Vencejos comunes

En estas fechas es frecuente encontrar pollos de vencejos en el suelo que todavía tienen dificultades para volar; ayudarlo supone una experiencia inolvidable de acercamiento a la vida silvestre sin salir de la ciudad, siempre y cuando se disponga del interés y la paciencia suficiente. La información para conseguir que la alimentación y los cuidados sean correctos está disponible en Internet. También hay que considerar que es una especie protegida y que deberíamos ponerlos a disposición de la Consejería de Medioambiente.

Durante el verano el vencejo (Apus apus), conocido en Soria como oncetes, domina los cielos de Soria. Es un ave de pequeña (16-17 cm de longitud corporal), de la familia Apodidae, con una biología muy original. Son insectívoros, sus parejas se mantienen de por vida y ocupan todos los años el mismo nido. Cría en colonias ligadas a edificios, en muros con oquedades, (en especial murallas, castillos, aleros, etc.) y tejados viejos.

No hay que confundirlo con golondrinas y aviones comunes (Familia Hirundinidae) que frecuentemente vuelan junto él en medios urbanos. Los vencejos comunes son de mayor tamaño, ala en forma de guadaña y de color totalmente negro, además vuelan más rápido y a más altura, y pían con algarabía al amanecer y atardecer. Como la mayor parte de las aves, estas especies están incluidas en Listado de especies con Régimen de Protección Especial (Real Decreto 139/2011), y por lo tanto su posesión, muerte o la destrucción de sus nidos sólo se puede hacer con un permiso administrativo específico. Se deberían evitar el molestarlas o destruir sus nidos durante sus nidificación, y, en todo caso, consultar a la Consejería de Medioambiente. Es un aspecto que habría que tenerse más en cuenta, especialmente en la obra pública, como puede ser la restauración de las Murallas de Soria y de Almazán, Castillo de Yanguas, de Magaña, etc. Además del placer de su contemplación, estas especies suponen un beneficio por cuanto se comen insectos voladores molestos (moscas, mosquitos…).

Es común que a finales de julio y principios de agosto encontremos un vencejo en el suelo. Suelen ser pollos caídos del nido o que en sus primeros intentos no han sido capaces de volar. Tras cogerlo con cuidado e identificar correctamente la especie, debemos hacer una inspección para comprobar que no tiene heridas o roturas. Si está sano y tiene el plumaje en perfecto estado, deberíamos probar darle un pequeño impulso a baja altura en un lugar amplio sin coches ni obstáculos cercanos, y ver si consigue remontar el vuelo. A veces basta con esto, pues al tener las patas tan cortas no puede despegar del suelo.

Si no es capaz de volar, en teoría al ser una especie “protegida” por Ley habría que darla a un centro autorizado de recuperación de fauna o a la autoridad competente (Consejería de Medioambiente), y sería la solución recomendable. Sin embargo, hay que decir que la Consejería no tiene los recursos para atender a los numerosos casos de recogida y cuidado de vencejos, por lo que no publicita este tipo de recogidas. Es decir que la decisión que tomes es una responsabilidad personal. Llegados a este punto, acabar de criar a un vencejo, (o un avión) sano, pero aún incapaz de volar es una experiencia naturalística inolvidable, en especial si se puede compartir con niños. Además puede ser una forma de mostrar la responsabilidad y el esfuerzo (gratificante) que supone el cuidado de un animal, que en unos días estará en libertad para viajar al África subsahariana.

Ante todo, es imprescindible el disponer de cierto tiempo, constancia y sobre todo interés, de lo contrario el animal tendría muchas probabilidades de morir. En Internet hay documentación de excelente calidad (videos, fotografías, experiencias personales, etc.) que permiten conocer y tomar de antemano la mejor decisión, y si lo consideramos aplicar los mejores cuidados y técnicas para conseguir que el vencejo recogido pueda vivir en libertad con éxito. Siendo este el objetivo último de nuestra acción.




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