Atacar al medio ambiente se paga caro

Hace décadas que el movimiento ecologista alerta sobre las consecuencias de las agresiones al medio ambiente. Sin embargo, los gobiernos de turno han pivotado entre la permisividad, la inacción y la propia autoría de tales agresiones.

En el caso de la gestión de las aguas residuales y del Cambio Climático, los movimientos sociales hemos predicado en el desierto.

Tal es así que, allá por el año 2007, Ben Magec - Ecologistas en Acción presentó una denuncia por la falta de depuración en todos los municipios de Tenerife que tienen acceso al mar, por poner sólo un ejemplo de todas las denuncias que se han presentado en toda Canarias. Y todos los años concedemos banderas negras simbólicas a las costas más deterioradas, la mayoría de las cuales lo están por problemas de vertidos. Sin embargo, nadie hizo nada y el tema llegó por otras vía a Bruselas, y ahora estamos a punto de pagar una nueva sanción que nos va a costar muy cara.

Y ni qué decir del Cambio Climático, que hasta la Agencia Canaria creada en el año 2009 para poner en marcha una estrategia de lucha fue desmantelada en 2012 tras haberse convertido en un mero ornato sin la más mínima ambición de influir en nada.

Cada vez que se aprueban los presupuestos generales y autonómicos vemos millonarias partidas destinadas a la creación de nuevas carreteras, y nada a la mejora de la accesibilidad y del transporte sostenible. Hay planes para crear carriles bici guardados en alguna gaveta de las administraciones, y las guaguas cada vez sufren más recortes en horarios y frecuencias, y además son carísimas.

Y por supuesto, seguimos basando nuestro consumo de energía en la quema de combustibles fósiles, y encima queremos importar otro más, el Gas Natural.

Hace mucho tiempo, decimos, que venimos denunciando todo esto y mucho más sin respuesta. Antes de la crisis, las administraciones intentaban aparentar cierto nivel de interés que se reflejaba en algo de gasto de todo el enorme volumen de dinero que manejaban, en proyectos que no fueron capaces de influir en las políticas reales. Después llegó la recesión, que justificó una absoluta falta de interés y una desinversión completa de los servicios ambientales. Y finalmente, todo esto llevó al actual gobierno a justificar el rebaje de las medidas ambientales para favorecer al mercado, tal como se ha concebido la Ley del Suelo.

Pues bien, todo ello ha dado pie a lo que estamos sufriendo este verano en las aguas canarias: la proliferación de unos organismos tóxicos, que no estarían aquí si el agua tuviera una temperatura normal, y que se alimentan de la calima, que también ha aumentado de frecuencia, y de los elementos químicos que salen de los cientos de emisarios que vierten sin depurar.

Ahora se ve claramente que las consecuencias de ignorar al medio ambiente crean un entorno invivible. Que estas consecuencias no tienen fronteras geográficas ni de clase social, por mucho que sean las personas más humildes las primeras en padecerlas. Y que este sistema económico que está provocando la catástrofe se verá igualmente afectado.

En definitiva, que nos estamos autodestruyendo.




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