Cooperativas eléctricas

Recuperando la soberanía energética.

Grupo Local de Som Energia – Energia Gara Bilbao [1] y Navarra [2]. Revista El Ecologista nº 86.

Una forma de recuperar autonomía en el ámbito energético es la de participar y apoyar a las cooperativas de energía renovable. El artículo hace un balance de la situación de dichas iniciativas en el Estado español y de las dificultades que están teniendo que superar, lo que no impide que cada vez sean más numerosas y mejor organizadas.

El estallido de la crisis ha provocado la caída de muchas máscaras y la concienciación de una parte significativa de la sociedad de que, a pesar de vivir en una autoproclamada democracia, en realidad nuestra soberanía para decidir qué y cómo consumimos está en realidad muy limitada. Esto ocurre en todos los aspectos de nuestra vida: alimentación, finanzas, información, o en el tema de este artículo: la energía.

Es por ello que parte de la sociedad está reaccionando para tratar de recuperar terreno en algunas parcelas de soberanía perdida. Así, se han multiplicado las cooperativas de consumo de productos agroecológicos y huertos urbanos, han aparecido medios de comunicación alternativos y se ha consolidado la banca ética cooperativa, entre otros ejemplos [3]. En este contexto, la energía, componente vital para el funcionamiento de nuestra sociedad industrial compleja, no ha sido una excepción [4].

La persistencia de la crisis combinada con la constante subida del precio de la electricidad en los últimos años (que ha situado la tarifa española entre las más caras de la UE), ha generado el escandaloso problema de la pobreza energética (16,6 % de los hogares, unos siete millones de personas, tuvieron que destinar una cantidad desproporcionada de sus ingresos a pagar facturas de luz y gas en 2012 [5]). En paralelo, documentos como el programa de televisión Oligopoly: el Juego de la Energía [6] han logrado difundir que la liberalización del sector eléctrico, impulsada desde los años 90, instauró de hecho un oligopolio con amplias ramificaciones en la estructura política del sistema bipartidista.

Así, las 5 grandes empresas de generación eléctrica (agrupadas en la poderosa Unesa, Asociación Española de la Industria Eléctrica) constituyeron en 2013 el 76 % de la generación, el 85 % de la comercialización y el 98 % de la distribución del país [7]. Entre sus prácticas se incluyen una gran influencia (por usar una expresión suave) sobre la legislación aprobada, una campaña de demonización de las renovables con objeto de proteger sus inversiones (principalmente centrales de ciclo combinado de gas natural), la manipulación de precios, o episodios esperpénticos como el de la central de Garoña (ver también los informes claros y concisos del Observatorio Crítico de la Energía [8]).

¿Qué son las cooperativas energéticas de energía renovable?

Estas se constituyen como cooperativas de consumo de energía eléctrica de origine renovable sin ánimo de lucro. Entre sus actividades destaca el objetivo de promover la generación de su propia energía comercializada (promoviendo criterios estrictos de sostenibilidad), con el fin de impulsar la transición energética en el Estado frente a las inercias del sistema y los intereses espurios. Entre sus principios destacan la transparencia y la democracia interna en la toma de decisiones. Para asegurar su independencia, se apoyan en sus propios socios o la banca ética para financiar los proyectos.

Así, estas cooperativas tienen el potencial de ser una herramienta para afrontar el declive de las energías fósiles convencionales y luchar contra el cambio climático. A pesar de que las energías renovables presentan una densidad energética significativamente menor que las fósiles, su desarrollo permite hacer de la necesidad virtud permitiendo evolucionar hacia un sistema de generación distribuida frente al sistema centralizado tradicional: la dispersión de la captación energética promueve así su democratización y el desarrollo local.

Un poco de historia y panorama actual en el Estado

Som Energia fue la primera cooperativa de este tipo en constituirse en el Estado español (Girona, diciembre de 2010). Lo que fue en su día fue un pequeño proyecto de vocación local impulsado por 150 socios fundadores, ha evolucionado hasta convertirse en una gran cooperativa de casi 21.000 socios y socias con una estructura descentralizada organizada por territorios y con unos 65 grupos locales activos [9]. Se pone el acento en el activismo y la innovación social mediante la organización de grupos de voluntariado que se encargan de promover los valores de las cooperativas pero también de informar sobre el actual modelo energético (estatal y global), la necesidad de la rápida transición energética y la participación en el tejido asociativo del territorio. En cuanto a generación eléctrica, dispone actualmente de 8 cubiertas fotovoltaicas y una planta de biogás en funcionamiento y acaba de lanzar el novedoso proyecto Generation kWh con el objetivo de promover inversiones en renovables basadas en un retorno energético en vez de financiero [10].

Paulatinamente, otras cooperativas han ido surgiendo en diferentes territorios del Estado: Zencer (Andalucía, 2011), Goiener (País Vasco, 2012), Enerplus/Solabria (Cantabria, 2013) o Nosa Enerxía (Galicia, 2014). La tendencia es imparable: a finales de 2014 surgió en Valladolid EnergÉtica y este mismo año se constituía en Soria Megara Energía (ver tabla 1).

A pesar de la voluntad de las cooperativas en generar la propia energía demandada por sus socios, los obstáculos e incertidumbre regulatoria que han afectado a las renovables en el Estado en los últimos años, en combinación con el éxito de estas cooperativas en su captación de nuevos socios, ha impedido alcanzar el objetivo de cubrir la demanda.

Tabla 1: Estadísticas de las cooperativas eléctricas existentes en el Estado español

Cooperativa eléctrica Año creación Área influencia Nº soci@s
(07/2015)
Nº contratos gestionados (07/2015) Energía facturada GWh (2014) [11] Generación propia % (2014)
Som Energia 2010 Estado 20.700 26.100 45 ≈ 6 %
Zencer 2011 Andalucía 850 [12] 1.010 [12] 3.3 -
Goiener 2012 Euskal Herria 3.350 3.235 3 0 %
Solabria [13] 2013 (Enerplus) Cantabria 60 30 0 -
Nosa Enerxía [13] 2014 Galicia 123 36 0 -
EnergÉtica [13] 2014 Castilla y León 146 - 0 -
Unesa [14] - Estado - 27.700.000
(dic 2013)
182.000 (2013) 112 % (2013)

Fuente: últimos datos estadísticos disponibles. En la última línea se comparan estas cifras con las de Unesa. Aún queda mucho por recorrer y muchos actores por aparecer.

Instrumentos para un objetivo común

El pionero desarrollo de Som Energia ha evolucionado hacia una organización por territorios de todo el Estado en grupos locales que, aprovechando la estructura organizativa existente, se han podido volcar rápidamente en las tareas de denuncia del oligopolio eléctrico y de difusión de la cooperativa y sus valores. La operación en el mercado eléctrico (estatal) requiere de una gran solvencia financiera, y en este sentido, un mayor número de socios y socias permite afrontar la situación con mayores garantías y además, ser más robusto en un mercado y regulación completamente dominados por el oligopolio [15]. Igualmente, una mayor base social permite disponer de un mayor músculo financiero a la hora de financiar proyectos de generación y un mayor potencial de realización de acciones coordinadas efectivas. Así, la flexibilidad y descentralización del modelo organizativo de Som Energia permite conservar las ventajas de la acción local en términos de interacción con otros actores sociales, búsqueda de proyectos, etc.

Por otro lado, las cooperativas como Goiener o Zencer con áreas de influencia más localizadas en determinados territorios, buscan un menor radio de acción promoviendo la implicación local en la estructura de funcionamiento de la cooperativa. De creación más reciente, su menor base social las hace económicamente más frágiles, debiendo actualmente invertir más recursos, en proporción, para cubrir sus costes. Por ello, las nuevas cooperativas (Tabla 1 [13]) necesitan alianzas temporales para poder contratar los servicios de comercialización en el mercado eléctrico. Además, la creación de una nueva cooperativa necesita de un trabajo voluntario muy grande durante meses, trabajo que solo aquellos colectivos más motivados y con músculo serán capaces de llevar a cabo con éxito. Aunque la viabilidad de la cooperativa depende de diversos factores (como el volumen de energía comercializada o la rentabilidad de la generación) esta depende de una gran masa social, del orden de los miles de socios.

Aunque urge transformar el sistema energético (desequilibrio balanza de pagos/crisis, escasez de recursos o cambio climático), hay que tener presente que la creación de un tejido cooperativo transformador y democrático tiene sus propias dinámicas (profundas pero típicamente más lentas). En efecto: vamos lentos porque vamos lejos. A pesar de los mayores retos a los que se enfrentan las nuevas cooperativas, su emergencia es una condición necesaria y lógica en el contexto de la transición energética hacia un modelo sostenible y democrático: la proliferación de estas cooperativas es una muestra de la madurez de nuestra sociedad frente a los retos que enfrentamos. En efecto, con una coordinación adecuada, la multiplicación de actores que empujen en la misma dirección aumentará la resiliencia del movimiento. Por ejemplo, un estudio reseñaba decenas de cooperativas de este tipo en Alemania a fecha de diciembre de 2013 [16].

Sin embargo, no hay que perder de vista que las empresas de Unesa aglutinan actualmente casi 30 millones de contratos y generan la mayoría de la energía consumida en el país (ver Tabla 1), por lo que pese al crecimiento de las cooperativas aún nos encontramos con un oligopolio varios órdenes de magnitud más grande (sin contar los negocios extranacionales). Por lo tanto, resulta fundamental el crecimiento en número de socios de las cooperativas existentes así como la reproducción de este modelo.

Esto requiere de la colaboración entre las cooperativas existentes, así como del aprovechamiento de la flexibilidad de todas las estructuras posibles en todos los territorios. Dicha cooperación podría ser fructífera para el reparto de gastos elevados de gestión (como la operación en el mercado), el futuro impulso de proyectos de generación energética u otros tipos de dinámicas aún por inventar. Pero también podría ir más allá de la propia gestión de las cooperativas, pudiendo incluir en el futuro la financiación de proyectos de investigación independientes o ejercer un lobby más eficaz en pos de una radical transformación del sector energético.

A por ello, y sobre todo con buena energía.




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