Campamentos ecologistas, necesarios ante los retos del siglo XXI

Campamentos que nos vinculan al territorio

La población española es fundamentalmente urbana, aunque el territorio rural abarca el 90 % de la superficie, solo el 20 % del total de la población reside en él.

Vivimos la vida mayoritariamente en entornos urbanos y entre nuestras cuatro paredes tenemos acceso virtual al mundo exterior, olvidando con facilidad como se leen las señales que la naturaleza nos envía.

¿Quién recuerda el halo que se forma en la luna unos días antes de que llegue el frente de lluvia?, ¿o ese viento que nos avisa de un incipiente cambio de tiempo? ¿Quien sabe mirar las nubes?... Puede parecer que los excelentes servicios de AEMET compensarán esta carencia, y en cierta medida así es. Pero hay algo que no podemos obtener de estos servicios y es el impacto que esa brisa, ese halo y esa luna producen en nuestros corazones y cuerpos, son las sensaciones y emociones de esos momentos especiales vividos en la naturaleza.

En un mundo urbanita como el que vivimos, nuestros campamentos pueden ser los oasis que permiten a las más jóvenes esta oportunidad. Les aportan una dimensión nueva que no es posible vivir en la ciudad. Es ése contacto directo con el viento, el río, la montaña, el árbol... el que podemos recuperar en nuestros campamentos y colonias de verano, es también la ocasión de salir de la ciudad y poder compartir momentos intensos con nuestros amigos y amigas y construir comunidad.

Comprendiendo la naturaleza

Una gran mayoría de la ciudadanía vive de espaldas a nuestra realidad biológica más primaria: los seres humanos somos seres vivos que dependemos de los recursos que obtenemos de un planeta finito. Cada vez es más obvio para toda la humanidad que hemos sobreexplotado estos recursos y que su disponibilidad disminuye vertiginosamente: agua, bosques, petróleo, gas…

Las experiencias vividas en la naturaleza pueden mostrarnos nuestra dependencia y vulnerabilidad y por ello constituyen una herramienta educativa que puede ser muy potente para abordar la problemática ambiental y cuestionar el concepto actual de desarrollo.

Cuando nos asola un temporal y las olas del mar o la nieve caen sobre nosotros es común ver cómo se desmorona la idea de ominipotencia desarrollista. Aún así, el efecto dura poco. La mente humana se defiende de esta vulnerabilidad, intentando reducir a meras anécdotas estas situaciones. Nos aferramos a la idea de que todo volverá a la “normalidad” pronto. Confiamos en que «papá mercado» y «mamá tecnología» vendrán en nuestra ayuda con nuevos inventos, con programas específicos, ayudas estatales…

Hemos visto en diferentes ocasiones que esto no es así, y además, sabemos que conforme avance el siglo XXI, si seguimos consumiendo y viviendo como hasta ahora, las consecuencias serán más graves y nuestra capacidad de respuesta, menor.

Nuestro mundo está cambiando muy rápido, nos enfrentamos a nuevos problemas ambientales cada día, podemos observar récords en parámetros climáticos cada vez con mayor frecuencia…

Por ello, necesitamos cambiar la manera de percibir el mundo, esa percepción del ser humano como “rey” de la naturaleza, con gran capacidad manipuladora del medio, que ignora su ecodependencia y sus limitaciones. Es urgente extender otra mirada, la que que surge de la conexión con la naturaleza. Esta visión nos ayuda a entender cuales son las consecuencias de nuestro modo de vida, cual es nuestro papel como parte del complejo entramado en que hemos convertido nuestro sistema vital. Esta nueva mirada puede conducirnos a un mayor compromiso y empujarnos a asumir nuestras responsabilidades.

La importancia de vivir “en directo” los fenómenos naturales: algunos ejemplos

Resulta ilustrativo contemplar lo que ha ocurrido este año, por ejemplo en el País Valenciano, dónde aumentan los fenómenos climáticos inusuales cada año. Se han vivido dos temporales con gota fría en invierno, una época poco común para ello, y además estos dos temporales han sido extraordinariamente fuertes. Unos días después del temporal de diciembre, con frío, nieve, viento, fuerte oleaje, lluvia... y destrozos enormes, tuvimos la oportunidad de valorar como vivían estos fenómenos la población general y también los más jóvenes.

En general, las personas adultas mostraban su malestar por los daños producidos: carreteras inaccesibles, cortes de luz, agua no potable en el grifo... Y ¡la queja! ¡Que esto pase en el S. XXI! ¡Como lo permiten nuestros gobernantes! Los más jóvenes, en general, se quejaban de que no podían salir de casa, del aburrimiento de estar sin tele, ni ordenador, por los cortes de luz... En ambos casos, la responsabilidad quedaba fuera, el análisis de conexiones y la vivencia de riesgo, ausente.

Entre esta visión generalizada, algunas personas tenían otra percepción, más profunda, más consciente. Algunas manifestaban su preocupación desde una perspectiva diferente. Por ejemplo, un joven se lamentaba por su burra, con el corral inundado, y también era capaz de formular la relación entre disponer de agua potable y de luz, ya que le habían faltado las dos cosas durante varios días. No se había aburrido, achicaba agua con sus padres y sabía que el motor eléctrico es el que sube el agua a su casa y por tanto, sin suministro eléctrico, no hay tampoco agua... Su cara, al volver a la escuela después del temporal, reflejaba preocupación y tristeza. Y cuando pudo compartirlo, cierto alivio y complicidad. Esa vivencia de vulnerabilidad fue mucho más intensa fuera del entorno urbano, donde el viento, la lluvia y el frío adquirían otra dimensión. Este chico de la burra, que tiene 12 años, se planteaba cómo mejorar su corral y decía que, aún así, si volvía a llover de esa manera, estarían expuestos a los elementos de la naturaleza. Y también decía que le gusta vivir allí. Se hacía evidente, escuchándole, que su conexión con la naturaleza le había proporcionado otra manera de ver el mundo.

Hay algo esencial, vital para nuestra supervivencia como especie y es la importancia que tiene ese contacto con el medio natural para poder comprender qué nos puede pasar como especie si perdemos nuestro vínculo profundo con la naturaleza. Es por eso que desde Ecologistas en Acción organizamos actividades de verano para las personas más jóvenes.

Los campamentos, experiencia de significado vital

Experimentar la naturaleza, vivir en conexión con ella de manera sencilla, descubrir que no nos hacen falta tantas cosas materiales para ser felices, nos ayuda a generar una nueva visión del mundo, a comprender nuestra vulnerabilidad y la necesidad urgente de un cambio. Además construye alternativa a pequeña escala, nos proporciona la sabiduría que se obtiene al haber vivido ese “cambio” de valores de una manera festiva y colectiva.

Además las circunstancias extraordinarias generan vivencias inolvidables. Así ocurrió el verano de 2015 a los y las jóvenes que asistieron a las IV Colonias de verano «Gaudint la Terra». Se produjo un incendio forestal y se desalojó por prevención la granja escuela donde se encontraban. Tuvieron que reaccionar rápido y recoger lo que era estrictamente necesario cuando les comunicaron que iban a ser evacuados del Mas de Noguera.

También lo saben las y los adolescentes que, desde el campamento del valle de Caldearenas, tienen que decidir que necesidades priorizan a la hora de usar la escasa energía eléctrica de la que pueden disponer. Y deciden, por ejemplo, que para ser feliz no es imprescindible tener cargado siempre el móvil.

En estos espacios aprendemos sobre nuestra ecodependencia, pero también aprendemos que somos interdependientes. Vivir en colectivo, conocer las claves de la organización comunitaria son aprendizajes tan necesarios como disfrutables. Y en el monte, fabricando nuestro pan o decidiendo de forma consensuada como nos organizamos, abrimos paso a otra forma de estar en el mundo.

Solo son unos días, si, pero pueden tener la fuerza de ese viento que abre las ventanas cuando el vendaval nos sorprende.

Llevamos 8 años trabajando en esta línea, fomentando actividades que permitan a nuestros y nuestras jóvenes esa conexión íntima en la naturaleza. Y este verano, repetimos.

Allí os esperamos.

Área de Educación de Ecologistas en Acción




Visitantes conectados: 432