Día del buen vivir

Iniciativas ciudadanas y vecinos reivindican el espacio público en Colonia.

Maite Serrano. Revista El Ecologista nº 87.

El último domingo de mayo de 2015 tuvo lugar en el barrio de Sülz, de Colonia (Alemania), la tercera edición del Tag des guten lebens (Día del buen vivir), esta vez bajo el lema Espacios libres. Espacios comunes. Como señalaba el iniciador de esta idea, Davide Brocchi, “en la ciudad se necesitan espacios libres no solo para iniciativas culturales, sino para experimentar nuevas formas de vida acordes con una orientación social y ecológica”.

Los vecinos y vecinas habían programado más de un centenar de acciones en las calles y plazas del barrio, otras tantas las promovieron asociaciones, organizaciones y empresas de carácter social, ecológico, urbanístico, artístico o cultural bajo esta misma orientación.

El barrio, de unos 2 km2 de superficie, en el que viven unas 30.000 personas, se despertó apacible. En las calles centrales, podía apreciarse la dimensión de calzadas y aceras liberadas de coches. Eso era ya una novedad y un espectáculo.

A las 8:00 h los últimos vehículos se dirigían a los aparcamientos previamente habilitados para ese día. Los y las activistas marcaban con tiza los aparcamientos para bicis. Se descargaban los sanitarios; se instalaban los puntos de información para el reparto del programa. En la oficina de la organización Agora-Köln, acondicionada en el centro de jóvenes del barrio, se iniciaban los trabajos de coordinación de la complicada logística y para velar por el buen funcionamiento del día.

Funcionarios del Ayuntamiento procedían a cerrar al tráfico 25 calles y todos los accesos al barrio, así como desalojar los vehículos que ocupaban todo ese espacio. A las 10 horas ya no se veían coches circulando y en cada calle se preparaban los desayunos colectivos. Vecinos y vecinas de todas las edades sacaban de sus domicilios sillas, sillones, sofás, bancos, y las mesas se cubrían de manjares de creación propia. Se adornaban los árboles, la calle empezaba a ser de la gente. Los pequeños ocupaban con sus juegos las aceras y la calzada.

“¡Qué raro lo veo, qué espacioso!” Esa era la expresión más común cuando un vecino observaba su calle sin coches. “¡Qué grande!” Decía Barbara Hofmann, que durante las próximas horas sería una de las voluntarias, al ver cómo un cruce de calles se convertía en un enorme centro de vida colectivo donde se preparan salchichas, cafés, zumos, tartas, la mayoría de ellas caseras.

Otros habían empezado el día haciendo yoga o Tai Chi, mientras una radio Pirata con su tocadiscos de vinilos recorría las calles. Al mediodía las calles, en especial las centrales, estaban llenas de personas de todas las edades disfrutando del espacio urbano sin coches. Se calcula que durante todo el día asistieron unas 100.000 personas.

Entre las muchas y originales ideas destacamos algunas: un stand ofrecía un sabroso dulce a cambio de una promesa, se recogieron más promesas que dulces pudieron ofrecerse; un grupo de jóvenes del instituto del barrio sacó a rifa los peluches de su niñez recaudando para los afectados de Nepal; un cuentacuentos peruano, ayudado de una traductora, encantaba a un grupo de atentos espectadores; una experta ceramista enseñaba a niños y adultos el arte de dibujar tazas y platos de barro. Talleres de diversas materias, difusión de información sobre el carácter social y ecológico del día, sobre el problema del tráfico en la ciudad, los jardines o huertos urbanos…

Bandas de música de muy diferentes estilos desperdigadas por el recinto y durante todo el día ofrecían sus conciertos, incluso el grupo flamenco Juana Banda echó unos cantes que cautivaron al atento público. Mientras, en otras zonas se imponía el silencio con el Silent-move, esto es, gente bailando con auriculares, la música la recibían de una emisora móvil a varios metros de distancia, un espectáculo realmente divertido.

Transfair-Comercio Justo, ofrecía café y postre proveniente directamente de cooperativas de otros continentes; un colectivo de energías renovables explicaba los efectos positivos del uso de esta energía, otros debatían sobre el proyecto de la ciudad de reducir el tráfico motorizado impulsando más la bici, etc.

Martin Herrndorf, uno de los iniciadores y activista de Agora-Köln, observaba atento el ir y venir de cientos de personas, señalaba: “se puede incluso oler en qué consiste el proyecto de ciudad que queremos, ya que debido a los coches no es posible apreciarlo otros días. Este día abre una puerta a la reflexión sobre cómo es posible que Colonia funcione de otra manera”.

130 organizaciones

Der Tag des guten lebens es un proyecto de Agora-Köln, movimiento que agrupa a 130 organizaciones, asociaciones o empresas, cuyos intereses se orientan hacia la transformación de una ciudad sostenible social y ecológica. Entre ellas se encuentran, por ejemplo PR Köln que es una red de profesionales libres de la comunicación; Transfair (Comercio Justo); Tschö Rheinenergie, estudios y sobre origen de las energías de consumo y lanzamiento de campañas de protesta contra los grandes consorcios energéticos; Kafe Lokal un café asociado a una librería; Auf Draht una tienda de venta y reparación de bicis; Centros Culturales. Colabor es una asociación que ofrece espacio para desarrollo de iniciativas ciudadanas e interacción, y un largo y diverso etcétera. Todas ellas con diferentes intereses pero con el objetivo común de transformación sostenible de la sociedad urbana respetando los derechos sociales y ecológicos.

Los ejes básicos del movimiento Agora-Köln son: movilidad-tráfico, espacios urbanos públicos y libres, espacios verdes y clima/energía.

Balance del día

Quince días después se celebró una asamblea de barrio, para hacer un balance del día y marcar una línea de continuidad en el barrio. Un día sin coches pone sobre la mesa de nuevo la importancia del proyecto de reducción del tráfico motorizado y la mejora de las vías para medios sostenibles, como la bici.

Las y los participantes coinciden en que la experiencia ha sido muy positiva, que han aprendido mucho sobre organización, comunicación y sobre participación ciudadana. Pero sin duda, tendrán que corregir algunas faltas en especial a la hora de motivar más efectivamente a muchos más vecinos y vecinas.

“Una parte de la estructura organizativa se adaptará a las nuevas necesidades. Los vecinos buscamos una forma legal para continuar la actividad independiente de Agora-Köln aunque en estrecha colaboración. Pues el día sirvió para que muchos tomamos conciencia de la importancia de participar en el proceso de hacer del barrio un lugar social, cultural y ecológicamente sostenible, y para ello hay aún mucho camino por recorrer”, comentaba una activista.




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