Patentes y biodiversidad: el control de la ingeniería genética

Los principales cultivos alimentarios tienen su origen en las zonas tropicales y subtropicales de Asia, de África y de América Latina. Estas regiones se consideran “centros de diversidad” y en ellas se concentra la mayor variedad de estos cultivos y de los “parientes silvestres” de los mismos, por lo que constituyen una fuente valiosa e insustituible de material genético para la mejora vegetal. Han sido las comunidades campesinas -particularmente las mujeres- quienes a lo largo de múltiples generaciones han mejorado los cultivos y las razas ganaderas, seleccionando las semillas o la descendencia animal y desarrollando miles de variedades y de razas adaptadas a diferentes ambientes y condiciones. La generación y conservación de la biodiversidad agrícola, considerada hasta hace poco patrimonio de los pueblos, se ha basado en el libre intercambio de las variedades y en el derecho campesino a guardar semilla de su propia cosecha. Sin embargo, en la actualidad la industria biotecnológica se está apropiando de esta diversidad y reclamando derechos exclusivos sobre su utilización.

MAPA DE LOS DOCE MEGACENTROS DE ORIGEN DE LAS PLANTAS CULTIVADAS. Fuente: FAO.

La posibilidad de utilizar seres vivos manipulados genéticamente en la producción industrial ha despertado unas enormes expectativas comerciales. En las últimas décadas la industria biotecnológica ha crecido desmesuradamente, protagonizando un vertiginoso proceso de concentración y de fusión y convirtiéndose en un poderoso sector económico que mueve cifras de negocio superiores al PIB de países como México y Sudáfrica. Pese a que los inicios de la ingeniería genética se dieron en pequeños laboratorios de universidades y otros centros públicos, el sector de las ciencias de la vida está actualmente dominado por media docena de grandes transnacionales farmacéuticas y del ramo agroquímico [1]. Las grandes compañías aprovechan la capacidad profesional e infraestructura de las universidades y de otras instituciones públicas, logrando mediante proyectos y convenios que todos los ciudadanos subvencionen indirectamente sus actividades, al tiempo que ejercen un enorme control e influencia sobre la investigación pública. En el caso de la agricultura, si bien un importante porcentaje de la investigación agrícola mundial se sigue produciendo todavía en el sector público, de la mano de la ingeniería genética la orientación de esta investigación está pasando a ser controlada por el sector privado, que cofinancia la investigación y se apropia de sus resultados a través de patentes [2].

Para controlar eficazmente este apetecible mercado biotecnológico, la industria ha conseguido ampliar el campo de las patentes no sólo a los procesos tecnológicos y avances de la ciencia sino a los propios seres vivos, adueñándose así de la materia prima de la biotecnología -la biodiversidad- y asegurándose el monopolio de su utilización futura. En efecto, muchas de las plantas de interés para la medicina y la agricultura están protegidas por derechos de propiedad intelectual. En los últimos años se han concedido numerosas patentes sobre los cultivos básicos para la Humanidad a media docena de grandes empresas transnacionales, que ostentan hoy un amplísimo monopolio sobre las semillas, exigiendo a los agricultores el pago de royalties si guardan semilla de su propia cosecha para siembra [3]. Monsanto, por ejemplo, uno de los gigantes de la biotecnología y propietario de una amplísima patente de especie sobre la soja, pretende cobrar a Argentina un importante gravamen por tonelada de soja exportada en los últimos 10 años, alegando que los agricultores argentinos llevan años sembrando -y guardando- semilla de soja transgénica patentada por la compañía [4].


PATENTE DE AGRACETUS (ahora Monsanto) SOBRE SOJA TRANSGÉNICA EP 0 301 749, de 1994.

Transformación de plantas de soja y sus líneas mediante partículas

Objeto de la patente: “Una semilla de soja cuyo cultivo producirá una planta de soja cuyo genoma comprende un gen extraño eficaz que determina la expresión de un producto génico extraño en las células de la planta de soja” (reivindicación 17)

Esto significa que se concede a la compañía derechos de inventor sobre todas las variedades de soja transgénicas.

Esta patente fue recurrida por varias compañías, entre ellas Monsanto que posteriormente compró Agracetus (con patente incluída)


MÁS INFORMACIÓN:
- Action Group on Erosion Technology and Concentration ETC
- Genetic Resources Action International GRAIN




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