[Informe] Caminar sobre el abismo de los límites

El presente informe pretende contribuir al debate y la reflexión colectiva con vistas a elaborar estrategias que aprovechen el gran reto y las oportunidades que se nos presentan. Según los datos aportados por distintos organismos internacionales y parte de la comunidad científica, nos encontramos en un momento único en la historia de la humanidad: estamos viviendo un gran cambio civilizatorio.

Comenzamos a vislumbrar el inicio del agotamiento de los recursos energéticos y materiales, así como los primeros efectos del cambio climático y de la pérdida de la biodiversidad. En este contexto, mantener la espiral de producción y consumo propia del capitalismo no hará más que acelerar la crisis sistémica. Pero no sólo está en profunda crisis la biosfera, sino también el capitalismo global, que está llegando a sus límites.

[Informe] Caminar sobre el abismo de los límites

Las manifestaciones de esta crisis global comienzan a ser palpables observando el escenario político mundial. Por ejemplo, se abren camino propuestas de marcado corte xenófobo a ambos lados del Atlántico, que están respondiendo a la pérdida de empleos industriales y a la caída de las rentas de las clases medias. Detrás de esos procesos no sólo están las políticas neoliberales, sino también los límites de los recursos, uno de los desencadenantes de la Gran Recesión que se inauguró en 2007/2008.

La espiral del crecimiento y el desarrollo infinito han tocado techo. El decrecimiento material no es una hipótesis, sino una realidad que, nos guste o no, se está concretando. La disyuntiva se plantea entre un decrecimiento justo y otro injusto. El factor tiempo juega en nuestra contra. Cuanto más retrasemos la transición energética hacia un modelo basado en fuentes renovables y descendamos los niveles de consumo, cuanto más tardemos en afrontar decididamente el cambio climático y la degradación ambiental, más se alejará la posibilidad de un futuro digno para las mayorías sociales y las generaciones venideras. Debemos, y podemos, iniciar ahora la transición a un nuevo paradigma que revierta los valores dominantes y dibuje sendas de esperanza que ofrezcan la posibilidad de una vida digna para la mayoría de las personas preservando al mismo tiempo la naturaleza.

Los cambios por emprender son de tal envergadura que requieren de un enfoque sistémico, en el que lo económico, lo político y lo cultural se articulen en una nueva configuración social que trascienda ciertos mitos e instituciones que arrastra la Modernidad. El camino no será fácil de encontrar ni de recorrer, pero no afrontar los desafíos puede facilitar el ascenso de nuevos autoritarismos o fascismos basados en el acaparamiento de unos recursos que serán cada vez más escasos, y que de hecho ya están creciendo a ambos lados del Atlántico.




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