Tres águilas imperiales envenenadas

Que la consejería y fiscalía tomen cartas en el asunto, y además se investigue a los propietarios de las fincas donde han aparecido estas águilas muertas, y si fuesen culpables, se les impute las penas máximas del Código Penal y se clausuren estos cotos.

Igualmente pedimos a la consejería que extreme la vigilancia en los cotos cercanos al área de reintroducción de esta especie en la Janda.

Lamentablemente la pérdida ya tiene poca solución y supone un duro golpe a la conservación de una especie en peligro crítico de extinción. Por ello Ecologistas en Acción pide de una vez por todas medidas ejemplares contra los responsables de este gravísimo delito ecológico. Solicitamos a la fiscalía que investigue al propietario de la finca donde se han hallado las águilas muertas y si se determina su implicación que se actúe con la pena máxima estipulada en el Código Penal.

Así mismo, si se da el caso de que dicha finca es un coto de caza, exigimos su clausura inmediata. Hay que tomar medidas de forma urgente. También solicitamos a la Junta de Andalucía que extreme la vigilancia en los cotos cercanos a las áreas de reintroducción en la Janda y desarrolle programas paralelos de lucha contra métodos no selectivos de caza que tanto daño están haciendo a la fauna silvestre.

El Águila Imperial Ibérica es una joya ornitológica exclusiva de la Península. Es la rapaz más amenazada de Europa y la cuarta más escasa del planeta. En la actualidad pese a los planes de reintroducción sigue siendo una especie en clara regresión y existe la posibilidad de que dicha especie se extinga de aquí a los próximos 200 años. Durante mucho tiempo, esta especie ha sido considerada una alimaña y fue perseguida. Hoy en día se encuentra estrictamente protegida, pero todavía está catalogada como "En peligro de extinción" (Catálogo Nacional de Especies Amenazadas) y en “peligro crítico de extinción” en Andalucía, donde apenas hay 25 parejas en la marisma del Guadalquvir y algunos puntos de Sierra Morena.

De nuevo vuelve a ser el veneno el causante de la muerte de estas especies de tan alto valor ecológico. El uso de venenos es una práctica que se integra en una de las actuaciones ligadas a la caza más criticadas y combatidas desde hace décadas por el movimiento ecologista. Con ella se pretende controlar a predadores pero más bien acaba exterminándolos. A pesar de estar tipificado en el Código Penal como delito, el uso de veneno para el exterminio de fauna silvestre conserva y mantiene el apoyo de un sector considerable dentro del mundo cinegético y ganadero (32.56% y 38 % según informes de la Estación Biológica de Doñana y la Consejería de Medio Ambiente).

En otros casos, se actúa de esta manera, arrastrados aún por una cultura del alimañero enraizada en el ámbito rural desde hace décadas. Este extremo lo confirma los datos reveladores de un estudio realizado en el año 2001 por la Estación Biológica de Doñana por encargo de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. La gran mayoría de los cazadores y ganaderos encuestados, admitían el uso de venenos para el control de predadores y justificaba su uso, independientemente de sus efectos negativos sobre la fauna silvestre protegida, y de la verdadera necesidad de controlar determinadas poblaciones de especies cinegéticas carnívoras (zorro, meloncillos, águilas, etc.).

Como se viene demostrando durante los últimos 12 años, de mediados de febrero a mediados de junio se concentra más del 70% de las muertes anuales conocidas de aves y mamíferos por la utilización de métodos no selectivos de caza (venenos, lazos, cepos, caja-trampa, etc.).

El notable incremento que se produce durante estos meses en el uso de métodos no selectivos de caza es debido fundamentalmente a la coincidencia de dichos meses en el periodo de reproducción de algunos predadores naturales, y a la no existencia, al menos de forma masiva, de la práctica cinegética. Ambos elementos incrementan la eficacia de estos métodos. Además, con este “exterminio de predadores” se pretende eliminar o limitar las poblaciones de los predadores de forma previa a la reproducción de las especies cinegéticas, especialmente perdices y conejos, y del inicio de la temporada.




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