El accidente del Cheshire: lo inevitable se podría evitar

El accidente del buque Cheshire en aguas cercanas a Canarias ha quedado opacado por el histórico problema de los vertidos al mar y el reciente bloom de microalgas que evidencian las nefastas consecuencias de nuestro modelo de desarrollo (del cual, el Cambio climático es uno de sus síntomas más graves y perentorios). Sin embargo, esta amenaza que ahora se cierne sobre el mar es de una enorme gravedad.

Nos recuerda a lo que ocurrió con el Oleg Naydenov, paradójicamente cuando estábamos en medio del discurso sobre el modelo energético y la excesiva dependencia del petróleo en prácticamente toda nuestra actividad económica. Como entonces, un accidente de este tipo nos debe hacer reflexionar de forma global y evaluar si estos hechos son o no irremediables, cuestionándonos si podemos vivir sin petróleo o, como en este caso, sin fertilizantes sintéticos.

El nitrato de amonio es un fertilizante que se utiliza con mucha frecuencia en agricultura, aunque también tiene otros usos en la industria textil, cosmética y en la fabricación de explosivos.

El exceso de nitratos en agricultura provoca graves problemas en el suelo, contamina el agua dulce, eutrofiza las aguas continentales y marinas, y también altera y contamina la atmósfera. Y eso sólo cuando hablamos de su uso corriente y no accidental.

Su función es la de fertilizar los cultivos aportándoles nitrógeno (algo imprescindible, sobre todo si el suelo está sometido a un gran desgaste por sobreexplotación y a prácticas agrícolas inadecuadas). Es decir, se usa para monocultivos, técnicas agresivas y poco respetuosas con los ritmos de la naturaleza que requieren el uso de agrotóxicos.

Este modelo globalizado en el que se especializan demasiado los territorios en la producción de uno u otro bien de consumo, donde desaparece la riqueza de la diversidad alimentaria, y donde la industria agroalimentaria está dominada por unas pocas multinacionales, genera dependencia de los territorios, pobreza, éxodo rural, y contaminación a corto, medio y largo plazo. Lo que ocurre es que este sistema no es el único existente, ni el mejor en ningún sentido.

En este caso, el barco que transportaba el fertilizante viajaba a Tailandia, pero recordemos que, en Canarias, nuestra capacidad de autoabastecimiento alimentario no llega ni al diez por ciento. El resto lo importamos, en buena medida transformado y envasado, y muchas materias primas se producen en países como Tailandia. Muestra de ello es nuestra altísima tasa de enfermedades relacionadas con la mala alimentación, como la obesidad y la diabetes.

El riesgo para nuestra salud y la del planeta, tanto por el uso cotidiano de fitosanitarios de síntesis como por accidentes en su transporte o su uso no es algo que debamos correr porque sí y sin opciones. Recordemos la gran explosión de nitrato de amonio en Texas en el año 1947, la peor en la historia de los EEUU, o el accidente en Bhopal, India, en este caso producido por una fuga de isocianato de metilo.

Porque el conocimiento de los agrosistemas, el cierre de los ciclos de la materia orgánica, y la producción cercana y ecológica, nos garantiza no solo una alimentación sana, sino también la conservación del medio aquí y en todo el planeta.




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