Ante la crecida del Ebro

Ante la situación de emergencia que están sufriendo nuestras vecinas y vecinos por las inundaciones del río Ebro, Ecologistas en Acción de Zaragoza quiere expresar lo siguiente:

  • El río tiene vida y hay que entender sus dinámicas. No se trata de adaptar el río y tratar de canalizarlo. Algo que es imposible. Sino adaptarnos nosotros, nuestras necesidades y nuestros aprovechamientos y actividades productivas a la propia dinámica fluvial, minimizando por otra parte los daños de las inundaciones sobre los cascos urbanos de las localidades ribereñas existentes con protecciones adecuadas. El río seguirá sedimentando donde tenga que hacerlo y donde le dejemos. Estamos en una llanura con muy poca pendiente, puede que haya tramos y fases de tiempo en los que el cauce se eleve, es normal y no se puede evitar.
  • Siempre hubo inundaciones y siempre las habrá. No debería ser un problema y aunque lo sea no tiene solución. El río siempre va a estar ahí (o eso esperamos) y siempre va a tener crecidas. El riesgo solo se reducirá reduciendo la exposición y la vulnerabilidad.
  • Los humanos hemos ocupado las llanuras de inundación de los ríos mediterráneos. Somos nosotros mismos los que nos ponemos en riesgo. Si construimos viviendas e infraestructuras o cultivamos en zonas inundables, somos nosotros los que nos ponemos en riesgo a nosotros mismos y a nuestras propiedades, salvo que hagamos cultivos compatibles con la inundación o que construyamos palafitos, es decir viviendas altas, con la planta por encima de la altura máxima de inundación, sostenidas sobre pilares y sobre un espacio diáfano sin tabiques, para dejar que circule al agua. A comienzos de siglo ni se construía ni se cultivaba tan cerca de los cauces, pero a partir de los años 60 ó 70 esto cambió con la “fiesta del ladrillo, la especulación y el urbanismo salvaje”.
  • El Doctor Alfredo Ollero, profesor de Geografía Física en la Universidad de Zaragoza y del Centro Ibérico de Restauración Fluvial, es decir, científico experto en ríos, escribía hace unos días: “Estamos de enhorabuena con una crecida del Ebro que renueva el río, mueve los sedimentos, limpia y mantiene a raya a las especies invasoras. Menos mal, porque en 2014 no hubo. Esto significa que 2015 va a ser un buen año para el río y las riberas y para nuestra salud ambiental”.
  • Los dragados son actuaciones muy agresivas, costosas, no traen soluciones permanentes y generan un impacto tremendo. Dragar es caro, inútil y contraproducente, además de ilegal. Se dragó en 2010 (Gallur, Cabañas) y en 2013 (Castejón, Novillas, Pradilla, Boquiñeni, Pina). ¿De qué ha servido? Dragar los ríos implica serios daños medioambientales para el ecosistema, entre otras razones porque el río, no solo es solo agua que se observa. Si lo que queremos es limpiar el río, la crecida es la que limpia.
  • Las riadas también nos traen sedimientos y limos que aseguran la fertilidad de la tierra. Algo importantísimo si queremos seguir viviendo de la agricultura en los pueblos. La falta de humus y rizomas en los campos de labor aragoneses, o sea, la pobreza de nuestros suelos por culpa de la agricultura intensiva hace que la tierra no cumpla su labor de retener agua lo que aparte de desertificar nuestros campos hace que el agua escape sin control en forma de escorrentías que dañan el suelo y lo erosionan y que inunde rápidamente la capa freatica. Es decir; el agua que pasaría poco a poco en un caudal uniforme se convierte en un torrente de agua después de las heladas y días de nieve que hemos tenido.
  • Los diques y embalses tienen muchas deficiencias en la gestión de crecidas e inundaciones. Hay que dejar espacio al río para desbordarse. El agua discurre tan constreñida que se inyecta la capa freática y se inundan también los campos de cultivo más lejanos al propio río. Los sistemas humanos de defensa son poco útiles y muchas veces contraproducentes en el río Ebro y otros ríos de llanura, es decir, no de montaña. Estudios científicos y técnicos realizados en todos los países desarrollados demuestran un continuo aumento en los daños económicos por inundaciones, pese al incremento de medidas estructurales (presas, diques, escolleras) para controlar las crecidas.
  • En cuanto a los embalses para reducir la punta de las crecidas -con desembalses parciales-, un sistema que "tiene ventajas y desventajas". De un lado, "se logra bajar la punta, pero la crecida sale escalonada y dura más tiempo, lo que suele causar inundaciones muy prolongadas que generan más daños en cultivos y zonas anegadas".
  • Ante las crecidas, el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de las confederaciones hidrográficas es "muy bueno" y permite predecir con suficiente antelación. Por eso creemos que en la Confederación Hidrográfica del Ebro no se están haciendo bien las cosas. Y señalamos directamente a su máximo responsable, Xabier de Pedro, del Par, que debería dimitir por tan penosa gestión. Tienen los medios, pero los usan mal. La gestión de la CHE debería ser más democrática y participada. Las declaraciones de Luisa Fernanda Rudi, presidenta del Gobierno de Aragón por el PP, son demenciales. Achacar los desalojos de personas a "un comportamiento extraño del río", decir que los técnicos no esperaban esta crecida, además de una insensatez es una mentira.
  • Científicos, ecologistas y personas con sentido común estamos cansadas de repetir cada año lo mismo, tratando de hacer pedagogía y poner sensatez donde solo hay electoralismo, demagogia e intereses particulares. Una vez más, desde la tele y la política profesional se da por hecho que el río, y sobre todo sus gravas y su vegetación, tienen la culpa de esta situación.
  • La Directiva Marco del Agua no la hemos redactado los ecologistas. Es una normativa europea aprobada y vinculante para los estados miembros. En ella no solo se indica que no se pueden hacer dragados y limpiezas irresponsables de los ríos. También se preocupa por la calidad biológica, estado biológico, manteniendo la biodiversidad, y de la calidad geológica, la dinámica de los ríos. Está pensada para mejorar la vida y la salud de las personas. Que no se nos olvide. La responsabilidad en el cumplimiento de esas normativas, en todo caso, no es de los ecologistas. En todo caso, es de una sociedad que ha dejado que unos políticos irresponsables, del PSOE, PP y Par, gobiernen con total desprecio a la gente y hacia la función medioambiental esencial del agua.

Ecologistas en Acción de Zaragoza pide que se tenga en cuenta a las personas que más saben de los ríos y se articule una verdadera gestión pública y común del río Ebro. Estas son algunas soluciones posibles:

  • La principal solución está en la ordenación del territorio. ¿Por qué no se cambian usos del suelo, por qué no se protege con seguros, por qué no se devuelve espacio al río, por qué no se compensa económicamente a los ribereños, por qué no nos adaptamos de una vez al río y sus crecidas?
  • Entre las alternativas menciona plantaciones compatibles con las inundaciones, por ejemplo choperas, o apostar por usos ganaderos.
  • Desde Ecologistas en Acción, hemos defendido una política más racional en relación a la gestión de los cursos fluviales, una política que compatibilice conservación y mejora, y a la vez unos usos sostenibles.
  • Durante el siglo XX, con la aparición de la maquinaria pesada que podía realizar dragados, roturaciones y motas de contención de las avenidas, el cauce se ha ido reduciendo y se ha propiciado la desaparición de los bosques de ribera, sotos que debido a su gran extensión podían laminar las grandes avenidas. Los bosques de ribera no eran vírgenes, estaban muy intervenidos, ya que tenían en su interior zonas de pasto e incluso algunos cultivos tanto forestales como agrícolas, pero a pesar de ello albergaban una biodiversidad muy rica. El ultimo gran soto se destruyó en 1983, el Soto de Vergara en Tudela, en su lugar se levantaron motas de defensa mal diseñadas que no son capaces de proteger los cultivos existentes.
  • Hay que dejar de diferenciar entre crecida ordinaria y extraordinaria, técnicamente es una tontería, y no debería depender solo del caudal superficial. El problema es que declarar ordinario o extraordinario computa económicamente. Si los daños son importantes, se alcance el caudal punta que se alcance, las ayudas deberían ser importantes. Y a ver si la administración se da cuenta pronto de que mantener este sistema sale muy caro y es capaz de hacer ordenación del territorio para reducir este gasto y este riesgo.
  • El actual Consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Modesto Lobón, del PP, debería sacar del cajón, desempolvar y aplicar el "Plan Medioambiental del Ebro y Bajo Cinca", elaborado en 2005 como respuesta a la riada de 2003, que ya fue consensuado científicamente para cambiar el enfoque y planteamientos sobre las riadas y sus consecuencias.
  • El otro día el secretario general del PSOE aragonés y candidato a presidir la DGA, Javier Lambán, echó la culpa de las inundaciones al "dogmatismo medioambiental". Estas declaraciones nos parecen gravísimas y un insulto al que quiero responder. El señor Lambán no se ha enterado aún, y ya lleva años viviendo de la política y de sus cosas, que el Ebro es un río, que las laderas donde ha de asentarse la nueva presa de Yesa son inestables por naturaleza y que los ecologistas solo dan fe de lo evidente.
  • Al Ayuntamiento de Zaragoza, en especial a Juan Alberto Belloch como alcalde y a Carlos Pérez Anadón, como aspirante y responsable de Urbanismo y más, también les señalaría como responsables de tanta irresponsabilidad. Además de todos los daños materiales, los peligros de la población y la falta de previsión y actuación efectiva. Como ejemplo, el depósito municipal de vehículos. Que vaya alguien a ver cómo está su coche, moto o bici, si se la ha llevado la grúa. Inundados por incompetencia.
  • Llevamos año tras año científicos, ecologistas y personas sensatas repitiendo lo miso sin que nadie escuche. Lambán y otros políticos acomodados están usando el río y el sufrimiento de la gente para sus intereses partidistas, electoralistas y cortoplacistas. Pero no son tiempos de hooliganismo, sino de sentido común. Ya vela de mentiras y de insensatez. Afortunadamente, sabemos que hay alternativas y podemos vivir felices junto a nuestros preciosos y preciados ríos vivos. Solo falta una gestión común coherente, sensata y razonable. Deseamos que se produzca un cambio de modelo. En eso estamos.

La tierra es nuestra casa y el río es nuestro amigo. Tenemos mucha suerte de vivir cerca del Ebro. Nuestra vida es mejor junto a él. No es nuestro enemigo. Y sabemos que si dañamos a la naturaleza, a nuestra casa, nos dañamos a nosotros mismos.

Desde 1950 las precipitaciones sobre el Pirineo han descendido en un 25%, y la temperatura ha subido dos grados. El cambio climático ya está aquí. Y aunque el Ebro esté dolido y atacado, sigue siendo el Ebro, un gran río.




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