Doñana, de paraíso natural a almacén de gas

Especular con la naturaleza.

Redacción, Juan Romero y Daniel López-Marijuán [1]. Revista Ecologista nº 91.

Gas Natural Fenosa quiere convertir el Espacio Natural Doñana en un almacén de gas y ampliar el número de pozos de gas en este espacio protegido. Si el proyecto sale adelante la gran biodiversidad se perderá para siempre.

Gas Natural-Fenosa quiere utilizar el subsuelo de Doñana como almacén de gas, trabajar en 16 pozos e incorporar 22 kilómetros de nuevos gasoductos a los 59 kilómetros existentes en este espacio protegido. Doñana es uno de los lugares más especiales y singulares del mundo. Se trata de una joya natural única, reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, está catalogada para su conservación con más de ocho figuras de protección debido a su gran riqueza natural y sus valores ambientales, culturales, históricos y antropológicos.

Entre esas figuras de protección, Doñana es Reserva de la Biosfera, lugar Ramsar de protección de zonas húmedas, Zona de Especial Conservación, Zona de Especial Protección de Aves, Parque Nacional y Parque Natural, entre otras. Por si esto fuera poco, las áreas colindantes con Doñana podrían ser catalogadas para su protección, por la continuidad de sus hábitats, creando un corredor verde.

Sin embargo, los planes de la multinacional española Gas Natural Fenosa con la bendición del Gobierno, no atienden a esta protección.

Estos planos se remontan a años atrás. La presencia de Gas Natural Fenosa en Doñana para la extracción de hidrocarburos viene de finales de la década de los 80. En 2008 el gobierno socialista incluye el almacenamiento subterráneo de Marismas con categoría A-Urgente en la planificación estatal de electricidad y gas para el periodo 2008-2016 y divide el proyecto en cuatro partes para, supuestamente, facilitar su tramitación administrativa. En 2010 ese mismo gobierno aprueba la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) positiva del proyecto Marismas Occidental. Y tres años después, el Gobierno del PP da continuidad a todo el proyecto subdividido, dando vía verde a las otras tres DIA, en 2013 y, ante la más que probable posibilidad de encontrar escollos en la concesión de la Autorización Ambiental Unificada por el gobierno andaluz, otorga en marzo de 2016 autorización administrativa y reconocimiento de utilidad pública al proyecto Marismas Occidental.

Los permisos a la empresa

Después de varias modificaciones en las cesiones, cambios en los nombres, y en la zonificación de los permisos de investigación de hidrocarburos, Gas Natural Fenosa es la titular y operadora de las concesiones de explotación en el yacimiento de Huelva denominado Marismas. Tras tres décadas de explotación extractora, el yacimiento Marismas fue dividido en 2008 en cuatro subproyectos: Aznalcázar, Marismas Occidental, Marismas Oriental y Saladillo (estos dos últimos dentro del Espacio Natural Doñana).

Se han presentado esos cuatro proyectos de almacenamiento como si no tuvieran relación alguna entre ellos, pero la unidad de la infraestructura gasística es evidente. La propia empresa promotora lo admite en un escrito al Ministerio en mayo de 2014, en referencia al subproyecto Marismas Occidental, en el que dice que la compresión del gas “solo adquiriría las proporciones previstas en el proyecto inicial en el caso de que se ejecutasen la totalidad de los proyectos previstos”.

Desde Ecologistas en Acción se pide evaluación global, porque a pesar de haber obtenido todas las Declaraciones de Impacto Ambiental positivas, éstas no están completas, puesto que carecen del análisis de afección sinérgica y acumulativa en todo el territorio. Pero además, no se han llevado a cabo estudios detallados de los riesgos sísmicos.

Como advierten los expertos, los impactos de un almacén de gas podrían ocasionar riesgo sísmico y en el caso de Doñana no ha sido evaluado adecuadamente. Como ocurrió en el caso del almacén de gas Castor, que provocó más de 400 terremotos.

Pero las nuevas exploraciones de pozos podrían tener también consecuencias muy graves para el acuífero 27 que mantiene el humedal de Doñana. La posible contaminación por vertido de hidrocarburos sería una catástrofe ambiental teniendo en cuenta además que el acuífero presenta niveles de sobreexplotación con, incluso, descensos freáticos de hasta 20 metros. También existe riesgo de explosión por posibles fugas en los almacenes de gas que se instalen. Todos estos riesgos alterarían el hábitat de las especies de Doñana, algunas muy amenazadas como el lince ibérico, el águila imperial o la nutria.

Según han recomendado el Instituto Geológico y Minero de España, la Unesco y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza es necesario que los cuatro subproyectos gasísticos sean sometidos a una evaluación conjunta y acumulativa de acuerdo con la Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo relativa a la evaluación de las repercusiones de determinado proyectos públicos y privados sobre el medio ambiente y la Jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. En particular, el subproyecto Marisma Occidental, que ya se está ejecutando por Gas Natural Fenosa y que almacena gas allí desde 2012.

Certezas y especulación financiera

Hay certezas científicas de que no se trata de cavidades en el subsuelo, donde se quiere almacenar el gas, sino de los intersticios de unos materiales detríticos —las margas azules del Mioceno—, que pueden retener gas natural entre sus poros, a profundidades incluso superiores a los 1.000 metros. También es una evidencia científica que toda la zona del Golfo de Cádiz es altamente sísmica, donde chocan las placas de Eurasia y África. En su entorno se juntan tres zonas de subducción (hundimiento de una zona oceánica) y una falla transformante, que da origen a una situación sismotectónica altamente inestable y poco habitual.

A pesar de que se haya pretendido justificar “de interés estratégico” la inyección o extracción de gas en estos reservorios geológicos estaría en función de las perspectivas de negocio de la empresa y de las fluctuaciones de precio del hidrocarburo.

Esto quiere decir que se inyectaría en las cavidades cuando la demanda es baja, y también el precio, y se extraería con precios altos para ponerlo en el mercado. Por ejemplo, en el puerto de Cádiz se pueden ver buques de gas fondeados cerca de nuestra costa, esperando a veces, incluso, más de un mes, a que los precios sean atractivos para proceder a su descarga. Eso se considera actividad especulativa, en la que el gas es un activo financiero.

Para Ecologistas en Acción, este proyecto no supondrá potenciar el desarrollo industrial y renunciar a él no pone en peligro el suministro energético español ya que España posee el triple de capacidad de almacenamiento respecto al consumo anual de gas. Muy al contrario, la organización apuesta por las energías limpias, y por Doñana como el mejor escaparate para la puesta en práctica de iniciativas limpias acordes con las exigencias de los escenarios de lucha contra el cambio climático.

Ecologistas en Acción votó en contra del proyecto en el Consejo de Participación de Doñana en 2013. Cuando fue declarado de utilidad pública en 2016, interpuso un recurso de alzada contra la resolución de la Dirección General de Política Energética y Minas.

Además, Ecologistas en Acción participa activamente en la plataforma Salvemos Doñana, creada hace poco con el objetivo de informar y movilizar a la sociedad civil. Esta iniciativa está despertando las conciencias y ha llevado a numerosas organizaciones a poner en funcionamiento mecanismos contra los planes de Gas Natural Fenosa, a pesar de las amenazas de la multinacional de reclamar más de 320 millones de euros por daños patrimoniales.




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