El espíritu de París perdido en la medina

La COP22 da marcha atrás en el clima.

Javier Andaluz [1]. Revista Ecologista nº 91.

Las promesas de la Cumbre de París para frenar el cambio climático parece que se han diluido tras otro encuentro sobre el clima celebrado en noviembre Marrakech.

Desaparecen los espejismos oídos hace casi dos años cuando la comunidad internacional vendió el Acuerdo de París como “punto de inflexión”, “acuerdo histórico” o “la solución que nos llevará a una sociedad baja en carbono”. Emerge la realidad mostrando que poco o nada se ha avanzado en la cumbre del clima celebrada en noviembre en Marrakech.

Dentro de la cumbre los argumentos se alejaban cada vez más, mientras escuchábamos como Ban Ki-moon reconocía la enorme urgencia de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. El aparente consenso que se promocionaba en París, desaparecía con cada ronda de negociaciones. Prueba de ello es, como la propia nota final de la cumbre de Marrakech reconoce, que: ante la imposibilidad de alcanzar en esta cumbre (COP22) un consenso por todas las partes, se pospone cualquier decisión a siguientes encuentros.

Las indefiniciones que se recogieron en el texto final del Acuerdo de París fueron un parche que pretendía ocultar que aún existen importantes reticencias para afrontar el cambio de modelo. La descarbonización de nuestras economías se ha quedado reducida a una vaga referencia sobre la necesidad de alcanzar el pico de emisiones "lo antes posible" y de "un equilibrio entre las emisiones antropogénicas y las fuentes y absorciones por sumideros de los gases de efecto invernadero".

Esta ambigüedad hace que un camino, que hace un año se vendía como directo, ha empezado a desdoblarse en callejuelas estrechas que complican el lenguaje y dividen el proceso de toma de decisiones.

Dilatar la acción más allá de 2018

Se evita que existan respuestas claras a las preguntas que deberían estar en el centro de las negociaciones, la primera de ellas es: ¿Cuándo vamos a ajustar los compromisos para hacer a lo que indica la ciencia? y ¿qué herramientas tenemos capaces de evitar dejar en la estacada a los millones de personas que sufrirán las consecuencias de un modelo devorador, fósil y caduco?

Para la primera, parece que se inicia un proceso que culminará en 2018 con la redacción de un libro de normas. En este se recogerán las indicaciones básicas para que las contabilidades sean equiparables, y demás cuestiones técnicas.

Las pocas reuniones de trabajo que se han producido entre cumbres ya hacían sospechar que poco se iba a lograr en Marrakech, Una falta de avances que afectaban a trabajos que se iniciaron antes de París, dejando, por ejemplo, en suspenso la reconfiguración o la desaparición del fondo para la adaptación de Kioto. La comunidad internacional una vez más no está a la altura de lo que sería necesario, y sigue escatimando la provisión de unos fondos necesarios dirigidos a la adaptación y las pérdidas y daños, priorizando sobre los colectivos y países más vulnerables. En lugar de ello se confía al sector privado llegar a la cifra pactada y se incentiva temerariamente la introducción de mecanismos financieros injustos como los seguros en la lucha contra el cambio climático.

Solo la elección de Donald Trump como presidente de los EE UU sirvió para que no fuese aún más evidente la inacción de la COP22.

Las críticas a las manifestaciones anticlimáticas como las de Trump no han alcanzado al régimen marroquí, se omite cualquier referencia a la situación política de Marruecos, a las violaciones de Derechos Humanos, la persecución al colectivo LGTBI+, la situación del Sahara… Esta cumbre que ha sido financiada en gran medida por las empresas del rey Mohamed VI también ha desarrollado una política clara de silencio de las demandas de la sociedad civil.

Mera declaración de intereses

No es de extrañar que la COP22 se haya cerrado con una mera declaración de intenciones. La participación española no ha brillado, sino que una vez más oímos a los responsables políticos declaraciones que se podrían resumir en “cumpliremos”. La realidad es que estamos a la cola de los países europeos, no solo en la ratificación del Acuerdo de París sino en el desarrollo de los instrumentos legales que nos permitan avanzar en la descarbonización de la economía.

A Marrakech fue incluso el presidente del Gobierno, pero no para admitir que el Estado español podía hacer mayores esfuerzos, sino que uso todo su tiempo para reunirse con el rey marroquí. Un encuentro para afianzar la huida hacia adelante del modelo fósil, y agilizar las interconexiones gasísticas a través del Estrecho.

El anuncio de los países más vulnerables sobre su incremento de ambición como única forma de garantizar su propia supervivencia es una de las pocas excepciones dignas de mención.

Nos quedamos sin tiempo para actuar, si la respuesta de las negociaciones internacionales es dilatar la acción difícilmente podrán ser parte de la solución. En su lugar, la sociedad civil reclama cada vez más su labor como auténticos agentes del cambio.




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