Hasta siempre, compañero Pena

Con el último día del año 2005 nos ha dejado José Manuel Pérez Pena, “Pena” para la mayoría de los que lo hemos conocido, admirado y querido en alguno de los cuarenta y nueve años de su intensa vida.

J.M. Pérez Pena, durante una rueda de prensa

Su trayectoria ecologista empezó hace veinte años con los grupos locales que en su día formaron parte de Aedenat y luego de Ecologistas en Acción. Su presencia y su estilo de manifestar sus puntos de vista radicales y sin concesiones a los arreglos y componendas de los políticos, ha marcado una época de lucha, en unos años donde se ha generalizado el deterioro ambiental a escala local, regional y global, como resultado de un modelo de desarrollo marcado por el beneficio económico inmediato.

Con el corazón aún encogido por su fallecimiento, sirva este texto como pequeño homenaje a su figura y a la labor que quiso desarrollar conforme a sus convicciones.

Nació en 1956 en Santiago de Compostela, aunque muy pronto se fue a vivir a Cuenca. Allí, tan próximo a esa bella naturaleza, empezó sin duda a amarla. A los nueve años llegó a Albacete donde, él nos decía, le costó mucho adaptarse a un entorno tan áspero.

Le gustaba la política, y ha hecho mucha política como él la entendía: como ciudadano y desde los colectivos. Y sin embargo, nunca ha querido vivir de la política; su independencia de pensamiento y honestidad personal no le ha dejado.

En estos treinta años desde el final de la dictadura, nos hemos encontrado al Pena en la batalla política y en el movimiento obrero, con el M.C. y la Asamblea de Parados, en las alternativas antiglobalización y ecologistas, pero los principios siempre han sido los mismos: la necesidad de que sean los ciudadanos y ciudadanas los que tengan la capacidad de decidir su presente y su futuro. Con esta intención impulsó desde Ecologistas en Acción la implicación con el Ayuntamiento de Albacete, primero con los Plenos de la Participación y luego con el Foro de la Participación, que abandonaría viendo cómo se desvirtuaba esa idea, absorbida por los intereses individuales y asociativos.

Su afán insaciable de más conocimiento le llevó a obtener la Diplomatura de Magisterio y la Licenciatura de Humanidades en los últimos diez años, mientras seguía con su trabajo como bombero, y sin descuidar su lucha ecologista.

Su percepción del aumento del totalitarismo, sobre todo durante el segundo mandato de Aznar, y el repudio a la guerra de Iraq, hicieron renacer su combatibidad contra la intolerancia. Se prodigó más en sus intervenciones en los medios de comunicación, escribiendo artículos para los periódicos o participando en tertulias en la radio y televisión.

Su voz, siempre crítica y libre, igual denunciaba la insostenibilidad de nuestra sociedad, como el tipo de ciudad que se ha construido al margen de los ciudadanos, la especulación urbanística o los fraudes en la percepción de subvenciones europeas.

Su estilo, vehemente y directo, incomodaba a muchos, tanto en la derecha como en algunos sectores de la izquierda. Pero sus reflexiones, siempre muy bien armadas por una mente crítica y su pasión por los libros, llegaban a la gente. Muchas veces nos contaba cómo algún político, periodista o funcionario le daba en privado la razón sobre algo que en público no reconocía.

Desde hace tres años, participaba habitualmente en una tertulia en la Ser, y escribía semanalmente una crónica que leía los domingos. Ahí daba un repaso, con esa forma tan suya, a lo que había ocurrido en la semana. Bush, Aznar o la jerarquía de la Iglesia eran diana habitual de su innegable elocuencia. Cuando ya conocía el alcance de su enfermedad, reunió todas sus fuerzas para dar forma al libro “AL ABORDAJE”, donde se reúnen la mayoría de estas reflexiones dominicales, sabiendo que era su obra póstuma.

Como compañero de Ecologistas en Acción no sólo ha sido la imagen más conocida de cara a la sociedad, sino que su empuje y su ánimo, puesto de manifiesto especialmente en estos años de lucha contra una enfermedad que le ha ido deteriorando físicamente, nos ha dado una lección de integridad y de fortaleza intelectual que ha mantenido hasta el último momento de su vida, cuando el diagnóstico era ya irreversible.

Como muestra de su forma de entender la vida como compromiso, Pena ha querido que en su funeral le acompañaran una bandera republicana y otra de Ecologistas en Acción. Sus cenizas quiso que reposaran en un “lugar mágico” de la Sierra de Albacete.

Hasta siempre, compañero Pena.

La Naturaleza, agradecida, te recibe.




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