Reservas de hidrocarburos en el Estado español

Las falsas promesas de la industria para apuntalar un modelo energético insostenible.

Rodrigo Irurzun, responsable de Energía de Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 82.

La industria española del gas y del petróleo tiene los días contados. Precisamente por ello ha pasado a una fase de acoso y derribo donde todo vale: desde la destrucción de la vida y la biodiversidad, las graves afecciones sociales y medio ambientales provocadas por sus actividades de búsqueda y extracción de hidrocarburos no convencionales, o la puesta en riego de actividades económicas tradicionales como la pesca, la ganadería, la agricultura o el turismo. Pero sobre todo, destacan los engaños a que tienen sometida a la sociedad y a la clase política con las falsas promesas del autoabastecimiento energético y la existencia de grandes reservas, las cuales se analizan en el artículo.

En octubre de 2011 el entonces lehendakari Patxi López anuncia a bombo y platillo durante una visita a Dallas el hallazgo de un gran yacimiento de gas de esquisto en Euskadi, con una cifra de 185.000 metros cúbicos, capaces de abastecer durante 60 años la demanda de Euskadi. Sorprende la rotundidad con que se daba la cifra y como se magnificaba la noticia, sin una investigación a fondo que incluyera sondeos exploratorios y que cuantificase cuánto gas recuperable había en la zona, de qué calidad y a qué precio.

En la misma línea, un informe de la ACIEP (Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo), estimaba en 2013 los “recursos prospectivos”, es decir, aquellos que sería posible que hubiera, en unas cantidades de gas que abastecerían el consumo en el Estado durante 65 años al ritmo actual [1].

Hay que advertir que estos estudios son probabilísticos y muchas veces especulativos, por lo que más que una garantía son un instrumento mediático utilizado por la industria y los políticos que la apoyan. Muy poco después de que ese estudio viera la luz, un informe de la Agencia de Información de la Energía de Estados Unidos (EIA) sobre reservas de gas no convencional a nivel mundial rebajaba a la quinta parte las posibles reservas de gas en la zona [2]. La enorme diferencia entre ambos estudios estriba en que el primero estudia la presencia de recursos prospectivos, mientras que el segundo habla de reservas recuperables, aunque también desde un punto de vista probabilístico y especulativo.

Ante tales estudios y anuncios por parte de la industria cabe hacerse dos preguntas: ¿Por qué el interés reciente en explotar los recursos no convencionales? ¿Qué cantidad y calidad de hidrocarburos alberga el subsuelo del Estado español?

Recursos fósiles no convencionales o la huida hacia adelante de una industria en declive

Desde hace varios años se viene advirtiendo desde distintas instituciones que se ha alcanzado, a nivel mundial, el techo de extracción del petróleo convencional, y de que a este le sucederá en unos años el techo de extracción del gas. Sin embargo, la sociedad industrial, fuertemente dependiente de estos combustibles, no cesa de incrementar su demanda, habiendo crecido la de petróleo en un 25% en los últimos 25 años y la de gas natural prácticamente en un 100% en el mismo periodo. Especialmente significativos son los aumentos de demanda observados en las regiones Asia-Pacífico (especialmente China e India), Centroamérica y Sudamérica, y Oriente Medio (figura 1).

Figura 1: Demanda mundial de petróleo (millones de barriles diarios) y gas natural (miles de millones de metros cúbicos anuales), desde 1987 hasta 2012. Fuente: BP statistical Review of World Energy 2013

Ante esta situación, los precios han ido al alza hasta superar, en moneda constante, los de las peores crisis del petróleo (años 70 del siglo XX), y la maquinaria de la industria no hace sino seguir explotando las reservas menos accesibles, de peor calidad, y con mayores impactos ambientales y sociales, los hidrocarburos no convencionales, ya sean petróleo y gas en aguas profundas, aguas polares, petróleo de arenas bituminosas y petróleos extrapesados, o petróleo y gas mediante técnicas de fracturación hidráulica.

En una loca carrera hacia adelante, las empresas de exploración y explotación de hidrocarburos, antes que asumir un escenario de falta de reservas que las llevaría a reinventarse o bien a la quiebra, deciden ponerse manos a la obra y pergeñar una campaña mediática basada en la continuidad del modelo de explotación de la naturaleza y consumo creciente. El discurso se basa en dos ejes fundamentales. El primero es el de la existencia de grandes reservas sin explotar que, gracias a las tecnologías mejoradas, son accesibles hoy en día. El segundo es el de la fe ciega en la tecnología y en el ingenio humano, que resolverá, cuando llegue el momento, cualquier problema que se le presente.

Cualquiera de los dos ejes de discurso cae si se analiza objetivamente las limitaciones técnicas, sociales y económicas del modelo económico vigente, y si, alejándonos de la visión antropocéntrica del mundo, entendemos que el ser humano es más dependiente para su supervivencia en condiciones dignas de los servicios que proporciona la naturaleza y de un medio ambiente sano, que de los combustibles fósiles que contribuyen a destruir la base de nuestro sustento (aire, tierra y agua de calidad, biodiversidad y equilibrio ecológico).

El Estado español: un enano entre gigantes, jugando a un juego que no puede ganar

El Estado español importó en el año 2012 el 86,5% de la energía primaria que consumió [3]. El 42% de la energía primaria que se consume es petróleo y derivados, mientras que el 22% es gas natural (tabla 1).

Tabla 1: Demanda y autoabastecimiento de energía primaria en el Estado español en 2012. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de [3]. Se ha considerado la nuclear como una fuente energética no autóctona.

Energía Demanda (ktep) Producción (ktep) Autoabastecimiento (%)
Carbón 12.456 2.287 18,4
Petróleo 58.317 101 0,2
Gas natural 28.930 45 0,2
Nuclear 15.024 0 0
Hidráulica 2.631 2.631 100
Eólica, solar y geotérmica 5.226 5.226 100
Biomasa, biocarburantes y residuos 7.280 5.615 77
Saldo imp-exp -524 - -
Total 129.340 15.905 12,3

Desde finales de la década de 1970 en el Estado español se comenzaron a realizar prospecciones de petróleo y gas, pero estas nunca han supuesto un volumen suficiente para lograr un grado apreciable de autoabastecimiento. Los yacimientos se han ido agotando, con ritmos de extracción con características curvas de Hubbert (figuras 2 y 3). En la actualidad se importa el 99,8% del petróleo y del gas que se consume, lo que conlleva una dependencia total de los precios y disponibilidad de los combustibles en el mercado internacional.

Figura 2: Evolución de la extracción de petróleo en el Estado español, por yacimientos (toneladas) y energía primaria total (ktep). Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Figura 3: Evolución de la extracción de gas natural en el Estado español, por yacimientos (Nm3) y energía primaria total (ktep). Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

A lo largo de la última década se han venido solicitando y concediendo permisos de investigación y explotación de gas convencional y no convencional, previsiblemente explotable mediante fracturación hidráulica, y de petróleo, en los yacimientos existentes en la costa de Tarragona, pero también en el Golfo de Valencia, en el litoral andaluz y en la costa de las Islas Canarias.

Según el mencionado informe de la ACIEP [1], los mayores recursos de petróleo se encontrarían en las costas de las Islas Canarias, con 1.200 millones de barriles. El golfo de Vizcaya y el de Valencia albergarían 313 y 272 millones de barriles, respectivamente. En cuanto al gas, la mayor cantidad se encontraría también en las costas de las Islas Canarias (226 miles de millones de metros cúbicos, bcm) seguido por el golfo de Valencia (110 bcm).

El grado de incertidumbre de los informes de la ACIEP y de la EIA es alto, y aun en el caso de que el gas y el petróleo recuperable estuviera en el entorno de lo apuntado por las compañías de extracción, el grado de dependencia del Estado español respecto de las importaciones de petróleo y gas seguiría siendo muy alto (75%-85%).

En el caso de los yacimientos de Canarias se habla de unas posibles reservas en torno a los mil millones de barriles, con un ritmo de extracción de 144.000 barriles diarios, unos 7,7 Mtep al año. Esto es un 13% del consumo anual en el año 2012 y menos del 11% al ritmo de consumo del año 2007 (año de mayor consumo histórico). El yacimiento, de ser ciertos los datos, tendría una vida de entre 20 y 25 años, con ritmos variables de extracción.

La extracción de gas seguiría probablemente un ritmo similar, agotando las reservas en el mismo periodo de tiempo, y con el agravante de los descensos bruscos de extracción en los pozos operados mediante la técnica de fracturación hidráulica, lo que obligaría a la perforación de miles de pozos, a continuas operaciones de fracturación de los pozos existentes, con los riesgos asociados de pérdida de territorio, contaminación, fugas de gas o movimientos sísmicos.

Seamos realistas. El Estado español no tiene apenas recursos fósiles, y por lo tanto nunca va a poder autoabastecerse de forma significativa a no ser que su consumo se reduzca a menos de la décima parte del actual. Este hecho, junto con el incremento previsible de los precios internacionales de los hidrocarburos fósiles y la necesidad de un cambio en el modelo energético derivado del calentamiento global, indican que el Estado español (y también el resto del mundo) deberían centrar sus esfuerzos en reducir de forma importante su consumo de combustibles fósiles en lugar de invertir en la búsqueda y explotación de nuevos yacimientos [4].

La cuestión es si el modelo energético al que se pretende dar continuidad tiene algún sentido económico y social. Las perspectivas son de un incremento continuado en los precios. De forma que, incluso en el mejor de los casos en el que se consiguieran unos ratios de autoabastecimiento como los analizados o incluso mayores, del orden del 15% de petróleo y 20%-25% de gas, el Estado español seguiría siendo fuertemente dependiente de las importaciones de hidrocarburos y de los incrementos en sus precios en los mercados internacionales.

Más aún, en el momento en que las escasas reservas dieran muestras de agotamiento tanto a nivel interno como internacional, el impacto en la economía se dejaría sentir con mayor incidencia que en un escenario de menor dependencia energética. Esto mismo puede ocurrir en caso de conflictos económicos, políticos o militares en países exportadores.

Por otro lado, todo el proceso de la exploración, investigación, producción y transporte de hidrocarburos produce una amplia gama de impactos y presenta una grave amenaza hacia los ecosistemas marinos y terrestres, desde los sonidos explosivos utilizados durante la fase de exploración, que afectan gravemente a la fauna marina, en especial a los cetáceos, pasando por los posibles derrames o fugas de crudo, hasta la quema de los combustibles generando CO2 y otros gases contaminantes.

La necesidad de no explotar los recursos fósiles

La lucha contra el cambio climático hace necesario transitar hacia un modelo económico y social bajo en emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. El CO2 proveniente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) es el principal causante del calentamiento global. Limitar el incremento de temperatura por debajo de los 2 ºC implica dejar en el subsuelo, hasta el año 2050, al menos las dos terceras partes de las reservas conocidas de combustibles fósiles, según la Agencia Internacional de la Energía [5]. Según los estudios más recientes, se debería plantear escenarios incluso más exigentes, tendentes a no superar 1,5 grados de incremento de la temperatura media global, lo que nos sitúa en la necesidad de dejar bajo tierra la mayoría de las reservas fósiles.

Pero no basta con dejar en el subsuelo los combustibles fósiles. Sin una política de abandono del consumo de estos, el Estado español se ve obligado a importar gas y petróleo de otros países. La mayoría del gas procedió en 2012 de Argelia (41%), Nigeria (15%), Qatar (12%) y Trinidad y Tobago (7%), mientras que el petróleo nos llegó de Méjico, Rusia, Nigeria y Arabia Saudí. La opción de no explotar los yacimientos de gas y petróleo en el Estado español no debe basarse en importar los recursos de países que en muchas ocasiones carecen de garantías democráticas, y que tienen incluso un mayor impacto tanto a nivel medioambiental como social, algunas veces con flagrantes violaciones de los derechos humanos.

La defensa de los recursos naturales en nuestros territorios debe ir acompañada con la reivindicación de un cambio radical en el modelo energético, de forma que se reduzca el consumo de gas y petróleo. En 2012 el consumo de petróleo fue un 24% menor que en 2007, y el de gas un 19% que en 2008 (años de los mayores consumos en el Estado español) (ver figura 4). Solo estas reducciones representan porcentajes similares o mayores que la posible explotación de los yacimientos autóctonos. Se debe aprovechar la crisis económica para impulsar una economía baja en carbono y no dependiente de los combustibles fósiles. De lo contrario, nuestra economía seguirá dependiendo de unos precios cada vez más caros y de la disponibilidad de unos recursos cada vez más escasos.

Figura 4: Evolución de la demanda de hidrocarburos fósiles en el Estado español. Elaboración propia a partir de datos de [3].




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