Las aguas libres del río Almonte

El corazón de la llanura cacereña guarda uno de los tesoros ambientales más valiosos y poco conocidos de la naturaleza extremeña.

Raúl Urquiaga. Área de Agua de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 89.

Durante casi cien kilómetros discurren las aguas libres del río Almonte, uno de los únicos grandes ríos mediterráneos que no han sido represados en su recorrido y que acoge un riquísimo patrimonio natural, arqueológico, geológico y etnográfico.

Aunque las comparaciones sean odiosas, si atendemos a los valores naturales del valle del Almonte y los comparamos con el cercano Parque Nacional de Monfragüe no tiene nada que desmerecer.

El río Almonte nace a los pies de la risca de La Villuerca, en la gran pedrera (casquera) de su ladera noroccidental, a unos 1.400 metros de altura. El agua de la nieve y, sobre todo, de la lluvia se infiltra entre los grandes y angulosos fragmentos de cuarcitas hasta que llega a la capa más impermeable de pizarras, que hace que el agua discurra por el interior de la casquera para surgir en manaderos que forman el río Almonte. El discurrir del agua bajo la pedrera es fácilmente audible, pero no visible, denominándose en la zona el “rugidero del Almonte”. El agua irá manando, metros más abajo, y formando el cauce del río.

Dos zonas de gran belleza

Se distinguen, en su recorrido, dos tramos claramente diferenciados desde el punto de vista de su vegetación y de su morfología. En su parte más alta, atraviesa un valle cerrado, con pendientes a veces muy pronunciadas. Este valle es la anticlinal del Almonte, un plegamiento invertido de tipo apalienche, producto de la acción compresiva de las fuerzas de la naturaleza. Las aguas discurren, veloces, entre alisedas densas, en las que a duras penas penetran los rayos solares.

Tras juntar sus aguas con las de la castigada garganta de Santa Lucía (en la que en su cabecera fue construida una presa que arruinó su condición de río libre), el Almonte atraviesa un impresionante desfiladero fluvial llamado las Apreturas del Almonte. Se trata de uno de los lugares de mayor belleza paisajística de todo su curso. En los farallones rocosos en lo alto del valle habitan numerosas especies de aves como el águila perdicera, búho real, halcón peregrino, buitre leonado, alimoche o la esquiva cigüeña negra.

Curso medio del río Almonte

A partir de este punto las aguas del río se calman. Su curso se adentra en la penillanura cacereña, encajonado en un profundo valle con una escasa pendiente y un sinuoso trazado que le acompañará hasta desembocar en el río Tajo. Junto a la ribera crecen valiosos tamujares junto a fresnos y sauces. Sus aguas mansas discurren recogiendo las aportaciones de varios afluentes que hacen que con las lluvias, su caudal crezca considerablemente. Sin embargo, llegados los meses de calor, el cauce del río se convierte en un rosario de charcas y pozas que permiten la pervivencia de la rica fauna acuática.

Entre ésta, los peces son uno de los valores naturales más destacables del río, dada la cantidad de especies endémicas de la Península Ibérica, muchas de ellas amenazadas, que pueblan sus aguas: barbo común (Barbus bocagei), barbo comiza (B. comiza), pardilla (Rutilus lemingii), boga (Chondrostoma polylepis), calandino (Squalius alburnoides), cacho (Squalius pyrenaicus), colmilleja (Cobitis taenia)… Junto a éstos, merece la pena señalar la presencia de las dos especies de galápagos, el leproso y el europeo y de los endémicos tritón ibérico y rana patilarga. Además todo el curso del río Almonte goza de saludables poblaciones de nutria.

Corredor ecológico

Un elemento a destacar es que en sus 97 kilómetros, el río Almonte no tropieza con ninguna población humana. Su inaccesibilidad ha permitido que el territorio de su cuenca permanezca en unas condiciones de naturalidad muy altas, donde todavía es posible la presencia del lince (Lynx pardina). Inexpugnables bosques de encinas y acebuchares se turnan con dehesas que ofrecen un variado hábitat para multitud de especies. A las rapaces señaladas, hay que sumar en este tramo al águila real, águila imperial, águila culebrera y buitre negro, estando presentes en las distintas épocas del año la práctica totalidad de las aves rapaces de la Península Ibérica.

Y es que una de las funciones más importantes que juega en cuanto a su importancia ecológica es la de ser un corredor biológico de primer orden, poniendo en contacto las sierras de Las Villuercas con las riberas del río Tajo y, por ende, con territorios como Monfragüe, las sierras de Gredos o de San Pedro. Parece ser que el río Almonte sirvió de vía principal para la dispersión del corzo hacia otras zonas de la provincia cacereña.

Riqueza cultural y etnográfica

A pesar de tratarse de un río que ha permanecido escasamente alterado con el paso del tiempo, la presencia del ser humano ha sido constante a través del paso del tiempo y el río Almonte nos deja distintas huellas del uso humano del río. Así yacimientos arqueológicos de distintas épocas (desde la Edad del Hierro hasta época medieval) pueblan los cerros bajo los que serpentea el río. Destacable es la ciudad hispano-musulmana de la Villeta de Azuquén (siglo X), con restos de su imponente muralla y torreones, en una curva en la confluencia de los ríos Almonte y Tozo, que le hacían tener una posición defensiva privilegiada. Esta ciudad llegó a tener una población de unos mil habitantes.

Otras manifestaciones culturales que ha pervivido en el territorio son los más de veinte molinos harineros, en distinto estado de conservación, en todo su recorrido. Estos molinos utilizaban la fuerza del agua para hacer girar sus enormes piedras y así transformar el cereal en harina que luego era distribuida entre los pueblos próximos. Alguno de estos molinos ha estado en funcionamiento hasta épocas recientes.

Además, hasta los años 50 numerosas familias de las poblaciones cercanas vivían de la actividad pesquera tradicional en las aguas del río Almonte. Mediante pequeñas barcas, que transportaban en la espalda para ir de charca en charca durante el estiaje, y con pequeñas redes, pescaban pescado fresco que luego era vendido por los pueblos y que suponía un complemento en la dieta de las economías más humildes.

También varios puentes medievales cruzan su cauce, testigos de la importancia de las vías de comunicación que atravesaban este vasto territorio. Destacan por su tamaño el puente del Conde, del siglo XV, en las proximidades de Aldeacentenera, o el de Jarraicejo (con partes del siglo XII y posteriormente construido en el siglo XV). Este puente se ve empequeñecido por el próximo, impersonal y desproporcional viaducto de la autovía A-5.

El paso de la amenaza a la conservación definitiva

En 2003 el por entonces Ministerio de Medio Ambiente aprueba la construcción, en las proximidades de Monroy, de una gran presa de 40 metros de altura para abastecimiento de la ciudad de Cáceres. Esta presa se recogía ya en el Plan Hidrológico Nacional de 2000. Este grave atentado, que acabaría con el último gran río mediterráneo sin alteraciones de importancia, hizo que se pusiera en marcha una gran campaña para la protección del río, formándose la Plataforma en Defensa del Almonte, formada por distintos colectivos conservacionistas y ecologistas (entre ellos Ecologistas en Acción de Extremadura),,los cuales exigían la paralización del proyecto y la dotación de una figura de protección legal para todo el río.

La presión social hizo que las autoridades ministeriales reconsiderasen el proyecto. En noviembre de 2015 el río Almonte fue declarado reserva natural fluvial por Acuerdo del Consejo de Ministros. De esta forma se le daba de la protección integral que garantiza que ningún uso o actividad puedan afectar a sus características ecológicas e hidromorfológicas. El río Almonte debe seguir siendo el río vivo que siempre ha sido a lo largo de la historia.




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