se han utilizado como fluidos dieléctricos en sistemas en condensadores y transformadores eléctricos. Su producción y uso se prohibieron en los años 80 del pasado siglo. Sobre la base de la evidencia suficiente del potencial cancerígeno en humanos y animales de experimentación, la IARC evaluó en 2013 los PCB como cancerígenos en humanos (grupo 1).

Los PBB tienen la misma estructura molecular que los PCB, con átomos de bromo en lugar de cloro. Se han utilizado principalmente como retardantes de llama en los años 70, pero su producción ha sido parada en la mayoría de países. De manera similar a los PCB, los PBB son altamente lipofílicos, se bioconcentran y bioacumulan, y están presentes en todo el planeta. A pesar de que han recibido menos atención y se han hecho menos estudios que sobre los PCB, los datos disponibles indican que los PBB muestran efectos tóxicos y cancerígenos a través de las mismas vías que los PCB. A pesar de que existe evidencia inadecuada en humanos, sobre la base de estas similaridades con los PCB, los PBB son considerados como probablemente cancerígenos en humanos (2A) por la IARC.

Dioxinas y furanos

Las policlorodibenzo-para-dioxinas (PCDD) y policlorodibenzofuranos (PCDF) son compuestos formados como subproductos en la producción de herbicidas clorados y en procesos térmicos como la incineración, el procesamiento de metal y el blanqueo de pulpa de papel con cloro. Existen diferentes congéneres de dioxinas y furanos y su concentración relativa es variable. Las dioxinas son ubicuas en el suelo, sedimentos y aire. Si excluimos la exposición ocupacional o accidental, la mayor parte de la exposición humana es a través de la dieta (carne, leche, huevos, pescado y productos relacionados), ya que las dioxinas son persistentes en el ambiente y se acumulan en la grasa animal. La dioxina más tóxica es el congénere 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-para-dioxina y los estudios en animales muestran que es cancerígena. La evidencia en humanos es limitada, pero sobre la base de que causa cáncer en múltiples órganos en animales y de que los mecanismos moleculares son iguales en humanos, la IARC concluyó en 1997 que dicha dioxina es cancerígena para las personas (grupo 1). La evidencia para el resto de dioxinas y furanos es inadecuada y no son clasificables como cancerígenos en humanos (grupo 3).

Conclusiones finales

Los contaminantes pueden estar presentes en el ambiente tanto por un origen natural como antropogénico. Las personas podemos estar expuestas a diversos contaminantes y en diferente grado, y la biología humana dispone de mecanismos de reparación siempre y cuando los niveles se mantengan dentro de unos niveles. Sería en episodios de elevada exposición o durante periodos prolongados de exposición cuando los mecanismos de reparación resultan insuficientes, conllevando a un posible aumento del riesgo de cáncer.

También hemos de tener en cuenta que hay factores que sí podemos controlar a nivel individual y que modifican el riesgo de desarrollar cáncer, incluso en mayor medida que las exposiciones ambientales. Por ejemplo, el tabaco causa cáncer en múltiples órganos, mientras que una dieta rica en fruta y verdura reduce el riesgo de desarrollar cáncer. Las personas, independientemente de nuestro derecho a vivir en entornos sin contaminación, tenemos la responsabilidad individual de elegir estilos de vida saludables si queremos prevenir enfermedades.

Referencias
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