Andalucía necesita un cambio drástico en la política hidráulica

El nuevo gobierno debe impulsar una nueva cultura del agua

La situación a las que nos ha llevado la política de aguas que ha prevalecido en nuestro país, ha llegado al colapso. Más consumo, más recursos, más despilfarro; estos han sido los objetivos de una política hidráulica basada en el falso concepto de que el agua es un recurso ilimitado y que los ríos y acuíferos son meros depósitos de agua. La política hidráulica en nuestro país no puede seguir basándose en el aumento constante de la regulación de los ríos, por medio de la construcción de embalses y trasvases; la gestión tiene que pasar a primer plano para acabar con el despilfarro de los recursos hídricos. Este fracaso de la política hidráulica en Andalucía queda patente si se tienen en cuenta las graves consecuencias que han provocado los periodos de sequía y los de altas precipitaciones: cuando no llueve padecemos drásticas restricciones y cuando lo hace sufrimos graves inundaciones.

El tópico de la Andalucía seca y sedienta, con escasos recursos hídricos es totalmente falso; la Andalucía que demanda más y más agua debe quedar en el pasado. Nuestra comunidad dispone de más de 5.000 hm3 de agua al año, más que suficientes para garantizar los abastecimientos y el buen funcionamiento de los ecosistemas acuáticos. Cada andaluz dispone de más de 800.000 litros al año, muy superior a los de la mayor parte de los países comunitarios. Es evidente que el mero aumento de recursos no ha llevado a una solución de los déficits existentes. Mientras que no se garantice un nivel de gestión racional y sostenible del recurso agua, cualquier solución -incluida la de los embalses y trasvases- no será tal, pues los déficits de agua se vuelven a reproducir ante la mala gestión existente y la demanda galopante y descontrolada de agua. Además, aumentar la oferta de recursos hídricos sin domeñar la demanda, genera unas expectativas de incremento en los consumos claramente insostenibles y en muchos casos ilegales. La escasez de agua en Andalucía es una escasez provocada por la mala gestión y el crecimiento desmesurado e incontrolado de los regadíos y, más recientemente, de grandes urbanizaciones y campos de golf.

Por ello Ecologistas en Acción entiende que ha llegado el momento de hacer un cambio drástico en el rumbo de la política hidráulica. En Andalucía no hacen falta más embalses ni trasvases, necesitamos promover una Nueva Cultura del Agua que lleve el agua aquellos sectores social y ambientalmente sostenibles, disminuyendo las hectáreas de regadío eliminando los regadíos ilegales y los no rentables económica, social y ambientalmente, mejorando la eficiencia del uso del agua, depurando y reutilizando las aguas residuales, restaurando los ríos y demás ecosistemas acuáticos, reforestando las cuencas fluviales, gestionando racionalmente los acuíferos... Los tiempos están cambiando y se hace necesario plasmar una Nueva Cultura del Agua que garantice el uso sostenible de este recurso vital y estratégico y la conservación de los valiosos ecosistemas ligados a los ríos y a las zonas húmedas, que contemple al agua como un patrimonio natural limitado que hay que preservar. Ecologistas en Acción propone la reelaboración del Plan Hidrológico Nacional que entienda el agua como un recurso vital y estratégico para el sostenimiento del la vida en el planeta y no como un mero recurso económico, interviniendo en su gestión todas las administraciones y todos los sectores sociales implicados.

La política hidráulica debe democratizarse en nuestro país; consenso, democratización y participación deben instaurarse como principios básicos en la gestión del agua. Hay que reformar las Confederaciones Hidrográficas para que dejen de ser monstruos administrativos ineficaces al margen del control social. Los Consejos de Agua de cada cuenca y el Consejo Andaluz del Agua deben ampliar su composición y competencias y convertirse en órganos efectivos que diseñen y apliquen la nueva política de aguas que necesita Andalucía.

Ecologistas en Acción valora positivamente el cambio acaecido en el Ministerio de Medio Ambiente y espera de sus nuevos responsables -la ministra Cristina Narbona y el director general de Aguas Juan López Martos- que apoyen este cambio histórico. Entre las primeras medidas de este Ministerio esperemos que se contemple la paralización de las grandes obras hidráulicas -estén empezadas o no- y la derogación del PHN, para que pueda desarrollarse el prometido debate público donde se consensúe un nuevo Plan Hidrológico que evite los graves impactos ambientales y los conflictos sociales que han traído las políticas promovidas por el gobierno del PP. A la ya anunciada paralización del trasvase del Ebro, hay que unir la paralización de proyectos de embalses en Andalucía tan innecesarios como impactantes sobre el medio ambiente como son Breña II, Melonares o Cerro Blanco, y de obras tan incomprensibles como el túnel de desecación de la laguna de La Janda. También deben ser sometidas a revisión concesiones de agua al margen de la legalidad y de los planes hidrológicos de cuenca, como es la realizada por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir a Iberdrola para la central térmica de Arcos (Cádiz), nada menos que 6 millones de metros cúbicos al año.....

Nos tememos que a este cambio no sólo se opondrán la derecha política y los sectores económicos que se aprovechan de la especulación agrícola y urbanística, sino los sectores más retrógrados del PSOE andaluz, firmes defensores de políticas de aguas basadas en el hormigón y la especulación.




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