El paisaje de la provincia de Ciudad Real

Esta transformación, que ya se ha dado en otras provincias españolas, está empezando a corroer las sierras de Ciudad Real, sin que casi nadie haga nada por evitarlo. Muy pocas personas son conscientes del valor que tiene nuestro paisaje, ese paisaje al que estamos tan acostumbrados a ver, pero no a observar.

Como en tantas otras cosas, suelen ser los visitantes -además de “esos ecologistas de siempre”- los que hacen ver a la población local el gran valor que tiene nuestro paisaje. Y cuando ya hemos transformado tanto el resto del territorio, cuando ya hemos arrinconado la naturaleza a aquellos lugares “que no sirven para otra cosa”, ahora dejamos que nuestras sierras se conviertan en polígonos industriales; que así hay que denominar a los llamados parques eólicos.

Estamos viendo cómo una energía limpia se utiliza como pretexto para que unos cuantos accionistas, ya de por sí multimillonarios, se enriquezcan aún más destruyendo un bien colectivo como son las sierras.

Desde las asociaciones ecologistas hemos sido los primeros, desde hace muchos años, en defender las energías renovables. Hemos dado infinidad de charlas y cursos, redactado propuestas, informes, etc., etc., en los que tratábamos de impulsar y divulgar estas energías limpias. Pero llega este momento, en que los “instrumentos del sistema” descubren un enorme volumen de negocio en la energía eólica, y se ponen como locos a construir estos parques eólicos en casi todas las sierras de España, de una forma desmedida y gigantesca.

La eólica no es más que una herramienta para fabricar energía eléctrica. Pero como en tantos otros campos, esta herramienta puede ser bien utilizada o puede ser empleada de forma abusiva y destructiva. Y destructivos se pueden considerar a los numerosísimos proyectos que hay sobre la mesa, para construir estos parques eólicos en casi todas las sierras de Ciudad Real, como ya está ocurriendo en otras provincias de nuestro país.

Si no lo evitamos, pronto no habrá ningún rincón de la provincia desde el que no se divise una sierra llena de estos aerogeneradores.

Paralelamente seguiremos derrochando energía “a espuertas”. No es posible sacrificar nuestras sierras sin que se ponga de inmediato en marcha un plan nacional de ahorro y eficiencia energética. No es coherente destruir el paisaje con el argumento de las energías limpias, mientras se permite un derroche escandaloso en edificios públicos y privados, o se instalan miles y miles de farolas en las autovías.

La transformación de las sierras en polígonos industriales no puede hacerse sin medida ni control. Recordemos que las empresas eólicas han solicitado permiso para instalar parques eólicos en casi todas las sierras de España. Detrás de todo esto solo hay un argumento real: el enriquecimiento de los accionistas de las grandes empresas, que están a la caza de las subvenciones públicas.

Otro punto importante es el aspecto legal: a pesar de haber proyectos que afectan de forma continua a sierras enteras, se están tramitando de forma parcial para burlar la ley de Evaluación de Impacto Ambiental. Proyectos de parques eólicos de varios cientos de aerogeneradores en la misma sierra, y pertenecientes a la misma empresa, se están tramitando como pequeños parques independientes. Con este sencillo procedimiento, pero fraudulento, se consigue que no se tenga en cuenta algo tan importante como la cantidad de aerogeneradores y la extensión del polígono. Obviamente no es lo mismo el impacto ambiental de 30 aerogeneradores que de 300. Y esta trampa se hace con la plena complicidad de la administración regional, que salvo muy raras excepciones, autoriza todo lo que se solicita. Para el Gobierno regional de Castilla-La Mancha los Estudios de Impacto Ambiental son meros trámites administrativos.

Sirva como “botón de muestra” el caso del “Parque eólico Salvatierra”. Este proyecto salió inicialmente publicado en el DOCM con la declaración positiva, a pesar de que en la misma autorización se dan argumentos que impiden su construcción. Este parque eólico se pretendía construir en el volcán de mayor altura del Campo de Calatrava, la Atalaya, en las cercanías de Calzada de Calatrava. Esta zona tiene un indudable interés geológico, y además está habitada por águilas imperiales, cuyo plan de conservación impide la construcción de parques eólicos en sus áreas de dispersión. Es decir, se aprueba un proyecto, a pesar de que en la propia autorización se dan argumentos que impiden su aprobación.

Finalmente, es cierto que tras las alegaciones presentadas por Ecologistas en Acción, la Dirección General de Medio Ambiente dio marcha atrás, declarando inviable el proyecto, algo que hemos valorado muy positivamente.

Pero además, los polígonos eólicos no sólo degradan el paisaje, también se necesita construir una carretera (sin asfaltar pero carretera) hasta cada uno de los aerogeneradores. Estas carreteras deben ser muy amplias, compactadas y con las curvas con mucho radio, ya que deben pasar por ellas grúas de hasta 500 Tm., para montar cada aerogenerador. Estas carreteras se construyen en lo alto de las sierras, sierras que hasta ese momento permanecían “olvidadas” por el “desarrollo”.

Hay casos como el del parque eólico de la sierra de Moral de Calatrava, en el que se están construyendo estas carreteras por el trazado de vías pecuarias; vías pecuarias que para diseñar la Ruta de Don Quijote, el Gobierno Regional no permitió la construcción de un pequeño sendero, y en cambio sí permite la construcción de una carretera hacia los aerogeneradores. También, a veces, se permite -de forma “confusa”- la instalación de aerogeneradores en el trazado de una cañada real, para no ocuparle terreno al dueño de la finca aledaña, que en cambio sí recibirá la compensación económica.

Pero éstos son sólo dos casos entre muchos. El hecho es que, si no lo remediamos, en muy pocos años habremos dejado que los paisajes serranos de nuestra provincia cambien radicalmente, dejando de ser las sierras que hemos conocido desde pequeños, y pasen a ser enormes polígonos industriales.

Esos lazos invisibles que unen a las personas con su tierra, se dejan de lado cuando a esa tierra se le puede sacar un beneficio económico inmediato. Hay que pedir a concejales y alcaldes, que no se dejen deslumbrar por estas grandes corporaciones, empresas cuyo único lazo con esta tierra es exclusivamente el rendimiento económico que pueden extraer de ella.

Nuestro paisaje tiene un valor que va más allá de lo puramente monetario. Nuestro paisaje es parte de nosotros, es parte de nuestra historia, de nuestras raíces, y también de nuestro futuro. No debemos permitir que nuestras sierras, el último reducto de naturaleza que hemos dejado en la provincia, se vean transformadas en polígonos industriales.

Estamos tan embrutecidos por la sociedad moderna, tan envilecidos por el deseo del enriquecimiento rápido, nos puede tanto la avaricia, que no somos capaces de valorar ese paisaje, esa sierra que hemos visto siempre igual desde que éramos pequeños.

Cuando, en lugar de ver esa sierra natural, veamos una línea continua de varios miles de aerogeneradores, ya será demasiado tarde. Los accionistas de la empresa lo que verán será una caja registradora ingresando euros, pero los vecinos de esos pueblos lo que verán es un presente más feo y un futuro más alejado de sus raíces.




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